#8M: Huelga y movilización con eme de mujer

por Ximena Schinca

– El 8 de marzo vamos a parar todo. Vamos a parar en los lugares de trabajo. Y en las casas también vamos a parar. Y vamos a exigirle a nuestros los representantes sindicales que aseguren las condiciones para que todas podamos participar. Y si la CGT quiere movilizar el 7, que lo haga. Nosotras movilizamos el 8 también.

Conjurada a viva voz por una militante del Movimiento Evita, la arenga bien podría haberla agitado alguna de las representantes gremiales que esa tarde llegaron al edificio de la Mutual Sentimiento, o de las integrantes del Colectivo Ni Una Menos que promovieron el encuentro, o de las infatigables activistas de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito que estuvieron presentes en la asamblea abierta a metros de la estación Federico Lacroze.  

Sin dudas, el viernes 3 de febrero quedará inscripto en la historia del movimiento de mujeres porque ese día, mientras en los medios resonaba la amenaza de paro y movilización tantas veces anunciada por la CGT, cientos de mujeres auto-convocadas y organizadas decidieron (sin vacilaciones calculadoras) interpelar a los sindicatos y reclamarles que garanticen el derecho a huelga imprescindible para hacer realidad lo que empezó siendo un deseo: el Paro Internacional de Mujeres del 8 de marzo. 

–No responden, no nos atienden. Se hacen los boludos. Hay que trabajar fuerte para que nos escuchen. Instalar la propuesta en los espacios de trabajo porque nos siguen ignorando–, señaló Natalia Fontana, miembro de la Asociación Argentina de Aeronavegantes. 

– Nos están ma-tan-do. A ver si se entiende. ¿Qué vamos a esperar? No estamos pidiendo permiso. Estamos exigiendo nuestro derecho–, concluyó una trabajadora del sector financiero. Siguieron aplausos y la lectura de un texto urgente que María Pía López, fundadora del Colectivo Ni una Menos, escribió, modificó y leyó en la vorágine asamblearia:

– El movimiento de mujeres se pronuncia de modo unitario para exigir que no excluyan ni invisibilicen nuestras demandas. El recrudecimiento de la violencia machista debe ser combatido en todos los espacios y situaciones. Es un problema de todas y todos.

Una vez más, como en las asambleas previas al Paro Nacional de Mujeres del 19 de octubre, se estaba editando un nuevo capítulo de la historia argentina en clave feminista. No se trataba de una acción temeraria. Las dulces provocadoras ya lo sabían. No estaban solas.

La noche llegó al calor de la discusión y del verano porteño. La carta a las centrales sindicales sería revisada, acordada por las organizaciones presentes y difundida al otro día. Con sonrisa cómplice y canchera, Florencia Minici, escritora miembra de Ni Una Menos, tomó el megáfono y arengó a la tribu para cerrar la mística jornada cantando:

– Ahora que estamos juntas. Ahora que sí nos ven. Abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer.

Sobran los motivos

Este 8 de marzo será el primer día de nuestra nueva vida, señaló el llamamiento al paro que se realizará el  Día Internacional de la Mujer Trabajadora. El 22 de enero, el Colectivo Ni Una Menos difundió la convocatoria en un comunicado, pero la medida había surgido como expresión de deseo en las asambleas feministas que siguieron al paro nacional del 19 de octubre. Desde entonces y con el trabajo de diferentes organizaciones de mujeres, la idea fue tomando forma y ganando solidez en la agenda nacional e internacional de las organizaciones.

– He participado en el movimiento de mujeres por décadas. Hemos tenido discusiones intensas, debates de todo tipo. Ser parte de este momento es realmente movilizante para mí. Celebro este momento–, dijo emocionada Cristina Zurutuza, miembro de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Presente en la misma asamblea, Nina Brugo, otra referente feminista, brindó otro de los momentos emotivos de la jornada.

En la diversidad, con diferentes lenguajes, historias y recorridos, las asambleas feministas abrieron la escucha y el debate para inscribir la voz de las mujeres argentinas en las nuevas luchas sociales. Porque el 8 de marzo, las mujeres, lesbianas, trans y travestis tenemos motivos para movilizarnos contra la violencia machista en sus diferentes formas. Entre las razones que más se escucharon, resonaron:

Porque, en nuestro país, una mujer es asesinada cada 30 horas por el hecho de ser mujer; y cuando una víctima de violencia pide ayuda, no recibe respuesta.

Porque, en un contexto de ajuste y despidos, nuestra autonomía económica está más amenazada.

Porque las mujeres hacemos el 76% del trabajo no remunerado en nuestras casas, y la brecha salarial entre hombres y mujeres es del 27%.

Porque se necesitan más jardines maternales y extender las licencias por maternidad y paternidad para garantizar el cuidado de niños y niñas.

Porque el aborto seguro, legal y gratuito es una deuda de la democracia.

Al cierre de esta edición, más de un centenar de organizaciones habían adherido a la medida en Argentina, y más de 30 países se habían sumado al movimiento de base denominado Paro Internacional de Mujeres (PIM). En tanto, las centrales obreras nacionales manifestaron un tímido apoyo a través de declaraciones a los medios de comunicación. Por su parte, en un spot de campaña para el #8M, lejos de rencillas sindicales, intrépida y sonriente, Estela de Carlotto lanzaba: “Nosotras nos organizamos para cambiarlo todo”.

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