Cine mudo argentino. El libro

El libro “Cine mudo argentino” (1886-1932) de Fernando Luis San Martín, -realizador cinematográfico, docente de fotografía y medios audiovisuales-conforma una exhaustiva crónica de esa parte de nuestra historia.

“La finalidad de este libro es la de hacer comprender, los aspectos sociales e históricos que ha perpetuado a la Cinematografía Argentina; especificando cronológicamente los nombres de los más destacados hombres que ejercieron esta loable actividad; desde luego mencionando las diversas facetas artísticas, comerciales e institucionales que de ella surgieron, desarrollando algunas ideas generales en torno a las producciones y sus hacedores, que nos permita entender mejor su ubicación en el contexto del cine”, señala su autor.
Efectivamente, la producción cinematográfica nacional, de ese primer período de nuestra historia, fue más significativa que en muchos países Latinoamericanos. Sin embargo la protección y preservación de ese patrimonio audiovisual es aún una asignatura pendiente. “En la actualidad hubo aportes significativos como los llevados a cabo por la Cinemateca Nacional, el Museo del Cine, el Archivo General de la Nación, el Instituto Nacional del Cine y varios actores del ámbito de la investigación, coleccionistas y archivistas de fondos fílmicos, recuperando así varios films impresos en base de nitrato, lo cual los hace totalmente inestables y frágiles, otros en reducciones a 16 mm, que perdieron los virados originales a distintos colores, como era usual filmarse en el cine de la época; otros con faltantes de títulos e intertítulos, o poco legibles, los cuales debieron reconstruirse, al igual que antiguos discos de pasta, frágiles que reproducían las voces y los tangos de entonces. Pero es imposible no aludir a la sistemática destrucción que ha sufrido nuestra cinematografía del período silente, sólo sobreviven un penoso 10% de aquellos originarios films”, señala San Martín.


El cine nacional tiene su punto de origen marcado en el tiempo hace muchos años, ciento veinte aproximadamente. Entonces hubo hombres inquietos, bohemios, artistas teatrales, que llevados por un entusiasmo eminentemente artístico, encararon la labor cinematográfica disponiendo sólo de elementos técnicos precarios en extremo, y de conocimientos extraídos por observación de las muestras fílmicas de procedencia extranjera. Sin experiencias y sin esperanzas firmes de éxito, únicamente animados por un propósito noble y desinteresado de establecer las bases de lo que hoy hemos conocido como “industria nacional”, arrastraron la responsabilidad artística y económica de producir films.
“Fue durante el período del cine mudo nacional, tal vez, la época más argentina que se haya registrado en nuestro cine; pero desconocido, aún en su propio país, salvo algunos títulos o personajes que traspasaron la barrera de lo nacional, para ubicarse entre los “adelantados” de géneros, extensiones fílmicas, o producciones internacionales. Nuestros primeros camarógrafos y cineastas pertenecían a la gran masa de inmigrantes europeos residentes en el país, el alemán Federico Figner y el francés Eugenio Py, como así también el primer film argumental, “La Revolución de Mayo” (1909), al igual que los títulos siguientes, contenían un fuerte discurso de la nacionalidad, asumida por la dirección y producción de dos inmigrantes, el italiano Mario Gallo y el español Julián de Ajuria; otras curiosidades nos revelan el pionerismo en el género pornográfico con el film “El sartorio” (1907) y la animación con “El Apóstol” (1917); otro film único por las condiciones de su realización, es el título “Amalia” (1914), encargado y protagonizado por una sociedad de beneficencia; o el film “El último malón” (1918), que el rosarino Alcides Greca filmara cuatro años antes que el director Robert Flaherty estrenara “Nanook, El esquimal”, anticipándose a lo que se denominara cine documental y de ficción; al igual que la adelantada dirección femenina en la cinematografía con el título: “El pañuelo de Clarita” (1919), son algunos de los ejemplos que hallaremos en este libro, y que sitúa a la producción silente nacional a un nivel universal sin precedentes”, asevera el autor del libro.


“Cine mudo argentino (1986-1932), lleva como subtítulo: los pioneros de nuestro cine silente. Las producciones de ficción. Las primeras salas cinematográficas. Los noticieros. Sus protagonistas., fue editado de modo en GRÁFICA LAIGLON y está ilustrado con fotogramas de los films del período investigado”.

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