La Reforma Universitaria hoy

En 1918 se iniciaba la Reforma Universitaria en nuestro país. Primero la Universidad de Córdoba y más tarde otras casas de estudios realizaron una serie de huelgas, muchas de ellas finalizaron con gran violencia. El objetivo primordial era la modificación de los planes de estudios profundamente monitoreados por la Iglesia. La clase media en ascenso no encontraba su lugar en la vieja política de los grandes terratenientes que manejaban el país. Así surgió la necesidad de luchar por la democracia educativa y la participación de los estudiantes en el gobierno de las universidades. Si bien la negociación con el entonces gobierno de Hipólito Irigoyen no fue nada fácil, finalmente pudieron simplificarse los criterios de ingreso y los planes de estudio se modificaron considerablemente; pero el paso más importante en el proceso democratizador fue la creación de nuevas universidades en todo el país que garantizaron el acceso de las clases medias a la educación superior. Los jóvenes de aquél entonces, hijos de inmigrantes en su mayoría, cuestionaban además la distante relación entre la Universidad y los problemas de la sociedad.
Las ideas de estudiantes y docentes y sus principales conquistas se vieron amenazadas por el golpe de estado que sufrió el segundo gobierno de Irigoyen en 1930.

La dictadura de Uriburu intervino las universidades anulando el régimen de autonomía y cogobierno establecido desde la Reforma Universitaria de 1918. Este régimen autoritario y represor dejará profundas consecuencias en la sociedad y la juventud. Si bien el ascenso de Perón al poder en 1946 generó cambios favorables en la sociedad argentina, las universidades nacionales no se llevaron la mejor parte. La Federación Universitaria de Buenos Aires se opuso al peronismo y existieron grandes enfrentamientos entre el gobierno y los estudiantes y docentes antiperonistas. La consigna de los peronistas en aquél entonces:«Alpargatas sí, libros no» era contra los intelectuales de las clases medias. Esta situación de tensión se vio paradójicamente acompañada de una importante redistribución de la riqueza en las clases más bajas; lo cierto es que por primera vez muchos hijos de obreros pudieron acceder a la educación universitaria. En 1955 Perón era derrocado por un grupo de militares. La llama-da Revolución Libertadora detentó el poder hasta 1958, cuando Arturo Frondizi obtuvo la presidencia luego de realizar un pacto con Perón. Durante los tres años que duró su gobierno, y con el peronismo proscripto, se llevó a cabo una enorme modernización en las facultades. Volvió a respetarse la autonomía universitaria, se modificaron los planes de estudio y se realizaron grandes inversiones en investigación. La idea principal era aplicar un modelo de progreso económico que se conocerá como desarrollismo. Frondizi fue derrocado por un nuevo golpe y se dio un corto período de democracia con el presidente Arturo Illia que duró tres años. En 1966 Juan Carlos Onganía, al frente de un gobierno dictatorial, decreta la intervención de las universidades nacionales, y ordena a la policía que reprima para expulsar a estudiantes y profesores. El 29 de julio de 1966 se produjo un violento desalojo de cinco facultades de la UBA que se oponían al cese de la autonomía. Este episodio conocido como La Noche de los Bastones Largos le costó la vida al estudiante Santiago Pampillón, generó el éxodo de profesores e investigadores y la supresión de los centros de estudiantes. La vuelta de Perón al poder fue un alivio para los intelectuales peronistas, pero se vio opacada por su política cada vez más autoritaria contra los opositores al régimen. Muchos profesores fueron desplazados de sus cargos y las universidades se intervinieron para eliminar toda oposición política. 1976. El gobierno peronista fue interrumpido por una feroz dictadura militar que intentó desactivar la organización de los estudiantes para eliminar todo esbozo de pensamiento crítico en las facultades. El costo en vidas humanas fue altísimo en esta etapa oscura de nuestra historia.

Con la vuelta de la democracia en 1983 se renovaron las esperanzas para los estudiantes. Muchos intelectuales volvieron del exilio y retomaron sus cargos, generando un clima muy rico en producciones teóricas. Esta nueva etapa fue interrumpida por el gobierno de Menem, que recortó el presupuesto universitario, privatizo los postgrados, y acomodó los planes de estudio a las necesidades de la economía financiera. Así varias facultades se adaptaron a las demandas del mercado y se convirtieron en formadoras de pasantes baratos para importantes empresas; otras pudieron frenar estas medidas con la acción conjunta de docentes y estudiantes, que impidieron la aplicación de la Ley de Educación Superior. Con el ascenso del kirchnerismo muchos sectores renovaron sus esperanzas de una mejora presupuestaria, ampliaron estas casas de estudios en todo el país y el número de estudiantes universitarios de menos ingresos que asisten a universidades creció exponentemente en los últimos años.

Hoy en día las universidades se caen a pedazos y actualmente son sostenidas por la buena voluntad de miles de docentes que trabajan sin remuneración. Mientras la matrícula crece, expresando que todavía son muchos los jóvenes que quieren formarse en universidades públicas, los edificios colapsan y las condiciones de cursada se dificultan cada día más. La situación ha llegado a tal punto que varias facultades de la Universidad de Buenos Aires declararon la «Emergencia Presupuestaria».
Lo cierto es que al gobierno de turno no le interesan las alpargatas ni los libros, tampoco el bienestar de lo que denomina gente. La gente es la masa informe de lo que ellos consideran consumidores, delincuentes, trabajadores, piqueteros, periodistas, motochorros que conforman la base de datos de la mátrix que intentan controlar a través de las redes sociales y los medios de comunicación comerciales. “Nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad”, dijo la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal en una charla en el Rotary Club el año pasado. Criticaba la creación de nuevas universidades en la Provincia de Buenos Aires, que cuenta con 14 universidades nacionales públicas ubicadas en distintos municipios del conurbano bonaerense. Diez de ellas creadas en los últimos 15 años.
El desafió que tenemos por delante como ciudadanos y ciudadanas es comprender que la educación pública es un derecho inherente al ser humano. Este es el primer paso para enfrentar a una clase política que prefiere relacionar a la ‘gente’ con las drogas y la delincuencia antes que abrirle la puerta al conocimiento.

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