PARTE V
E ntre 1592 y 1609 Hernando Arias de Saavedra, también llamado Hernandarias, fue jefe militar y gobernador del Río de la Plata: un vasto territorio colorido como un arco iris y extendido entre dos océanos desde el Estrecho de Magallanes, por glaciares, cadenas de montañas nevadas, desiertos ocres, múltiples llanuras verdes y amarillas, lagos y sierras azules, ríos marrones, bosques de quebracho y selvas tropicales de tierra roja, hasta el Paraguay.
Hernandarias nació en 1560 en Asunción, capital por entonces del territorio. A los veinte años condujo desde Asunción el famoso arreo de ganado que, vadeando ríos, sorteando lodazales, eludiendo indios, y haciendo miles de kilómetros, llegó para salvar del hambre y sostener ese asentamiento de apenas un centenar de almas en el borde de una meseta desolada que se llamaría después Buenos Aires. A los veintidós años contrajo matrimonio con Jerónima Contreras, hija de Juan de Garay. Fue cofundador y alarife de las ciudades de Trinidad, Concepción, y Corrientes –que sostuvo con sendos arreos de ganado-, y capitán de varias campañas contra indígenas insumisos, a los que redujo con la persuasión o por la fuerza. En 1592 el Cabildo de Asunción lo nombró teniente de gobernador. Tenía treinta y dos años y fue el primer criollo en asumir ese cargo. La elección de un criollo en un puesto clave del poder alarmó a los españoles, sin embargo fue nombrado una segunda vez a la muerte del gobernador Ramírez de Velasco, y una tercera vez por el mismísimo rey, Felipe III.
¿Por qué se daba la gobernación de tan vasto territorio a un hombre rústico, sordo y de aspecto monstruoso, ajeno a los intereses comerciales entre Lima y Sevilla, que no había estado en las Cortes, y ni siquiera en España?