Estado Mental Alterado

  Nietzsche interpreta a Macri

por Agustina Paz Frontera

“Una cosa es el pensamiento, otra la acción y otra la imagen de la acción”, dice Zaratustra en el discurso “Del criminal pálido”.

Una cosa es el pensamiento. En el año 2000 la legislatura porteña aprobó la ley 470/2000 que creaba la Corporación Buenos Aires Sur, una empresa que debía poner en valor la zona sur de la Ciudad. Dos pensamientos guiaban a los legisladores: generar un negocio y equilibrar, igualar el Norte con el Sur. En diciembre del 2012, en una fecha fundante para nuestra historia, el 20 de diciembre, la legislatura aprobó la venta del edificio del ex Mercado del Plata (ese edificio inmenso sobre Pellegrini que hace unos meses amaneció cubierto con la foto del nuevo Papa) para que con los fondos obtenidos se levante en Barracas el nuevo Centro Cívico, ideado por el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri. La firma de este proyecto fue denunciada como parte del llamado Pacto Pro-k (sólo durante 2012, ambos bloques votaron juntos en más del 90% de las leyes que fueron sancionadas), el argumento es que si bien los diputados de la oposición, entre ellos María Elena Naddeo, Juan Cabandié y Alejandro Bodart, reclamaron incluir en la norma que el emprendimiento exceptuaría los terrenos del Borda, nada quedó asentando al respecto.

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En la versión taquigráfica de la sesión del 20 de diciembre sí quedó registrado que varios de los diputados macristas expresaron su compromiso de que no se iba a tocar el predio del Hospital Borda. Los kirchneristas pensaron que el jefe del bloque macrista, Fernando De Andreis y el vicepresidente primero de la Legislatura, Cristian Ritondo, mantendrían su palabra de que “El Centro Cívico no se construirá en el Hospital Borda, sino en los terrenos aledaños que pertenecen a la Ciudad de Buenos Aires”, entonces firmaron el proyecto, esperando que los macristas, como retribución, aprobaran proyectos del bloque K, que también incluían negocios inmobiliarios.

Pero ya lo dijo Zaratustra: “Una cosa es el pensamiento, otra la acción, y otra la imagen de la acción. La rueda de la causalidad no gira entre ellas”.

Otra cosa es la acción. Desde la Policía Metropolitana aseguraron que cuando el 26 de abril llegaron al Borda los grupos de infantería DOEM (División de Operaciones Especiales de la Metropolitana), alrededor de las 5:30 de la mañana, el predio del Taller Protegido 19 estaba vacío. Dijeron que inmediatamente, un grupo de médicos y pacientes comenzó a aproximarse al lugar. El objetivo de los cerca de 300 policías era custodiar la demolición del Taller para liberar la zona y poder comenzar a construir. El Centro Cívico ocuparía la cancha de fútbol aledaña al taller y parte del parque hasta el Centro cultural.

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Hay un antecedente directo de esta maniobra, cuenta a Politicaargentina.com Marcelo Piccininni, jefe de Departamento del taller 19: “El 7 de agosto del 2012 vino una empresa privada junto a un funcionario del GCBA que se situaron en sector de la cancha de fútbol a realizar estudios del suelo y mediciones para iniciar la obra del Centro Cívico. En ese momento se encontraba gente de la comisión interna tanto del Borda como de los talleres protegidos, quienes les explicaron que la gente del Hospital había votado masivamente en una asamblea que no estaba de acuerdo con la obra. Se retiraron sin problemas (…) Al día siguiente, me encontré con un vallado en todo el perímetro, un móvil de la Policía Metropolitana y gente de la empresa dentro del predio realizando trabajos. De a poco se acercaron varias personas del Hospital hasta que derribamos el vallado para ingresar al taller y custodiar el patrimonio. Cuando estábamos adentro, llegaron seis patrulleros de la Metropolitana, dos camiones de criminalística, dos de infantería, policías en moto y en bicicleta para rodear el lugar. Luego nos enteramos de que habían realizado el vallado del perímetro de forma ilegal, ingresando a las 4:30 de la mañana por el portón trasero rompiendo un candado”.

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Más adelante, en enero, el conflicto parecía inclinarse para el lado de quienes defendían el patrimonio del Borda, el tono esperanzado hoy hiela la sangre, la Comisión Interna de Talleres protegidos decía en un comunicado: “La última batalla lograda en favor de nuestra lucha fue el miércoles 16 de enero cuando la jueza Elena Liberatori accedió a una petición de medida cautelar autosatisfactiva presentada para la reapertura del taller intrahospitalario 19. Se comienza así a cerrar una situación que nunca debió haber ocurrido. Volvemos a tener un servicio de salud pública a disposición de pacientes del Hospital Borda. Porque eso es lo que está en juego, compañeros, una salud de calidad para los pocos que la puedan pagar o una salud pública, gratuita y solidaria al servicio de los más pobres o desprotegidos. Decimos que a este conflicto le falta la batalla final, cuando desde el macrismo se termine por asumir de que no puede contra la voluntad del pueblo”.

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 “Una imagen puso pálido a ese pálido hombre”, dice Zaratustra.

¿Alguien en su sano juicio puede pensar que el macrismo, en condiciones atmosféricas estables, podría asumir que no puede contra la voluntad del pueblo? ¿Alguna vez la derecha asumió que no puede? El pálido hombre decidió pasar del pensamiento a la acción. Según consta en el semanario Miradas al Sur del 28 de abril, Macri dio la orden de reprimir, él “supervisaba personalmente las operaciones y se comunicaba directamente con el jefe de la Metropolitana, Horacio Giménez”.

Macri ordenó el operativo que barrió con la resistencia de activistas, médicos, pacientes; pasó a la acción y le dijo a los G.I. Joe (Ground Infantery, Joe) que fueran todo lo muñecoscriminales que quisieran y apuntaran y dispararan con sus balas de goma a los que resistieran, que dispararan aunque el objetivo estuviera más cerca de lo permitido en los protocolos, aunque fueran mujeres, médicos, periodistas, enfermos. La onda era ganar, que nadie se creyera eso de que Macri alguna vez podría asumir que no puede contra la voluntad del pueblo.

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Mientras ocurría la represión se logró demoler el taller, como saldo hubo más de 50 heridos y 10 detenidos. Y todo esto ocurrió aunque estuviera vigente la cautelar que impedía la demolición del taller, según resolvió la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Nº 2.

 “Cuando realizó su acción él estaba a la altura de ella: mas no soportó la imagen de su acción, una vez cometida”, dice Zaratustra.

Cuando Macri vio la imagen de su acción en la tele, no la soportó. Él sabe muy bien que muchos de sus electores aprueban la violencia contra los que impiden el progreso y los negocios, que sus electores no se despeinan demasiado si corren a otro lado a los enfermos, mejor aún, a los enfermos pobres. Pero la acción y la imagen de la acción son dos cosas diferentes y el hombre pálido sucumbió.

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“Desde aquel momento, se vio siempre como autor de una sola acción”, dice Zaratustra.

Macri se vio solamente como autor de aquel pensamiento de progreso, de orden, de beneficio para todos, que viene arrastrándose desde el 2000: “Estamos convencidos de que la construcción del Centro Cívico en Barracas es bueno para los vecinos”, dijo el 26 de abril desde su cuenta de Twitter mientras su equipo estaba en conferencia de prensa. Luego él mismo contestó preguntas, escoltado por su vicejefa María Eugenia Vidal y el Ministro de Justicia y Seguridad Guillermo Montenegro (quien se definiría como responsable político del accionar policial en el Borda). Allí el hombre pálido, reflexivo, se preguntaba: “¿Como sociedad, eternamente vamos a pensar que es normal que a los policías se les tire piedras? ¿Qué nos pasa a los argentinos?”. Y luego: “No podemos ceder a esta violencia”.

 “Demencia llamo yo a eso: la excepción se invirtió, convirtiéndose para él en la esencia. (…) El golpe dado por el criminal hechizó su pobre razón. Demencia después de la acción, llamo yo a eso”, dice Zaratustra.

“Existe todavía otra demencia: la de antes de la acción. ¡Ay, no habéis penetrado profundamente en esa alma! (…) ¿Por qué este criminal asesinó? Porque quería robar”.

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Quería robar, el demente vuelve regla la excepción para poder robar, si la policía debe defender a la comunidad, la excepción es que la lastime. Macriminal, hombre pálido, asume esa inversión. Entre hospitales, centros de atención comunitaria, de salud mental, etcétera, hay 84 centros de salud públicos, mientras que el sistema privado tiene sólo dentro de la Ciudad más de 1.600 instituciones. Aún así el proyecto del PRO era y es demoler el Borda, el Moyano y el Tobar García y construir allí una ciudadela para el Gobierno. Esa es su demencia antes de la acción, tan solo imaginar que era una buena política destruir hospitales públicos. Pero hay una explicación. El ministro de Desarrollo Urbano porteño, Daniel Chaín, había precisado en el decreto 121/12 que el futuro edificio ocuparía 50 mil metros cuadrados y costaría unos 271 millones de pesos. Se desprende que, como consecuencia de semejante obra, se revalorizaría el metro cuadrado del sector más humilde de la Capital Federal. Luego, a partir del decreto 400/12 de agosto se determinó que el presupuesto de la obra “Construcción de los edificios del Nuevo Distrito Gubernamental” sería de 369.483.322,24 pesos. De acuerdo con la licitación, las autoridades porteñas le adjudicaron el trabajo a las empresas Teximco, EMA SA y Dal Construcciones, firmas que constituyen la Unión Transitoria de Empresas (UTE). Al tiempo de ser adjudicada la obra, el gobierno porteño acordó una redeterminación de precios. Es decir: la construcción aún no comenzó pero los precios originales de la licitación ya sufrieron una reactualización de casi 100 millones. El demente criminal quería robar.

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 “Más yo os digo: su alma quería sangre, no robo: ¡él estaba sediento de la felicidad del cuchillo! Pero su pobre razón no comprendía esa demencia y le persuadió: «¡Qué importa la sangre!», le dijo, «¿no quieres al menos cometer también un robo? ¿Tomarte una venganza?» Y él escuchó a su pobre razón: entonces robó, al asesinar”, dice Zaratustra.

El director del Borda, Ricardo Miguel Picasso, negó haber recibido un aviso de prevención por parte del Gobierno porteño para proteger a los 700 pacientes psiquiátricos, así lo denunció en una carta oficial que envió pocas horas después de la represión al subsecretario de Planificación Sanitaria de la Ciudad, Néstor Pérez Baliño. La ausencia de prevenciones permitió que la mayoría de los pacientes supiera de la represión por los canales de noticias. Los afectados no solo fueron los pacientes que pusieron su cuerpo en la represión (uno de ellos recibió 22 balazos) sino también el resto de los internos, quienes vienen trabajando en generar un espacio de contención, un hogar y cierta estabilidad que les permita avizorar una reinserción en el afuera. Según los trabajadores del Hospital, las descompensaciones, los ataques de pánico y los retrocesos son inevitables tras lo ocurrido.

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Asesinar es también quitarle de un golpe, con una topadora, todos los años de trabajo a estas personas que están sufriendo, el mensaje del hombre pálido, según palabras de Nicolás Savignone, dice: “Ellos son los locos que tenemos que mantener, no se merecen este lugar, váyanse, córranse, porque nosotros somos los productivos en esta sociedad”. Y analiza Savignone: “Esto es un desplazamiento, una monarquía del neurótico, querer desplazar al otro. El que gobierna es el neurótico que trata de correr todo lo que le molesta”.

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Total los locos no votan, piensa el hombre pálido, Macriminal. Pero sí votan los demás, los cacerolos, los anti, los que tampoco es para tanto, los que no van a andar defendiendo que se le pegue a los enfermos, por eso Macri no soportó la imagen de su acción y salió a decir que lo evidente no fue así, que los violentos de siempre atacaron a los policías buenos.

 “No quería avergonzarse de su demencia”, dice Zaratustra. (“Tengo la conciencia tranquila”, dijo el ministro Montenegro, y nadie le creyó).

“¿Qué es ese hombre? Un montón de enfermedades, que a través del espíritu se extienden por el mundo”, se pregunta y responde Zaratustra.

¿Hay o no hay una racionalidad detrás del pensamiento y la acción de este hombre pálido? ¿Es esa demencia un tipo de razón? Sí. La razón del cálculo y la ganancia, de la productividad, la razón del clasismo y el higienismo social: los internados en un hospital psiquiátrico estatal están allí más por pobres que por locos. ¿Qué es un loco? Los G.I. Joe avanzaban y los locos seguían transmitiendo por la radio La Colifata, daban testimonio de lo que pasaba allí a pocos metros, esa es la razón de la conciencia y de la palabra, del diálogo y la búsqueda de libertad.

“¿Qué es ese hombre? Una maraña de serpientes salvajes, que rara vez tienen paz, y cada una busca por su lado su botín en el mundo. ¡Mirad ese pobre cuerpo! Lo que él sufría y codiciaba, esa pobre alma lo interpretaba como placer asesino y como ansia de la felicidad del cuchillo”, interpreta Zaratustra.

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Ese hombre pálido, encerrado en su neurosis, falto de convicción para decidir si reivindicarse a sí mismo, si sus acciones responden a la codicia material o al ansia de sangre de pobre, nos deja otra vez boquiabiertos. Macriminal, ese exponente excelso del Estado mental alterado.

 

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