Les disidentes

por Mariane Pécora

El 28 de septiembre de 2018 se transformó en el punto de inflexión que determinará un antes y un después en la historia del Colegio Nacional Buenos Aires. Ese día, 30 mujeres y sexualidades disidentes denunciaron la violencia machista que sufrieron por parte de autoridades, profesores, regentes y compañeros, durante los años que transitaron las aulas del establecimiento considerado como el más excelso del país.

Fundado por los jesuitas en 1661, el colegio Nacional Buenos Aires se expone como semillero preuniversitario de personalidades ilustres. Emplazado en la denominada Manzana de las Luces, a lo largo de su historia atravesó una serie de transformaciones. La más trascendente fue la de 1959, cuando se convirtió en un colegio mixto y laico. No obstante, entre 1892 y 1907 hubo mujeres que lograron traspasar la coraza viril, entre ellas la escritora, periodista y docente Adda María Elflein, primera egresada del Nacional Buenos Aires en el año 1900.

Cuerpos y disidencias
El 29 de septiembre de 2018, la ceremonia de entrega de diplomas de alumnas y alumnos egresadas/os en 2016 se presentaba con la solemnidad habitual. Hubo sí algunos rasgos distintivos. En la mayoría de las divisiones los discursos de las mujeres giraron en torno a la forma en que el movimiento feminista atravesó su adolescencia dentro del colegio. Un dato significativo en una población mayormente compuesta por varones.
La llama que encendió la mecha estuvo a cargo del grupo de mujeres y disidencias sexuales egresades del turno mañana 2016. Antes de comenzar a leer, hicieron pasar a sus compañeres, que ingresaron con la correcta irreverencia de quien exige ser escuchado/a. “Venimos a denunciar la violencia institucional ejercida y avalada por la comunidad educativa hacia nosotres. Les pedimos que por un momento nos presten su atención dado que las experiencias que tenemos para contarles fueron y siguen siendo sumamente dolorosas”, comenzaron diciendo, tras lo cual detallaron situaciones de acoso sexual, discriminación, violencia e insinuaciones de parte de estudiantes, docentes y regentes. Responsabilizaron a las autoridades del Colegio y dieron los nombres de cada uno de los agresores.

Zoe
El video que se viralizó en las redes sociales, muestra en primer plano el rostro de Zoe. Es delgada, menuda, exhibe en su cuello un pañuelo verde. Por momentos se conmueve. Al finalizar el discurso, estalla en llanto y abraza a sus compañeres.
A un mes de la “revolución de las disidencias”, Zoe participa de charlas y encuentros de mujeres, como la que se llevó a cabo en la Universidad Nacional de las Artes en el marco del VII Foro de AReCIA, donde tres generaciones de mujeres: abuelas, madres e hijas debatieron juntas sobre el camino a seguir tras el impresionante empoderamiento feminista que abrió la Marea Verde: la voluntad y el deseo de decidir sobre nuestras cuerpas.

Pibas Coraje
Miércoles por la tarde, barrio San Cristobal. Zoe está sentada frente a nosotras en la mesa de un bar ruidoso a escasos metros de la facultad de Psicología, donde cursa el primer cuatrimestre. Acusa 19 años, viste una remera rayada, tiene el pelo recogido y unos anteojos gatunos de marco rojo. Su padre es psicólogo, su madre docente. Explica que eligió psicología mucho antes de la “revolución de las disidentes”. Le interesa escuchar, entender, interpretar. A nosotras nos interesa saber. Y Zoe sabe contar. “La historia comenzó cuando un grupo de amigas pensamos en no presentarnos a recibir el diploma como un acto de de rebeldía. Pero luego, hablando con pibas y pibes de otras divisiones descubrimos que habíamos padecido las mismas violencias”. Entonces treinta compañeres del turno mañana pusieron en marcha una aceitada logística para redactar un manifiesto.

“El antecedente de esto fue un escrache anónimo a una agrupación estudiantil denominada El Joda que se dedicada a burlarse, acosar, molestar, maltratar a mujeres, bisexuales, gays, gordas, gordos y a cualquiera que no cumpliera con la regla de heteronormalidad establecida. Lo hicimos poniendo en palabras la violencia sexual que padecimos dentro de la escuela, pero también poniendo el cuerpo. Lo hicimos denunciado con nombre y apellido a los responsables, porque coincidimos en que ésta es una práctica común por la que atraviesan todas las mujeres y disidencias sexuales, no sólo en el Nacional Buenos Aires, sino también en otros establecimientos educativos. Lo hicimos para poner esta situación en una voz colectiva. Y sabemos que lo hicimos bien, porque nos han llegado agradecimientos y testimonios de personas que pasaron por lo mismo”, dice Zoe.

El miedo y rabia
La pregunta es de rigor. Y Zoe reconoce que no sintieron miedo, sino temor. Se imaginaron distintas reacciones por parte de las autoridades del Nacional. “Una de las cuestiones más llamativas fue que ninguno de los nombrados en el discurso estuvo presente en la entrega de diplomas, ni siquiera el rector, que es quien se supone que debe oficiar de maestro de ceremonias”, dice y agrega: “Personalmente estaba muy conmocionada, vi cómo los docentes nos miraban asombrados desde las primeras filas. Luego hubo docentes que se acercaron a felicitarnos. Hubo docentes que se sintieron interpelados como componentes de la institución. Hubo docentes que se sintieron interpeladas porque también fueron víctimas de acoso sexual. Hubo un profesor que se acercó a decirnos que estaba muy avergonzado como hombre y vinculó su falta de reacción a la responsabilidad que no asumió”.

“Para nosotras leer este texto fue una manera de resignificar y adueñarnos de un espacio que nos fue negado durante muchos años. Y manifestarlo durante una ceremonia tan importante y protocolar como la entrega de diplomas del Nacional Buenos Aires, sirvió para poner en palabras lo que que está tan naturalizado dentro de la sociedad y nadie ve, como son los constantes femicidios de adolescentes que se suceden en nuestro país”, añade.

La tarima del poder
En el Nacional Buenos Aires la relación de jerarquías está naturalizada. Un ejemplo de esto es que los profesores dictan sus clases aupados en una tarima. No con el afán de ser mejor escuchados, sino para jactarse de su nivel jerárquico ante los alumnos; quienes están obligados a recibir a los docentes de pie. Afortunadamente éste no es el caso de todos los establecimientos educativos, pero es una muestra cabal de una ficticia heteronormatividad que promueve comportamientos violentos orientados, en particular, a las disidencias físicas o sexuales. Es decir, hacia aquellas personas que no responden al modelo jerárquico instaurado desde la tarima del poder.

La tarima de lo sexual
“En realidad, desde las agrupaciones estudiantiles siempre existió hostigamiento permanente hacia las sexualidades disidentes. En el caso de las lesbianas, salvo que no cumplas con la heteronormalidad y por ejemplo, seas gorda, la mayoría están hipersexualizadas y siguen siendo objetos de consumo para el goce masculino. Pero siempre el ensañamiento fue contra los varones homosexuales. La cuestión es poner el dedo en la llaga en las personas que se salen de lo establecido como ‘normal’”, dice Zoe y reconoce que a partir del primer Ni Una Menos, mujeres y disidencias sexuales tuvieron la oportunidad de colocarse en un plano de igualdad respecto a sus pares masculinos. “La expansión de la era feminista los atravesó y entonces hubo una relación más proporcional. Pero cuando nosotras ingresamos en 2012, la diversión no era una chicana, sino hacer que la pasáramos mal. Y generalmente la agresión se sistematizaba en especial con aquellas personas que no querían expresar su sexualidad”.

Abuso a la carta
El año pasado, Gustavo Zorzoli, rector del Nacional Buenos Aires, hizo público un caso de abuso sexual que sufrió una alumna durante una toma del Colegio por parte de los y las alumnas. La intención de Zorzoli fue aprovechar esta situación para desprestigiar la medida de fuerza, descuidando y desconociendo la voluntad de la víctima de dar a conocer este hecho.

La ESI, esa nebulosa
La Ley de Educación Sexual Integral (ESI) existe desde el año 2012, es decir que debió aplicarse cuando Zoe y sus compañeres comenzaron a cursar en el Nacional Buenos Aires. La cosa no fue así. “En segundo año cursamos una materia que se llama Educación para la salud, que tiene talleres por cuatrimestre. Uno estaba relacionado a los trastornos alimenticios. Y otro, relacionado a educación sexual, particularmente a enfermedades de transmisión sexual”.
“Nunca se nos brindó información acerca del consentimiento, del placer, del goce. La sexualidad aparece mucho antes de la adolescencia, pero de eso no se hablaba. Tampoco se nos brindó información acerca del derecho a elegir una identidad sexual disidente. Las relaciones homosexuales ni siquiera estaban mencionadas como posibilidad. Todo lo que recibimos en materia de Educación Sexual Integral fue un par de datos inconexos. Mientras que la Ley de Educación Sexual Integral debe atravesar todas las materias durante todos los años lectivos, nosotres en el Nacional Buenos Aires tuvimos un taller cuatrimestral de dos horas en segundo año. Eso fue todo. Ni elección sexual, ni aborto, y ni hablar de abuso y/o consentimiento. Nada de lo que vos explorás a partir del crecimiento y del desarrollo hormonal, existe.
“Mientras que en los varones lo hormonal es considerado como lo normal, para las mujeres el tema sigue siendo un tabú. Se nos considera algo que está ahí para ser tomado. Nunca se pensó que atravesar la adolescencia en una situación de igualdad fuera plantearse que lo hormonal es común a todas las sexualidades”.

Naranjo en flor
Después, ¿qué importa el después?, se pregunta el tango y es el interrogante que ronda tras la acordada de las 30 mujeres y disidencias sexuales que le pusieron cuerpa y voz a los atropellos machistas dentro del Nacional Buenos Aires. La primera medida que tomó la Universidad Nacional de Buenos Aires fue desvincular al personal involucrado en los casos de abuso. En paralelo, se organizó una comisión para que todas las personas que vivenciaron situaciones de violencia pudieran expresarse. “Pero sabemos que pese a esta oficina, los casos de acoso y violencia siguen sucediendo. Lo que falta es un espacio de contención donde las pibas puedan ser escuchadas y se sientan seguras de que no recibirán ningún tipo de represalia por parte de los profesores o autoridades de la escuela”, opina Zoe.

Pensar en verde
“Creo que dentro del Nacional Buenos Aires, se está llevando una ardua batalla para equiparar la cuestión entre hombres y mujeres. Esto pasa porque los varones se sintieron interpelados ante la marea feminista. El manifiesto leído durante la entrega de diplomas no fue el detonante, sino la consecuencia. Estamos viviendo una etapa donde los varones deben comenzar a deconstruir su rol patriarcal. Esta es una tarea que además se debe este Colegio, que históricamente se caracterizó por encarar un abordaje del pensamiento crítico. Y, en este sentido, el empoderamiento de las mujeres debiera ser el principal tema de este abordaje”, finaliza Zoe

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