Del reclamo por las ocho horas a la masacre de Plaza Lorea

Del reclamo por las ocho horas a la masacre de Plaza Lorea

por Rodolfo Colángelo

El comienzo de las luchas obreras en la Argentina reconoce dos hitos fundantes que dieron formas orgánicas a los reclamos y abrieron el camino a la formación de sindicatos con un peso determinante de anarquistas en sus primeras etapas: el primer acto un 1º de Mayo para honrar a los Mártires de Chicago en el Prado Español y la masacre de Plaza Lorea.
Siguiendo los lineamientos de la Internacional Socialista, el 1º de mayo de 1890 se realizaron actos en el Prado Español de Buenos Aires, en Rosario, Bahía Blanca y Chivilcoy teniendo como bandera las 8 horas de trabajo.
En ese encuentro se aprobó un manifiesto que decía lo siguiente: “El pueblo trabajador de la Argentina, levanta por primera vez su potente voz compuesta de millares de desheredados, en demanda de la protección legislativa al trabajo y a los obreros. Unámonos al fin, levantemos en masa nuestra voz. Esta petición debe ser el primer paso eficaz en la unión de nuestras fuerzas”.
Miles de obreros suscribieron un petitorio que fue elevado al Congreso Nacional que establecía doce puntos: Jornada de 8 horas; prohibición del trabajo de los menores de 14 años; abolición del trabajo nocturno; prohibición del trabajo para la mujer si éste afectaba su salud.
También abolición del trabajo nocturno para mujeres y menores de 18 años; descanso no interrumpido para todos los trabajadores de 36 horas semanales; prohibición de trabajos y sistemas de fabricación perjudiciales para la salud; prohibición del trabajo a destajo o por subasta; inspección de los talleres y fábricas por delegados remunerados por el Estado.
Además, inspección sanitaria de las habitaciones, vigilancia sobre la fabricación y venta de bebidas y alimentos, castigando a los falsificadores; seguro obligatorio para los obreros contra los accidentes a cargo exclusivo de los empresarios y el Estado y creación de tribunales integrados por obreros y patronos para la solución de los conflictos.
Poco después fue creado la Federación de Trabajadores de la Región Argentina (FORA) que se constituyó en la primera central obrera de América latina que comenzó a editar el periódico El Obrero, dirigido por Germán Lallemant.
El petitorio de los trabajadores no fue tenido en cuenta por el Congreso hasta que asumió una banca de diputado en 1904 el socialista Alfredo Palacios que impulsó leyes clave en favor de la clase obrera.
Las luchas de la clase obrera tendrían su bautismo de fuego el 1º de Mayo de 1909, cuando 2000 personas (entre hombres, mujeres y niños) conmemoraban el Día del Trabajador en Plaza Lorea.
El jefe de la Policía, Ramón L. Falcón, que se encontraba junto a sus efectivos “custodiando” el acto, ordenó una carga de fusilería contra la multitud.
Era la respuesta de la oligarquía al “peligro ácrata, extranjero y judaico” que dejó 14 muertos y 80 heridos. Los locales sindicales fueron cerrados y encarcelados cientos de dirigentes anarquistas, el gobierno de Figueroa Alcorta decretó el estado de sitio y fueron expulsados del país numerosos gremialistas italianos, polacos, alemanes y españoles.
La FORA y la UGT socialista lanzaron la huelga general que tuvo un alto acatamiento a nivel nacional, sobre todo en la ciudad de Buenos Aires, durante una semana.
El 15 de noviembre de 1909, un anarquista de 17 años, Simón Radowitzky, atacó con una bomba a Falcón causándole la muerte.

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