Zoom Histórico: Café “El Foro”

Zoom Histórico: Café “El Foro”

Por Gabriel Luna

( Uruguay esquina Corrientes)

Hay parajes, casas, reductos, que tienen una característica, un modo de ser especial, y una historia que nos implica. Eso los hace entrañables. Ocurre así con el café El Foro (1928–2008), ochenta años en la esquina NE. de Corrientes y Uruguay, todo un referente porteño que es anterior al Obelisco. El Foro nació en la Corrientes angosta, cuando la calle tenía adoquinado de granito, gran arboleda, y era surcada por algunos automóviles negros y los espaciados tranvías verdes de la línea Lacroze. La gente de entonces caminaba distendida, se saludaba al pasar o se detenía a conversar en las aceras. Durante los años 30 se construyó el subte y se ensanchó la calle Corrientes. Aumentaban los comercios, las oficinas, las viviendas: el lugar se convertía en El Centro. El día era marcado por la actividad de los Tribunales, y la noche marcada por el espectáculo, la bohemia y la literatura. El Foro quedaba a una cuadra de los Tribunales -de ahí toma su nombre- durante el día era el café de los abogados sin oficina, y de las secretarias de abogados con oficina que se divertían a la hora del vermouth. Durante la noche la característica del café era muy distinta, dependía de su entorno. Cerca del Foro estaban: la lechería bohemia La Martona, en la esquina SE. de Uruguay y Lavalle frente a Tribunales -donde hoy está Fonzo’s ristorantino-, la confitería La Pasta Frola, -aún vigente- sobre Corrientes entre Uruguay y Talcahuano, y enfrente el teatro Apolo -hoy galería Apolo- donde se estrenaban obras de Payró y Armando Discépolo. La famosa confitería Real, que era un reducto tanguero, estaba en la esquina SE. de Corrientes y Talcahuano -hoy pizzería Banchero-. La librería Moro, en Corrientes 1356, era una peña literaria y política concurrida, entre otros, por Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche y Alfredo Palacios. El café El Telégrafo, donde tomaban aperitivos Lola Membrives y García Lorca -hoy casa de modas Sabrina-, estaba en la esquina SE. de Corrientes y Uruguay. A continuación, por Corrientes entre Uruguay y Paraná -donde hoy hay un baldío- estaba el teatro Politeama Argentino; allí actuaron José Podestá, el payaso Frank Brown y la diva Sara Bernhardt. Al lado del teatro, en la esquina SE. de Corrientes y Paraná, estaba el café Politeama -hoy maxikiosco-, y en la esquina NO. el restaurant La Terraza -hoy la pizzería Gran Marín-. Al lado, en el café Iglesias, la orques ta de Firpo estrenó en Buenos Aires el emblemático tango “La Cumparsita”. Y al lado de La Terraza, pero por la calle Paraná -donde hoy hay una torre amarilla de veinte pisos-, estaba el cabaret Chantecler que parecía un castillo encantado (y tal vez lo fuera); tenía tres pistas de baile y una gran pileta de natación dotada de luces multicolores y reflectores parabólicos que producían efectos tropicales y exóticos. Según cuenta Enrique Cadícamo, al compás de la orquesta de D’Arienzo, se zambullían señoritas ceñidas en vistosas mallas de baño en el insólito estanque y, eventualmente, algún borracho elegante ataviado de smoking. Por la vereda norte de Corrientes, entre Paraná y Uruguay, estaban la paqueta chocolatería Lion D’Or de la familia Cotonat y el bar bohemio La Giralda, de Francisco Garrido y luego de Antonio Nodrid -ambos lugares intactos-, y el señorial restaurant La Emiliana -hoy Colegio Público de Abogados-. En este entorno de público permanente, de teatros y restoranes, de tango y librería, de glamour y bohemia, las características nocturnas del café El Foro fueron la literatura y la política. 1 Allí, en 1935, se fundó FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), una facción del yrigoyenismo que luego fue independiente, dirigida por Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche y el poeta Homero Manzi. Ellos denunciaron en múltiples publicaciones (los llamados cuadernos de FORJA) la nefasta política británica en el Río de la Plata, el pacto Roca-Ruciman, y los mecanismos de entrega de los ferrocarriles, del petróleo y otros recursos por parte de la oligarquía local. “Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre”, reclamaban los muchachos forjistas desde El Foro. El café, además de foro de debate político, era ámbito literario. Allí recalaban Manzi -que cumplía la doble condición de activista y poeta- y su entrañable amigo Enrique Santos Discépolo, poeta popular, autor de tangos memorables como “Chorra”, “Yira, Yira”, “Dónde hay un mango”, “Cambalache”, “Uno”, y “Cafetín de Buenos Aires” escrito en 1948, que describe el café porteño desde la subjetividad de la época: (…) “Como una escuela de todas las cosas / ya de muchacho me diste, entre asombros, / el cigarrillo / la fe en mis sueños / y una esperanza de amor”. 2 (…) Durante las décadas del 40 y 50 las pizzerías, los cines, y las librerías, fueron desplazando a muchos reductos tangueros de la calle Corrientes. El Foro asistió al auge y la decadencia del peronismo, a las polemicas existencialistas, y a la formación política de los jóvenes del 60 inspirados en la revolución cubana. Y siguió también siendo ámbito literario, redacción improvisada de revistas culturales, refugio de escribas y solitarios, sitio de sueños, amores y desengaños. Había en El Foro multitud de contrastes y matices. Uno podía encontrar en el café todo lo que andaba buscando. “Los amigos estaban allí; la noche, el humo / -un pequeño país de ansias y sueños vagos-. / Los poemas ya escritos y los que se agitaban detrás de la vigilia”, escribió el poeta Raúl González Tuñón, ilustre parroquiano de El Foro. Los años 70 fueron de luchas políticas y represión, de dictadura militar y terrorismo de Estado. El 8 de julio de 1978 fue secuestrado el militante montonero Miguel Chufo Villarreal, salía de una cita en El Foro y fue atrapado en las escaleras del subte a metros del café. Llegó muerto a la Escuela de Mecánica de la Armada. La dictadura militar perdió la guerra de Malvinas y volvió la democracia en 1983. Cesaba el miedo y reaparecían los libros prohibidos, las reuniones políticas o sociales en lugares públicos, las revistas culturales, los proyectos colectivos. Se animaba El Foro. En 1985 se hizo en Tribunales el juicio a los dictadores por los secuestros, torturas y muertes de miles de personas. La audiencia pública de prueba duró cuatro meses. Había un vallado policial que cerraba la calle Uruguay cerca de la intersección con Corrientes, las Madres de Plaza de Mayo hacían guardia en El Foro y, eventualmente, sorteaban el vallado porque el café tenía entradas por las dos calles. Los años 90 fueron de globalización, neoliberalismo y especulación financiera. El modelo económico propulsado por Milton Friedman desde Chicago e instalado por la dictadura militar fue desarrollado ampliamente por el presidente Menem. Se trataba (y todavía se trata) del modelo de libre mercado. En nombre del libre mercado Menem entregó los recursos naturales y las empresas estatales a las corporaciones multinacionales. Los muchachos de FORJA se hubieran opuesto con todas sus fuerzas desde El Foro. Pero ya no estaban en el café los forjistas, tampoco los revolucionarios de los años 70 porque habían sido aniquilados por la dictadura. Y no hubo otra generación que los sucediera. El libre mercado estaba reemplazando las utopías y los proyectos colectivos por la adicción al consumo y el individualismo. Ya no había polémica política o filosófica ni poetas de madrugada. El Foro redujo su horario nocturno. En agosto de 2008 la organización “Barrios por Memoria y Justicia” hizo un homenaje a Miguel Chufo Villarreal colocando una baldosa con su nombre en la esquina de Corrientes y Uruguay, junto a la entrada del subte donde había sido secuestrado. El Foro ya no estaba allí. No estaban más las mesas marrones para las manos entrelazadas, ni las sillas para montar los sueños. El café cerró para siempre el 31 de julio de 2008. Tenía ochenta años de amores, luchas y soledades: la historia nuestra.

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1 El Foro y otros cafés, bares y librerías de Corrientes permanecían abiertos toda la noche hasta los años 90.

2 “Todo lo que sé lo aprendí en los cafés” dirá muchos años después Eduardo Galeano, el autor de “Las Venas Abiertas de América Latina”, coincidiendo con Discépolo.