#8M: Paramos porque queremos

#8M: Paramos porque queremos

Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos donde el agua de nuestros ojos se hace lodo; arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos, de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.
Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres. Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde. El jardín del que nos expulsaron.

(Gioconda Belli, 8 de marzo de 2007)

por Ximena Schinca

El próximo 8 de marzo, el mundo amanecerá, con pelo largo, en otro Día (curvo) Internacional de la Mujer Trabajadora. Pero para este 2017, las mujeres del mundo organizamos una celebración sin fronteras, un aquelarre combativo que empezó como un tímido deseo y se fue cocinando al fuego lento de las asambleas feministas y los encuentros auto-convocados. Sorteando los narcóticos paliativos del patriarcado que nos reserva flores, bombones o quizás un beso una vez al año; las brujas nos reunimos para hacer realidad un deseo potente y ofrendarnos un Paro Internacional de Mujeres como expresión contundente contra las opresiones de la violencia machista que nos sojuzga todos los días. La fiesta irreverente promete dejar huellas en la historia de las pueblas, como ya se recuerda el 19 de octubre de 2016 cuando cientos de miles de argentinas bailaron bajo la lluvia al ritmo de ¡abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer! ¡Ni una menos, vivas nos queremos!

El año 2016 gestó también un movimiento de base formado por mujeres de casi treinta países. Al Paro Internacional de Mujeres (PIM) –como se conoce a la organización–, no le faltaron activas inspiradoras. Desde las movilizaciones masivas bajo la consigna Ni Una Menos en Argentina, al paro de las polacas para frenar el plan de criminalización del aborto; desde las protestas en Corea contra la introducción de penas a quienes realizan abortos, a la Marcha de Mujeres en Washington contra la ofensiva misógina del presidente Donald Trump; los movimientos de mujeres se posicionan a la vanguardia de la resistencia contra la avanzada neoconservadora en el mundo. 

En nuestros trabajos y en nuestras casas, por unas horas o a tiempo completo, un número de mujeres (incalculable aunque se habla de millones) haremos huelga para manifestarnos contra el ahogo patriarcal que  nos asfixia cotidianamente. Se trata de una medida contestaria, una respuesta vital contra esa violencia mortífera que nos juzga por nuestro modo de vestir y también cuando nos desvestimos; la misma que nos restringe nuestras potencialidades laborales ante una eventual maternidad y nos encarcela si abortamos espontánea o voluntariamente; la que desoye nuestras denuncias dejándonos desprotegidas ante nuestros agresores y nos controla y castiga por llevar nuestros cuerpos con libertad. Desobedientes e insumisas, contra los mandatos patriarcales y por defensa de nuestras vidas, el próximo 8 de marzo, nos sobran los motivos para parar la Tierra.

Porque, sólo en Argentina, dos de cada diez mujeres asesinadas habían presentado denuncias por violencia de género y no recibieron respuesta; y mientras una mujer es asesinada cada 30 horas por el hecho de ser mujer, el presupuesto destinado a implementar el plan contra la violencia es miserable y desmiente cualquier intención de erradicar los femicidios. Porque, en un contexto de ajuste y despidos, nuestra autonomía económica está más amenazada, en tanto el desempleo afecta a las mujeres en mayor medida. Porque las mujeres hacemos el 76% del trabajo no remunerado en nuestras casas, y la brecha salarial entre hombres y mujeres es del 27% promedio.

Porque se necesitan más jardines maternales y extender las licencias por maternidad y paternidad para garantizar el cuidado de niños y niñas. Porque el aborto seguro, legal y gratuito es una deuda de la democracia,  el aborto clandestino sigue siendo la primera causa de muerte de mujeres gestantes, y a diez años de sancionada la ley no se garantiza la educación sexual integral para niños, niñas y adolescentes. Porque el 100% de las víctimas de explotación sexual de menores son niñas y adolescentes. Porque éstos son sólo algunos de los motivos, el próximo 8 de marzo se impone el deseo:

                                                        – Nosotras paramos y que la Tierra se mueva. 

 

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