VAS a Cuba

por Rafael Gómez

 

Parte I

El domingo 22 de noviembre de 2015 hubo un balotaje en Argentina. Nos parecía una elección muy clara entre la continuidad de una política progresista popular o la vuelta a la política conservadora liberal, que ya había fracasado tantas veces a lo largo de nuestra historia. Era una elección muy clara, cantada. Los fracasos liberales trajeron pobreza, dolor y muerte. El último ocurrió hace catorce años, era fácil darse cuenta. Pero inesperadamente y para desgracia del país, ganó Macri.

Supimos el resultado ese mismo domingo alrededor de las 21 hs. Se había perdido por apenas un punto: 49 % a 51 %. Era increíble, incomprensible. Habíamos perdido todos. A las 22 hs. llegó el remís. Cargamos dos valijas y partimos hacia el aeropuerto de Ezeiza. Nos íbamos a Cuba.

balotaje1Ir a Cuba no era consecuencia del resultado electoral (habíamos decidido el viaje diez días antes), pero parecía. Nos estamos yendo de un país a punto de ser tomado por el neoliberalismo hacia un país socialista. Parece un exilio. El remís va por la calle Uruguay, cruza la calle Sarmiento, después Perón y luego toma Bartolomé Mitre (parece una alusión, por la influencia y conexión histórica del ex presidente Mitre con la ideología del Gobierno recién electo). Miramos las calles como si no fuéramos a volver. Hay poco tránsito, no se oyen bocinas, nadie festeja. ¿Por qué no festeja el 51 %?

La avenida 9 de Julio (que conmemora la independencia del país) de 140 metros de ancho está casi abandonada. En la intersección con avenida de Mayo vemos el acampe Qom, también hay poca gente allí, apenas una luz en la carpa grande y una bandera wiphala izada junto al monumento del Quijote, en protesta y reclamo por la desprotección de las tribus originarias en Formosa. Más abandono, pienso. Desolación. ¿También abandonamos? Tristeza. Nos vamos pero la pesadilla que empieza viaja con nosotros.

¿Nadie festeja?, pregunta M de pronto. El remisero dice que no ha visto festejos, que por eso tampoco entiende el resultado electoral. M le explica que ha ganado el 51 % del electorado: 12,9 millones votaron a Macri; 12,2 millones votaron a Scioli; y 6 millones no votaron. El resultado ha quedado claro para todos. Pero no hay festejo, digo. ¡Eso!, dice el remisero, ¿por qué no hay festejos? Porque ha ganado en realidad muy poca gente, contesto. 12,9 millones es mucha gente, dice el remisero. Sí, respondo, pero la mayoría de ellos va a perder con Macri (ellos mismos lo presienten). Los que han ganado en realidad son apenas el 1 %. Por eso no se ven festejos, habrá pequeñas fiestas privadas… ¿Y entonces por qué lo votó el 51?, pregunta el remisero implacable. No lo sé, digo. Tal vez sea para castigar a éste Gobierno. Tal vez sea por el odio, tal vez para suicidarse, o tal vez porque los engañaron como a chicos, con globos amarillos. ¿Tal vez la mitad de la población sea pelotuda? No lo sé.

Salimos de la avenida 9 de Julio y tomamos la autopista 25 de Mayo hacia el oeste (son las fechas patrias de la independencia y la revolución). ¿Cómo llegamos a esto?, pienso. ¿Se trata de un castigo? ¿El Gobierno progresista popular (con la ideología del ex presidente Perón) no había hecho suficiente? ¿Su candidato para la continuidad, Scioli, no fue el adecuado? ¿La Presidenta con sus ministros y La Cámpora no escuchaban las críticas?, ¿eran soberbios? ¿Había demasiada corrupción? ¿Faltaba distribuir poder y riqueza?

Supongamos que sí, que todo sea cierto, pero aún así: ¡la mitad de la población no puede elegir a un gobierno conservador liberal! Es como suicidarse. Antes, estos tipos sólo llegaban al poder por asambleas de terratenientes, por el fraude electoral o la fuerza militar. Hicieron gobiernos elitistas, muy corruptos, de una corrupción estructural, colonialistas. Fueron cipayos, desalmados ante el sufrimiento del pueblo, vendidos a los intereses imperiales, y además violentos, pero con elegancia europea, empezando por Mitre (sí, Bartolomé Mitre, el de la calle que pasamos), que encabezó la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay para defender la libertad del comercio inglés. Por eso murieron más de 500.000 latinoamericanos, la mayoría civiles. Y después hubo el gobierno de Sarmiento (también recordado en una calle que pasamos). Sarmiento hizo tanto o más daño que Mitre, además de continuar la Guerra de la Triple Alianza. El dilema “Civilización o Barbarie”, que propuso e impuso como dogma en la política y en las escuelas para caracterizar y solucionar “el problema principal del país”, ni siquiera le pertenecía, era la consigna que usaban los europeos en el siglo XIX para colonizar África. En nombre de la civilización los colonos europeos saquearon el continente, explotaron en las minas a los africanos, les cambiaron la cultura, los sometieron y mataron. La excusa era combatir la barbarie para alcanzar la civilización y el progreso de las metrópolis. Argentina se desquició con ese espejismo. Sarmiento persiguió a los gauchos para dar lugar a la inmigración “civilizada”, Roca -sucesor de Sarmiento- exterminó a los indígenas para lotear la Patagonia, y los dos sirvieron a Europa.

La autopista 25 de Mayo es como un puente muy largo, de ocho carriles con tres hileras de luces, que pasa a través de la Ciudad dormida. El nombre de la autopista alude a la Revolución del 25 Mayo de 1810, pero evita la palabra Revolución. También ocurre eso con la avenida de Mayo, por qué no llamarla directamente avenida Revolución… ¿Qué pensás?, pregunta M. Que aquí se suspendió la Revolución, contesto. ¿Qué Revolución? La que hicieron Moreno, Castelli, San Martín y Belgrano, contesto. Esa Revolución -la única que hubo en estas tierras- quedó suspendida, disfrazada en los manuales y las calles, la traicionaron y ocultaron Sarmiento, Mitre, Roca y compañía. ¡Y sus sucesores los convirtieron de traidores en próceres! Los convirtieron en calles para que sigamos su ejemplo transitando por ellos. Venir por Sarmiento, doblar por Uruguay y llegar a Mitre. Entonces tomar Mitre hasta llegar a 9 de Julio, la Independencia que no fue. M sonríe.

¿Ud. es profesor?, pregunta el remisero. No. Periodista. Pero sé un poco de historia, le digo. ¿Y por qué dice que la mitad del país es pelotuda?, dispara. Porque creo que fue engañada, le digo. La mitad del país no puede votar a sabiendas por un gobierno conservador liberal, sería como suicidarse. ¿Y qué es un gobierno conservador liberal? Precisamente, un gobierno que viene de los Sarmiento, los Mitre y los Roca, respondo, un gobierno para beneficio de unos pocos, no para la mitad del país. Ud. lo dice porque sabe historia… Sí. Pero además porque estos gobiernos, también llamados de derecha, de centro o neoliberales, hicieron catástrofes. Aramburu, Videla, Ménem, De la Rúa. ¿Los sintió nombrar? Al primero no, contesta el remisero. Aramburu, en el año 1955, suprimió los controles de cambio y la intervención estatal en la comercialización de exportaciones, aplicó devaluaciones impositivas al sector agrario, congeló salarios, suprimió los subsidios al consumo e incorporó Argentina al FMI para obtener financiamiento externo.[1] Esto es lo mismo que hará Macri, dicho ya por su equipo económico: quitar el cepo cambiario, liberar el mercado de importación-exportación, quitar las retenciones al campo, reducir el gasto público echando gente y pagar a los fondos buitres para obtener financiamiento externo. El mismo plan. ¿Cómo le fue a Aramburu? Al poco tiempo sus medidas -que eran en realidad del economista Raúl Prebisch- produjeron una enorme crisis social, y aunque hubo represión para sostener el plan, tuvo que llamar a elecciones y renunciar. Lo que sigue es más conocido. Veinte años después del gobierno de Aramburu, el general Videla, de la mano de los economistas Ricardo Zinn y Martínez de Hoz, volvió a aplicar el mismo plan conservador liberal pero sosteniéndolo con terrorismo de Estado. Hubo 30.000 desaparecidos. Fue el período más cruel de nuestra historia. Nadie debería olvidarlo. Porque una cosa es matar a una persona en una guerra o en un enfrentamiento, y otra es secuestrarla, torturarla y hacerla desaparecer. Ese horror fue organizado desde el Estado para imponer una política. Y el plan económico volvió a fracasar, pero dejó beneficios para unos pocos, entre éstos al Grupo Macri, que convirtió su deuda privada en pública gracias a la gestión de Ricardo Zinn y Domingo Cavallo. En 1990, Ménem volvió a aplicar la política conservadora liberal, pero sin militares. Usó el engaño. Llegó desde el peronismo prometiendo a sus electores un gobierno popular pero continuó y profundizó el mismo plan sostenido por Videla: modelo de país agroexportador y de servicios, libertad de mercado para las empresas transnacionales, obtención de financiamiento externo. Y Mauricio Macri, que usaba entonces el bigote a lo Videla, dijo entusiasmado que Ménem era “el gran transformador”. Ricardo Zinn fue ceo del Grupo Macri y Cavallo, como ministro de Ménem y de De la Rúa, creó una economía de ficción que terminó derrumbándose por la especulación, el cierre de fábricas propias por abrir el mercado a las transnacionales, y el fuerte endeudamiento externo. El derrumbe fue tal, que más de la mitad de la población se convirtió en pobre y los bancos se quedaron con el dinero de los ahorristas. No había trabajo ni producción, se iba al mercado del trueque, se comía soja. No se pagaban los servicios ni las deudas, se apedreaban los bancos, se hacían ollas populares en las plazas, se moría por falta de medicamentos. Y cuando el presidente De la Rúa decretó el estado de sitio fuimos a Plaza de Mayo a exigir qué se vayan todos.

¿Usted se acuerda de esto?, no hace falta saber historia, pasó hace quince años. El remisero no contesta. Y ahora vamos a lo nuestro, le digo. ¿Qué pasó hoy? El 51 % volvió a ser engañado. Votar a Macri es como votar a Ménem a Videla y Aramburu. Macri no viene de la nada, ni del fin de la política ni del fin de la historia, como les ha hecho creer. Tiene intereses e ideología. No hay cambio. Cambiamos futuro por pasado, como dijo brutalmente María Eugenia Vidal hace pocos días.[2] Macri hará el mismo plan conservador liberal que sostuvo toda la vida. Lo hará, bendecido por el propio Cavallo y con los mismos economistas que participaron en el endeudamiento externo y derrumbe financiero de 2001. Pero estos economistas mostraron claramente el plan antes de la elección, mientras Macri en campaña anunciaba prosperidad, un puerto en Santiago del Estero, y una revolución de la alegría entre globos amarillos. Resultado. El 51 % votó a Macri. ¿Cuál es la conclusión? Fueron engañados. La mitad de la población es pelotuda.

Salimos de la autopista 25 de Mayo en silencio. Cruzamos un peaje y tomamos la autopista Ricchieri, que termina en el aeropuerto de Ezeiza. ¿Por acá era el corte de los obreros de Cresta Roja?, pregunta M. Sí, contesta el remisero, un poco más adelante. Vemos otro peaje, la entrada al Aeropuerto. La gente tenía que caminar desde acá llevando sus valijas, dice el remisero. Quince cuadras, más o menos. El lugar es un complejo de edificios entre calles y playas de estacionamiento. Vamos a Cubana de Aviación, indica M. El remisero da unas vueltas y se detiene en uno de los edificios. Gracias por la clase, profesor, sonríe el remisero. Estrechamos las manos. Me faltó contarle la traición de la izquierda trotska, pienso, de incluir en la lista a los pelotudos del PO, que decidieron votar en blanco o no votar, porque Scioli era igual a Macri, según ellos, y ninguno haría la Revolución.

Hay viento, poca gente, muchos autos. Entramos con nuestras valijas a un hall y luego a otro hall más amplio. Y al final hay gente, cada vez más gente. Llegamos al check-in de Cubana. Somos más de cien, ordenados entre postes y cintas retráctiles frente a las ventanillas. Esperamos. Llegan más. Media hora después empieza la atención. Avanzamos despacio por el serpentín de las cintas, cuando vemos a Pitrola. Néstor Pitrola, diputado electo del PO. ¡Resulta como una aparición! Pitrola menudo, algo cabezón, tiene una valija chica, la mirada perdida. No hace la cola, ¿será vip? ¿Será el ideólogo de la abstención y el voto en blanco? No es que los trotskos sean muchos, pero si hubieran votado a Scioli, habría ganado, dice M. ¿Vos crees que sea pelotudo? Recuerdo cuando vi a Pitrola en el 2002. Fue en la plaza Congreso, en una de las escalinatas del monumento, donde se hacía una reunión del MTD (Movimiento de Trabajadores Desocupados). El neoliberalismo había cerrado las fábricas, la gente se reunía en las plazas, había ollas populares. Pitrola era entonces piquetero, usaba gorra con visera, había fundado el Polo Obrero y el Bloque Piquetero Nacional. Pitrola era un personaje, un líder. ¿Estaba próxima la Revolución? Antes, todo esto debe arder, me contestó, haciendo un gesto que abarcaba el Congreso y también la Ciudad.

¿Será todavía esa la estrategia del PO? ¿Hacer que todo arda? ¿Por eso el voto en blanco, la abstención? ¿Para dejar que los conservadores liberales provoquen otra crisis y entonces conducir a las masas hacia la Revolución? No me lo puedo creer, dice M. Tampoco yo. Despachamos las valijas y caminamos hacia la aduana. Pasamos por el free shop, llegamos al salón de embarque y nos sentamos frente a los ventanales. Estamos en un primer o segundo piso, vemos la manga blanca y después la trompa del avión cubano, enorme, de metal sin pintar y tachas, un Ilyushin de fabricación rusa que parece un tanque. Vemos la noche, luces a lo lejos, y el reflejo de la sala de embarque en el vidrio. Nos estamos yendo de un país que ha vuelto al pasado. Encontramos a Pitrola en el avión. Está cerca de nosotros, en la fila del medio. Tiene un libro en la mano. ¡No lo vas a poder creer!, dice M. ¿Qué libro es? Se llama: Walter Benjamin / Aviso de Incendio.

 

——————————————————–

[1] Ver Periódico VAS Nº 81. “Dos cuadras de la calle Lavalle” Parte VII.

[2] “Hoy cambiamos futuro por pasado”, frase dicha por la candidata del PRO y vice de Macri el 25 de octubre de 2015 cuando ganó la Gobernación de la provincia de Buenos Aires.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *