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VIVIR EN EL MARGEN DE UNA SOCIEDAD QUE TE MATA

PARTE II

REPÚBLICA DE CROMAÑÓN

por Rafael Gómez

Cada vez con más frecuencia ocurren en nuestro país –y también en el mundo- hechos reveladores de una realidad profunda. Son como mazazos, golpes mortales que rompen un decorado. Entonces, por instantes, con dolor, podemos ver detrás de la escena. Despertamos de la Matrix que nos montaron. Tomamos conciencia de dónde estamos realmente.

Uno de esos mazazos son las 191 muertes del boliche República de Cromañón. Resistamos el dolor. Antes de que la clase política y los medios de comunicación masiva vuelvan a levantar el decorado, antes de que nosotros mismos los ayudemos a levantarlo, veamos sin anestesia el mundo real.

El incendio de Cromañón no fue un accidente ni una catástrofe natural. Tampoco fue un drama determinado exclusivamente por la voluntad y la acción de sus protagonistas. Podría haber pasado en cualquier momento y casi en cualquier lugar con otros actores. Hay cientos de boliches similares a Cromañón en el país, hay miles de empresarios desaprensivos, y hay cientos de miles de jóvenes que son carne de consumo para esos empresarios. Y lo que es peor: lo ocurrido es algo que excede los ambientes bolicheros y abarca a la mayoría de la población tomando distintas formas: incendio, contaminación, violencia, hambre, desocupación, enfermedad, frustración, vacío, secuestro, tortura, robo, fraude, desamparo… Se trata de una tragedia llamada inseguridad. 1 No es una cuestión abstracta. Todos los días mueren en nuestro país cien niños por desnutrición o por enfermedades evitables. Más del 50% de la población es pobre. El 70% de los jóvenes no tiene destino laboral ni destino alguno. Dos de cada tres adultos no tienen un trabajo genuino. El 70% de los viejos cobran menos de $300 y tienen una asistencia médica insuficiente... Son datos de inseguridad que los medios de comunicación masiva y la clase política han naturalizado. 2 Pero no son fatalidades ni catástrofes naturales sino consecuencias provocadas por los intereses de corporaciones, grupos económicos y sociedades anónimas, que están representados por la clase política que nos gobierna. Se trata de una estructura mafiosa de lucro y poder, donde las personas sólo cuentan por sus votos o por lo que consumen.

Vivimos en peligro y a muchos nos cuesta asumirlo; es como si estuviéramos viviendo en otra parte, insertos en una Matriz , mirando publicidades y estúpidos programas de televisión , creyéndonos parte del triunfo de un equipo de fútbol o de un personaje mediático, creyendo que seremos felices comprando cosas que en realidad no necesitamos. Vivimos en un sueño muy profundo. Necesitamos que una candela incendie colchones de guata para poder despertar. Necesitamos ver un amontonamiento de cuerpos jóvenes, trepando unos sobre otros tratando de escalar una puerta cerrada, fulminados por el gas tóxico de la guata; necesitamos ver las huellas de las uñas en las paredes de ese boliche buscando una salida del horror para entender la trampa que nos tendieron.

Estamos en los márgenes de una trama mafiosa urdida entre capitalistas y políticos corruptos. 3 Y cuando digo en primera persona del plural: estamos, me estoy refiriendo al 90% de la población afectada de una forma u otra por la inseguridad. La inseguridad aparece cuando el cuerpo social se retira. Eso es lo que ha ocurrido: nos hemos retirado y nos han retirado del tejido social. Nosotros ya no tenemos sociedad. 3 No funcionan las instituciones, no hay cultura común, ni ideales, ni fines propios. Lo que hay es una sociedad mafiosa entre las corporaciones y la clase política que se disfraza de demócrata . Y esa sociedad nos excluye. La exclusión es buena para el negocio vil y para obtener votos. El marginal no tiene defensa contra la explotación y cae con facilidad en el clientelismo. A los capitalistas y a la clase política ya no les interesan los valores humanistas 4 (entre ellos el derecho de las personas a la seguridad). El Presidente se ausentó durante cuatro días de la tragedia de Cromañón. Aparentemente, fue para él más importante no quedar pegado políticamente a la caída del Jefe de Gobierno de la Ciudad, 5 que mostrar su solidaridad a la población en un momento tan aciago. Ibarra, jefe de gobierno de la Ciudad, negoció con Duhalde para evitar una interpelación en la Legislatura que podría haber terminado en la separación de su puesto. ¡Otra demostración de humanismo, democracia, y responsabilidad! Por otro lado, esa interpelación impulsada por legisladores macristas tampoco fue ajena al juego del poder. ¿Acaso esos legisladores, teóricamente nuestros representantes, no son también responsables del estado de indefensión en que vivimos? Ibarra no cayó. Hay otros funcionarios fusibles que desaparecen sólo por un tiempo. Y Reemplazos: Álvarez, hombre de Duhalde, implicado en la masacre de Puente Pueyrredón, ocupa ahora el puesto de secretario de seguridad de la Ciudad. Siguen los reemplazos y crece la inserción del peronismo (corriente Duhalde) en el gobierno de la Ciudad. Kirchner deberá negociar sus candidatos para las elecciones de octubre bajo una nueva relación de fuerzas. El juego continúa, no juegan para nosotros, juegan sobre nosotros, somos el tablero.

A la clase política sólo le importa el poder. Los acontecimientos se interpretan según las ambiciones personales. Y los cargos, que antes eran responsabilidades y obligaciones –cargas, de ahí viene la palabra-, son los objetivos de esas ambiciones. ¡Ahora Ibarra se entera, tras cinco años de gestión, de que ocuparse de la seguridad de las personas también forma parte de sus obligaciones! Y dispone inspecciones y controles en boliches, salas de cine, teatros, y otros locales –antes no lo hacía (de hecho Cromañón funcionaba sin habilitación)-. Las medidas durarán poco tiempo, son operativos espectaculares dirigidos por Álvarez para las tapas de los diarios, nada cambiará si no se desarticula la sociedad mafiosa. El Gobierno reparte dinero entre los damnificados, empleos, planes sociales e indemnizaciones a razón de $300.000 por muerte, para disuadir marchas, preparar elecciones, y evitar presiones sobre funcionarios. Y los medios de comunicación masiva vuelven a levantar el decorado: la tragedia se reduce entonces a un mero asunto judicial, se busca al chico que arrojó la candela, se encarcela al gerente que advirtió sobre el incendio pero mantuvo las puertas del local cerradas. Hay una instalación de la fatalidad y el delito particular. Los comentaristas disparan sobre la cabeza de turco, como si no hubiera otras responsabilidades, y se rasgan las vestiduras preguntándose por qué ha pasado esto, como si viviéramos en una sociedad humanitaria, eficiente y segura. 6 Se niega la tragedia convirtiéndola en una trama policial en episodios con víctimas y villanos, una especie de culebrón ajeno que se diluye en el tiempo. Y la verdad es que las 191 muertes de Cromañón nos pertenecen, y esas muertes se multiplican todos los días en las distintas formas que tiene la inseguridad.

¿Dónde estamos? ¿Tenemos algún control desde el margen? ¿Vamos rumbo a un país en serio? Por cierto que no. Lo que tenemos cerca, en nuestro control remoto, es una Matrix . No ayuda mucho, más bien todo lo contrario. ¿Qué podemos hacer? Estimado lector, lectora, no soy un iluminado, tengo más preguntas que respuestas y pocas certezas. Pero me parece que debemos apagar el televisor y recrear desde el margen una sociedad solidaria; por nosotros, por nuestros hijos, para que tanta muerte tenga un sentido.

1 Véase sobre el tema la nota “¿De qué hablamos cuando hablamos de inseguridad?”. VAS N°1, pags. 17 y 18.

2 “Siempre habrá pobres entre ustedes”, sentenció un ex presidente peronista.

3 Se profundiza este tema en la nota “Vivir en el margen de una sociedad que te mata”. PARTE I. VAS N°3, pags. 8; 9 y 10.

4 Cabe hacer mención de los últimos aportes de Guy Sorman, un reconocido ideólogo del capitalismo, sobre la falta de base ética en el sistema neoliberal.

5 Hasta el 30 de diciembre Ibarra fue su principal aliado electoral.

6 …“Un país condenado al éxito”, como dijo otro ex presidente peronista.

BREVE HISTORIA DE LOS CARNAVALES PORTEÑOS

por Cristina Peña

El carnaval es una antigua tradición en la ciudad de Buenos Aires. La sátira, el baile, la música callejera, el humor, el desparpajo y la burla, son los rasgos más distintivos. La máscara y el disfraz propone la confusión de lugares sociales y hasta la de sexos, esclavos disfrazados de señores y al revés, hombres transformados en mujer, etc. Por esta suspensión de lo establecido muchas veces se lo tildó de subversivo.

Traído a nuestras tierras por los conquistadores, el Carnaval es un festejo muy antiguo en el continente europeo. Los españoles experimentaban tal fervor hacia esta celebración que, en plena conquista, Hernán Cortés disponía por ordenanza las posturas que debían tomarse para el abasto de carne, entre Navidad y Carnetolendas, en los territorios que iban dominando. En América el carnaval incorporó elementos aborígenes y hasta alcanzó ribetes místicos precolombinos; como, por ejemplo, el de Oruro.

En el Río de la Plata, alrededor de 1600, los esclavos negros se congregaban junto a sus amos para este celebrar este festejo. Durante la colonia, los carnavales porteños, llegaron a ser famosos, e incluso fueron motivo de escándalo, como el "fandango" que se bailaba en la Casa de Comedias.

La costumbre que caracterizó al carnaval porteño fue la de arrojarse agua. Los bonaerenses se mojaban los unos a los otros; ricos, pobres, blancos y negros, esclavos y señores. El abuso de esta costumbre causó distintas prohibiciones.

En 1771, el gobernador Juan José Vertíz, estableció los bailes de carnaval en locales cerrados, a fin de atenuar las inmorales manifestaciones callejeras de los negros. En 1772, un grupo de personas molestas por los bailes que se celebraban antes de la cuaresma, y de los excesos que ocurrían en ellos, llevaron su descontento ante el rey de España. El monarca, envió dos órdenes a Vértiz, por las cuales prohibía los bailes y le encargaba que: “arreglase las escandalosas costumbres en que había caído la ciudad”. Vértiz, protestó ante el rey contestando que como se bailaba en España, también se lo podía hacer en Buenos Aires. Pero, Carlos III promulgó una ley el 16 de diciembre de 1774, en la cual prohibía los bailes de carnaval, alegando que él nunca los había autorizado en las Indias. Obviamente, no se respetó esta prohibición.

Durante el virreinato, el virrey Cevallos publicó un bando prohibiendo los festejos de carnaval: "...conviniendo remediar este desorden con el presente prohíbo los dichos juegos de Carnestolendas..." "... ha tomado en pocos años a esta parte tal incremento en esta ciudad [...] en ellos se apura la grosería de echarse agua y afrecho, y aun muchas inmundicias, unos a otros, sin distinción de estados ni sexos..." Y continuaba diciendo que la gente, se metía en las casas y reventaban huevos por todos lados, hasta robaban y rompían los muebles.

Los excesos no disminuían, y si lo hacían era por poco tiempo. El 13 de febrero de 1795 el virrey Arredondo promulgó el bando acostumbrado prohibiendo "los juegos con agua, harina, huevos y otras cosas".

Tras la revolución de 1810, se volvió común entre la población, especialmente entre las mujeres, jugar intensamente con agua. Para lo cual, preparaban originales recipientes, los más usados eran los huevos, a los que vaciaban de su contenido practicándoles dos agujeritos en los extremos, y luego, tras haberlos rellenado con líquidos, los tapaban con cera. También usaban como recipientes las vejigas de los animales, en particular las de los cerdos, que atiborraban de agua. La aguas podían ser claras y perfumadas, pero casi siempre eran coloreadas, sucias y malolientes.

Los esclavos aprovechaban para mojar a todo el mundo, cobrándose así pequeñas venganzas. Estos juegos terminaban, muchas veces, con heridos o algún muerto. Por eso cada comienzo de carnaval se dictaban medidas preventivas, que nunca funcionaban porque los policías también jugaban al carnaval y los que estaban de servicio preferían alejarse de los lugares de lucha, para no ligarla ellos también.

En los tiempos de Juan Manuel de Rosas, el carnaval fue esperado con entusiasmo, en especial por la gente de color, protegidos del caudillo. En 1836, sólo se permitía el juego con agua durante los tres días de carnaval, y el horario era anunciado desde la Fortaleza (actual Casa Rosada) con tres cañonazos al comienzo, 12 del mediodía, y otros tres para finalizar los juegos, al toque de oración (seis de la tarde). También se permitieron las máscaras y las comparsas, previa autorización de la policía. Pese a las reglamentaciones de la época rosista, las costumbres del carnaval también fueron cayendo en excesos. Jinetes, disfrazados con plumas rojas en la cabeza y moños en las colas, aparecían sorpresivamente en la ciudad, arrojaban huevos de avestruz llenos de agua, cenizas y desperdicios; y se aprovechaban de las mujeres que jugaban al carnaval, manoseándolas, rompiendo sus ropas y hasta abundando de ellas. Rosas mismo, luego de haber fomentado el carnaval, lo suprimió por decreto el 22 de febrero de 1844.

Las celebraciones se reanudaron recién en 1854. Pero el carnaval volvió más reglamentado que antes, se realizaban bailes públicos en distintos lugares de la ciudad, previo permiso policial. Por esos años, en barrio Montserrat surgieron las primeras comparsas, éstas organizaban los desfiles y usaban un repertorio previamente ensayado, como en los candombes. A través de las comparsas se emitían toda clase de críticas de las que, ni siquiera los más altos funcionarios de la administración, quedaban exentos.

L os carnavales porteños más brillantes se vivieron durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento. El mandatario, era un gran adepto al carnaval y no le molestaba si le arrojaban agua cuando era presidente.

En 1869 se realizó el primer corso en la calle de la Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen). Tenía 5 cuadras: llegaba hasta la plaza de Lorea. Participaron 16 comparsas tocando guitarras, violines y cornetas. Se comentó que el mismo presidente Sarmiento había asistido con un gran poncho y cubierta la cabeza con un chambergo.

A fines del siglo xix, pese a la ordenanza que prohibía arrojar agua en los días de carnaval, se hicieron famosos los pomos cradwell, que se vendían en la farmacia Cradwell de la calle San Martín y Rivadavia. Estos arrojaban agua perfumada.

Al despuntar el siglo xx , cada barrio tenia su murga. Eran organizados por vecinos y comerciantes y se llevaban a cabo por agrupaciones de jóvenes artistas que, junto con los músicos y las mascaritas, animaban la jornada. Las plazas y las fachadas de los edificios se adornaban con guirnaldas, banderines y lamparitas de colores.

La Avenida de Mayo albergó al corso oficial de la ciudad que se extendía. desde las calles Bolívar y Buen Orden (actual Bernardo de Irigoyen); hasta Luis Sáenz Peña. También en los bosques de Palermo se realizaban fastuosos desfiles de carruajes, evento al que se denominaba "Corso de Flores".

Para quienes preferían un ambiente más selecto, se celebraban bailes en el Jockey Club y el Club del Progreso. También los teatros como el Opera, el Politeama, el Marconi y el Smart, se convertían en salones de baile. La orquesta se situaba sobre el escenario, y los palcos se alquilaban.

Los bailes de Carnaval fueron la base de lanzamiento del tango. Los grandes clubes deportivos congregaban a famosas orquestas de tango, entre ellas, la de Francisco Canaro y Di Sarli. Entre las décadas del 40 y 50, algunas orquestas de tango animaron también los "8 Grandes Bailes 8": Francisco Lomuto; Alfredo De Angelis; Juan D'Arienzo; Aníbal Troilo "Pichuco"; Carlos Di Sarli; Osvaldo Fresedo entre otros.

En la década del 30, las agrupaciones de carnaval de los barrios, pasaron a tener nombres paródicos, acompañados del nombre del barrio de origen: Los Eléctricos de Villa Devoto; Los Averiados de Palermo; Los Criticones de Villa Urquiza; Los Pegotes de Florida y Los Curdelas de Saavedra, son algunas murgas legendarias de aquella época.

La dictadura en 1976, a través del decreto 21.329, firmado por Jorge Rafael Videla, derogó el artículo primero del decreto ley por el cual el lunes y martes de Carnaval eran feriados nacionales.

En 1983, con el retorno de la democracia, las calles de Buenos Aires, retomaron la música, el espíritu y el color del carnaval, que resucito como "ave Fénix, de las cenizas"...

Actualmente, las murgas mantienen viva la pasión por la parodia, los disfraces y el sonar del bombo. Muchos jóvenes artistas del teatro, la música y la danza han retomado la estética carnavalesca, dando difusión a este genero en distintos centros culturales. A través de nuevas formas, el carnaval se recicla, revitaliza, y también adopta modos de resistencia, las murgas barriales son instrumentos de integración, donde la participación y la creación colectiva despedaza el discurso individualista que pregona el neoliberalismo.

•  Revista Circulo de la Historia , Nº 47, febrero 2000.

•  Angel López Cantos. "Juegos, fiestas y diversiones en la América española". Colección Mapfre, Madrid, 1992.

•  Guía Cultural Fervor de Buenos Aires - marzo 2000

Casa Zanzi

Juegos de Salón y Juguetería

Desde hace 80 años en la esquina de Sarmiento y Libertad

La historia de este comercio, declarado “Patrimonio vivo de la memoria ciudadana” por el Museo de la Ciudad, se remonta a la primera década de 1900, cuando Antonio Zanzi, un italiano experto en el arte de cortar, pulir y tornear marfiles , abre en Talcahuano 237 y 241 la fábrica de billares “La Progresista”. Estos billares, fabricados por Zanzi, se instalaron en cafés, clubes, confiterías y bares de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Tucumán y Salta. “La Progresista” fue la primera casa de mesas y artículos de billar de América del Sur, y la más grande y mejor surtida del país.

Movido por un temperamento emprendedor, Antonio Zanzi, incorpora más juegos de salón a su negocio: ajedrez, croquet, tejo, bochas, el tradicional sapo, entre otros. Hacia 1923 queda a cargo del comercio, Elvira, la sobrina de Antonio Zanzi. Un año después, la firma comercial pasa a llamarse “Sucesores de Antonio Zanzi”. En 1924 la “Casa Zanzi” ocupa el local actual en Sarmiento 1200, esquina Libertad, donde desde hace 80 años sus vidrieras ofrecen accesorios para pool y billar, juegos de salón, juegos de mesa, juegos de ingenio, y de todo tipo. Hoy están al frente del negocio los hijos y los nietos de Elvira, siempre incorporando nuevos artículos a los tradicionales, y brindando a los porteños esas horas de alegría y esparcimiento creativo donde se cultivan la amistad y las historias de vida, entre tacos, tableros y movimientos de fichas, al calor de los juegos.

 

 

 
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