Opinión

Democracia: Instrucciones para su uso

por: Rafael Gómez

 

Hace casi dos años de las últimas elecciones legislativas, escribí una nota titulada El Circo Electoral. Las próximas elecciones de junio y octubre sucederán sin cambios esenciales en la estructura del poder. Además, las propuestas o mentiras –igual que las caras de muchos de los candidatos- siguen siendo las mismas. De modo que vale la pena volver a examinar el asunto. Una de las imágenes de la nota anterior era que al acabar los comicios el circo mediático de las campañas se transformaba en un cerco. Terminado el espectáculo de la contienda electoral, las osas, los tigres, los magos, las equilibristas, las hienas, los perros, los payasos, los pingüinos, las monas, los sapos, los enanos, las gordas, los transformistas, los charlatanes e iluminados, que antes nos respetaban y entretenían con ilusiones, promesas, mundos igualitarios, sensibilidad social, estados de bienestar y malabarismos económicos -compitiendo entre ellos en generosidad y convicciones, seducciones y monerías-, tienden entre el malestar y el bienestar, entre nosotros y ellos: un cerco. El cerco no es ninguna metáfora. Es exclusión. Vivimos –al menos el 80% de la población- en los márgenes de una sociedad opulenta que nos excluye. Barrios cerrados, countries , torres como countries en propiedad horizontal, cercas en los edificios públicos. Trabajo –si lo hay- precario o enajenado. Sistema de salud colapsado. Corralitos financieros. Inflación. Educación diferenciada para ricos y pobres (Ver entrevista a Susana Vior). Un cerco nos separa del futuro promisorio insinuado en el espectáculo mediático electoral. Y es la clase política amparada en la legitimidad del voto quien construye y seguirá construyendo ese cerco. ¡Votamos para que nos pongan barreras! ¿Cómo funciona el sistema? La carpa del circo es la democracia representativa; léase, el poder del pueblo a través de sus representantes. Muy bien. ¿Pero surgen los representantes del poder del pueblo? Amable lector o lectora, ¿quién cree usted que eligió a los candidatos a jefe de gobierno, vice, y legisladores de la Ciudad en la próxima elección del 3 de junio? No fue el pueblo, se lo puedo asegurar. Los nombres de los candidatos son productos de roscas partidarias, corporativas, y negociados que muy poco tienen que ver con los intereses de los ciudadanos. Ese es el primer fraude a la democracia representativa. Hay un segundo fraude. ¿Cómo se hace para imponer estos candidatos, es decir, para que la gente los vote? Se monta el circo, claro. ¿Pero, además de la fantasía del espectáculo, qué hay entre bambalinas? Sondeos de las empresas encuestadoras, que sirven para fabricar las imágenes de los candidatos, montañas de dinero y compromisos para ocupar espacios en los medios, pactos secretos entre los contendientes, dramaturgos y escenógrafos. ¿Es esto el poder del pueblo o la manipulación del pueblo? Y hay un tercer fraude. El clientelismo, propio del aparato partidario. El voto por dinero, electrodomésticos, planes sociales, o alguna ventaja concreta. En estos tres fraudes –y algunos otros- se basa la legitimidad que tanto ufana a nuestros “representantes”. Y, legitimidad de por medio, nuestros gobernantes devuelven “favores”, transan con empresas (Ver la nota “Acerca de caños, cables y paquetes” ), arman negociados, aumentan las diferencias entre ricos y pobres... O sea: tienden el cerco. Así funciona el sistema. ¿Qué se puede hacer entonces? Se lo pregunto a usted y me lo pregunto a mí mismo. Creo que la respuesta sana debiera ser: construir una democracia verdadera. ¿Y cómo se hace eso? No sabemos. Lo que sí sabemos es lo que no queremos. Y no queremos –supongo que usted estará de acuerdo- en cargar con una clase política parasitaria que nos cerca la vida. Saber lo que no se quiere es el mejor comienzo para construir lo que queremos. Si no queremos a los políticos, no los votemos. Eso ya es empezar a andar por un camino mejor. No crea usted que los necesitamos, ellos nos necesitan a nosotros. El circo nos propone el conformismo. El “Esto es lo que hay...”. ¡Cómo esto es lo que hay! Si esto es lo que hay, entonces hagamos algo mejor; o acaso hemos llegado al cenit de la humanidad, al punto más alto de la evolución del hombre. ¿Ya hemos alcanzado nuestros sueños? ¿Vemos la felicidad dispersa en las calles? Otro desprendimiento del conformismo es: “La doctrina del mal menor”. Esta doctrina, anclada en lo más siniestro del sistema que es la dominación por el miedo y la ignorancia, ha hecho estragos. “Vote al menos malo”. En realidad el mensaje es “Vote”, no importa a quien. Si usted vota el circo continua. Los políticos rotan en sus cargos y el cerco crece. ¿Qué puede hacer? Diga no. No los vote. Será el mejor comienzo para construir una democracia de verdad.

La doctrina del mal menor

Todo el mundo me dice que tengo que elegir entre A y B. A me jura que me sacará los ojos. B me asegura que sólo me sacará uno. Yo pienso: "Con un ojo todavía puedo ver". Elijo a B y me quedo tuerto. Más tarde, nuevamente debo elegir entre A y B. A promete sacarme el ojo que me queda y arrancarme además la lengua. B, siempre más moderado, me tranquiliza diciéndome que sólo me sacará el ojo que antes me había perdonado. Reflexiono: "Me quedo ciego, pero por lo menos aún podré hablar". Elijo a B. Sucesivas elecciones terminan con el resultado que se puede prever: ni ojos, ni lengua, ni manos... Lo gracioso del caso es que mi elección ha sido siempre, no sólo legítima, sino verdaderamente racional y razonable. Sin embargo con esas elecciones "serias", "inteligentes", y "realistas" me quedé manco, ciego y mudo. ¿Pude hacer otra cosa? Siempre que alguien me recomendó participar en grupos o asambleas vecinales, integrar redes solidarias, juntarme con otros para tratar de resolver un problema concreto del barrio, y no resignarme a elegir entre A y B lo miré (antes de perder mis ojos) y le dije (mientras tuve lengua): "Es muy lindo lo que decís, pero..." o "¡Dejáte de joder con esos utopismos, esto es la vida real!" o "¿Sabés lo que pasa?, si no elegís le estás haciendo el juego a A." o "Crecé, pibe. Aceptá al mundo como es y sé adulto". Ahora estoy escribiendo esto con mi pie derecho. Dicen que en la próxima elección A promete sacarme las piernas. B también promete sacarme las piernas, pero a cambio me regalará unos botines. ¿Será así la democracia representativa que tenemos?; como los botines, digo.

VECINOS MEMORIOSOS

EL CIRCO ELECTORAL

Por Rafael Gómez

Del latín circus , círculo, cerco, el circo era un espectáculo de la antigua Roma, fantástico, muchas veces sangriento, ofrecido por la clase política para entretener al pueblo. Ni el entretenimiento ni el ofrecimiento eran inocentes. Se procuraba mediante los espectáculos distraer y descargar la agresividad del pueblo. Es decir, el circo servía para tapar problemas sociales y evitar reclamos e insurrecciones.

Actualmente, el circo romano se recrea y afina en sus propósitos tomando distintas formas: fútbol, mega-recitales, cine de Hollywood o similar, talk shows, reality shows, culebrones, periodismo catástrofe, series violentas, concursos, sorteos, payasos, sexo, programas diversos de la televisión y demás medios. Las variantes del circus son muchísimas pero todas coinciden en lo esencial: sostener un sistema político determinado sublimando o cercando las acciones adversas y oscureciendo o cercando el pensamiento crítico. C ircus también significa cerco.

En nuestro país, donde la mayor parte de la población no tiene cubiertas las necesidades económicas y culturales básicas, la supervivencia del sistema depende de la contención. Y el entretenimiento es más barato y eficaz que la represión. De modo que los circos crecen entre nosotros por todas partes, nos invaden y neutralizan. ¿Cuáles son esos circos? Mencionaré sólo algunos nombres: Tinelli y Pergolini, Los Roldán, Los Simpson, Maradona, Live 8, Mirtha Legrand, Moria Casán, Luciana Salazar, Walt Disney, los premios Oscar y Martín Fierro, Steven Spielberg, Chiche Gelburg, Nito Artaza, Radio 10, Majul, Mariano Grondona, Susana Gímenez, Nacha Guevara… 1

Volviendo a la primera acepción de circus , cerco, hay ejemplos materiales y evidentes de esto: son las cercas, los vallados permanentes tendidos alrededor de la Casa Rosada, el Congreso Nacional, la Casa de Gobierno de la Ciudad, el Palacio de la Legislatura de la Ciudad, y otros edificios públicos. ¿Estamos en guerra? ¿Hay amenazas de ataques multitudinarios, insurrección o revolución? No sé. Lo cierto es que las vallas están, y además la policía, la gendarmería, los tanques, las motos, las armas, la guardia de infantería. La clase política se refugia y aísla de los que son, al menos en teoría, sus propios representados. Y las vallas no son sólo esas. ¿Cuáles otras? Amable lector o lectora, si usted no pertenece a la clase política le propongo esto: intente, solitaria y humildemente, comunicarse con un legislador, cualquiera, el que le caiga más en gracia. Usted sentirá las otras vallas. Inténtelo de nuevo, motivos no han de faltarle. Tendrá mucha suerte si una secretaria del personaje le contesta un mail . Inténtelo otra vez pero no se canse. El aislamiento no es solamente de los legisladores abarca a toda la clase política. Si usted no es amigo, recomendado, puntero o acreedor de favores, si usted no aparece en los grandes medios, no tiene gente detrás susceptible de convertirse en cliente, o no propone negocios, cohechos o estipendios, usted está afuera. Y para eso están las vallas, el cerco, para no dejarlo entrar.

La clase política tiende cercos para separar a las personas de sus propios intereses y poder controlar así a las personas y a los intereses . Estos intereses pueden ser sociales o particulares. Un ejemplo de esto fue el corralito financiero tendido por la clase política y los banqueros durante el 2001 y 2002, que separó a las personas de sus ahorros. Otro ejemplo es el cerco de la pobreza, que ha crecido sin interrupción desde los últimos cuarenta años gracias a la clase política, los banqueros, y las corporaciones. 2 Este cerco, aún más extenso que el anterior, excluye y empuja a millones de personas llevándolas hasta el margen de la sociedad. Separándolas de la riqueza, de sus derechos, 3 y de su identidad social.

Circus , según queda dicho, significa cerco y también significa espectáculo de distracción, contención y oscurecimiento. Nuestra clase política cumple la horrible tarea de dar lugar a las dos acepciones. Efectivamente, la segunda acepción, el espectáculo, es particularmente notable en estos días previos a los comicios. La clase política consulta libretistas, estadísticas, analistas de opinión pública, asesores de imagen, vestuaristas, se maquilla, se implanta botoxs , peluquines, siliconas, se hace lipo-aspiraciones, arreglos dentales, y sale con su sonrisa farandulera al ruedo de los medios masivos de comunicación.

El espectáculo resulta una variante del circo romano donde la misma clase política interpreta a los payasos, las fieras y los gladiadores. El público, sin tocar ni acercarse mucho, puede seguir las luchas desde la televisión, la radio, los diarios y las revistas. Se trata de zaherir, insultar, desmoronar, poner en ridículo, denunciar, estigmatizarse entre ellos. Y el público en general disfruta del espectáculo, no porque está bien hecho sino porque desprecia a los políticos. 4 Lo siniestro es que los políticos lo saben, y precisamente por eso montan las luchas: para manejar ese desprecio, concentrarlo en unos, rebajarlo en otros… Y dar entonces lugar a los argumentos falsos de votar al menos malo, elegir el mal menor porque esto es lo que hay, porque así es la democracia…y bla, bla, bla, bla. Hasta que llegan los comicios. La función tiene siempre el mismo final. Algunos son elegidos. Los payasos, las fieras y los gladiadores, ganadores y perdedores festejan, se abrazan entre bambalinas, abandonan sus luchas de cartón, y avanzan contra el público.

Ese público somos nosotros. ¿Por qué cada dos o cuatro años nos sacrificamos en ese espectáculo? La carpa del circo electoral es la democracia representativa . Pero la democracia, en el mejor de los casos, es sólo electoral. Y la clase política, lejos de representarnos, parece un pulpo monstruoso que avanza contra nosotros. ¿Por qué validar este sistema? Revisemos los argumentos que esparcen los mismos políticos: Votar al menos malo. ¿Qué quiere decir elegir el mal menor? ¿Elegir una hiena o un gladiador en vez de un tigre? ¿Perder una mano en lugar de un brazo? Nunca se debe elegir el mal, ni mayor ni menor. Es lo que hay… nos advierten. Pues si eso es lo que hay no elegimos, hay que hacer otra cosa. Hay que imaginar otra cosa. Un argumento cínico y conformista, que revierte las culpas, es el siguiente: La clase política no nació de un repollo. Es cierto, pero los delincuentes y los criminales tampoco. La clase política no está presa porque hace las leyes . Otro argumento, que da un poco de vergüenza ajena porque viene casi gateando de la mano de John Wayne y Bruce Willis, es: Pero alguno o algunos debe haber… Alguien con ética, capacidad, valentía (una especie de salvador, cruzado, héroe de Hollywood). No existen en la clase política estos personajes, y si existen las máquinas partidarias los despedazan antes de que crezcan. El problema es que los partidos políticos son estructuralmente corruptos, tienen códigos mafiosos. Son aparatos electorales movidos a fuerza de clientelismo y negocios tras un objetivo único: el poder. 5

¿Qué hacer? No lo sé con exactitud. Pero creo que ir por fuera de los partidos políticos y crear entidades barriales autónomas, de carácter horizontal, participativo, donde se construya con el otro y no sobre el otro, sería un buen comienzo para hacer una democracia participativa y desprendernos de esta carpa que nos va matando. Porque nadie vendrá a salvarnos. Nadie creará un mundo mejor para nosotros y mucho menos la clase política. Nos toca hacerlo a nosotros o esperar el final enajenados frente al televisor, o refugiados en la resignación o el cinismo. Hay que animarse. La creación es un trabajo maravilloso emparentado con la vida.

En su última novela, 6 José Saramago cuenta la historia de una ciudad que se desprende de su clase política y toma las riendas de su propio destino. No hay violencia. Ocurre sencillamente que la mayoría de los ciudadanos votan en blanco. Cuando el Gobierno, atribuyendo los resultados a un temporal, repite los comicios resulta que la cantidad de votos en blanco es abrumadora. A partir de esto se genera organización y solidaridad. Saramago dota a sus personajes de un rasgo esencial y muy valioso: la lucidez.

1No se trata en esta pequeña lista de denostar o equiparar los trabajos o habilidades de los mencionados sino de ejemplificar distintas expresiones del circus

2 Ver en el VAS N°3 la nota “Vivir en el margen de una sociedad que te mata” (Parte I)

3 Derechos Humanos básicos (alimentación, salud, vivienda, educación). Ver en este mismo ejemplar la entrevista a Adolfo Pérez Esquivel.

4 E ntiéndase políticos asimilados a los partidos políticos.

5 Se profundiza en esto en el VAS N°5 en la nota “Vivir en margen de una sociedad que te mata” (Parte II).

6 Ensayo sobre la Lucidez, Ed. Alfaguara.





 

 


















 
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