Centro Cultural San Telmo

por Mariane Pécora

Reflejo de la arquitectura colonial en Río de la Plata, el edificio ubicado en la calle Humberto Primo 378 del barrio de San Telmo es testigo de la transformación social y urbanística de la ciudad. Su construcción se inició hace 288 años, cuando Buenos Aires era una aldea frondosa, salpicada de arroyos y habitada por unos pocos colonos. En su larga historia este inmueble tuvo diversos usos, desde residencia jesuítica hasta cárcel de mujeres. En 1982 fue declarado patrimonio histórico y en la actualidad alberga el Museo Penitenciario Argentino Antonio Ballvé; la Fundación Mercedes Sosa y el Centro Cultural San Telmo, conformado por organizaciones sociales de significativa inserción territorial en la Comuna 1.
Este último colectivo, integrado por el Instituto Isauro Arancibia; el CESAC 15; la Olla Popular de Parque Lezama; la Comisión de Trabajo y Consenso ex Centro de Detención y Exterminio Club Atlético; la revista Hecho en Buenos Aires y la Biblioteca y Librería Popular Literatura Inclusiva (Bylpli), que desarrolla actividades culturales y de promoción de los derechos humanos, para y con la comunidad, en forma coordinada con la Fundación Mercedes Sosa. Realizó el domingo 29 de octubre un festival en homenaje a Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo, Línea Fundadora, y al Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel. Madrina y padrino de este espacio.
En el extenso patio de este edificio, cientos de vecinos, vecinas y turistas disfrutaron de las actuaciones de los y las artistas del barrio, danzaron con la pareja de tango Roxana y Yoel, corearon transgresoras coplas con La Ferni y se entregaron al embrujo de la voz de Alexia Massholder. Y tuvieron también la oportunidad de saborear las delicias que se cuecen en la panadería del Isauro Arancibia. Uno de los momentos más emotivos de la jornada lo protagonizó Nora Cortiñas, quien recorrió una de las galerías saludando a los presentes. Más tarde, sentada frente al público, lentamente colocó el pañuelo blanco sobre su cabeza, la fotografía de su hijo desaparecido sobre el pecho y anudó otro pañuelo verde en el puño izquierdo.
Araceli Matus, música, compositora y nieta de Mercedes Sosa, junto a Alexia Massholder iniciaron el acto interpretando “Bella Ciao”. Nora Cortiñas dedicó este homenaje a todas las Madres de Plaza de Mayo. “A las que ya no están y a las que ya no pueden concurrir, pero siempre están presentes”, dijo y recordó que cada jueves en Plaza de Mayo es un nuevo reencuentro con los 30.000 detenidos desaparecidos. “¡Porque, son 30.000!”, enfatizó. Como madrina del Centro Cultural San Telmo, destacó la importancia de que ese histórico edificio esté abierto al pueblo para que este sea protagonista de su propio destino. En este sentido, llamó a los políticos a dejar de lado las rencillas estériles y gobernar de una vez por todas para y por el pueblo.
Las Madres de Plaza de Mayo junto a Adolfo Pérez Esquivel conformaron un sólido núcleo de resistencia durante la última Dictadura cívico-militar-eclesiástica que, tras cuarenta años de democracia, continúa trabajando en la defensa de los derechos humanos, por la verdad, la memoria y la justicia.
“Me acuerdo de que aquí estaba la cárcel de mujeres El Buen Pastor. La Iglesia de San Telmo, que toma el nombre del barrio, y después pasábamos a la República de la Boca, entonces no necesitábamos pasaporte ni aduana, bastaba una sonrisa y cruzábamos una frontera”, rememoró Adolfo Pérez Esquivel, que nació y creció en el barrio. Aseguró que entonces, las bibliotecas populares le permitieron recorrer el mundo a través de las páginas de los libros. “El mismo mundo que hoy atraviesa una situación muy difícil, de profundo dolor e injusticia”, apuntó y manifestó su solidaridad con el pueblo palestino, por su derecho a la vida y al territorio. En el mismo sentido, se expresó respecto a Haití y Guatemala. Opinó, también, que en nuestro país se cumplen 40 años de democracia con muchas luces y sombras. “La democracia no se regala, la democracia se construye y el pueblo es responsable de la construcción democrática”, enfatizó. Por lo que celebró que este espacio siga en manos de las organizaciones sociales del barrio. “No tenemos que perder la esperanza de que otro mundo es posible. Ustedes lo están haciendo posible aquí, en este lugar”, afirmó Pérez Esquivel y convocó a defender la alegría, “porque un militante nunca puede estar amargado, debe tener la firmeza de que otro mundo, más digno y justo para todos y todas, es posible”.
Tras estas palabras, y a pedido de Nora Cortiñas, Matus, Massholder, el público y los homenajeados interpretaron el tema de María Elena Walsh “Como la Cigarra”. La actuación del ballet folclórico dirigido por Lucia Beque y la banda Pacha Cumbiambera cerraron la jornada.

Un centro cultural para el barrio
Desde hace dos años, el Centro Cultural San Telmo realiza actividades culturales gratuitas, brinda talleres y formación en Derechos Humanos en la Fundación Mercedes Sosa, para integrarse en culturas y saberes a una comunidad agobiada por la continua gentrificación del barrio. En diciembre, la Fundación se muda al Centro Cultural Borges. El anhelo es que, para entonces, la Agencia Administradora de Bienes del Estado les otorgue el permiso de uso y que la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación declare el “Espacio para la Memoria Histórica”.
Para María Elena Follini, exdirectora del CESAC 15 y presidenta del Centro Cultural San Telmo, es fundamental continuar en el edificio de Humberto Primo 378. Como médica, entiende que los espacios de disfrute al aire libre son fundamentales en el cuidado de la salud. “El barrio de San Telmo está habitado por muchas familias que viven en casas colectivas o edificios sin espacios abiertos. El patio del edificio ofrece, además de dispositivos de juego y recreación, aire y sol para niñeces y adultos”, dice y destaca el carácter gratuito de las actividades culturales que desarrolla.
“Sabemos qué hace falta restaurar el edificio”, dice Francisco Ramos, representante de la Comisión de Trabajo y Consenso ex Club Atlético, y añade que los maestros y alumnos de la Escuela Taller del Casco Histórico están dispuestos a hacer las restauraciones necesarias. Para Ramos, la apropiación comunitaria de ese espacio físico significa recuperar la memoria histórica, no solo de ese sitio, sino también del país.
“Contar con un espacio donde compartir aprendizajes y generar debates culturales, es fundamental para el fortalecimiento de nuestras raíces y nuestra historia”, agrega María Elena.
“En el barrio hay mucha gente que no tiene la posibilidad de acceder a bienes culturales o no cuenta con espacios adecuados donde producirlos. Este lugar puede cubrir esa necesidad desde una óptica identitaria”, explica el psicólogo Eduardo Tissera, representante del CESAC 15.

Paredes con memoria.
La organización de una ciudad es el reflejo de la interacción entre las élites de poder y el resto de la sociedad. La historia de este edificio confirma este supuesto; su origen se remonta a 1735, cuando los jesuitas inician la construcción de un templo, un colegio de primeras letras y una casa de ejercicios espirituales para hombres. En 1767 esta residencia oficiará de prisión de los jesuitas deportados a España. En 1768 se convierte en refugio de meretrices, mujeres extraviadas y del mal vivir. En 1780 la Orden Bethlemita instala un centro asistencial. En 1795 esta orden traslada aquí el hospital general de hombres. Durante las invasiones inglesas estará a cargo de la Junta de Temporalidades, que lo destina a depósito y cuartel. En 1810 fue usado como hospital militar. En 1822 pasa a la jurisdicción estatal, que le asigna distintos destinos: hogar de enfermos mentales, penitenciaría de mujeres y deudores, y albergue de menores abandonados. El periodo más extenso de uso que tuvo ese edificio fue desde 1890 a 1974, cuando funcionó como asilo correccional de mujeres o cárcel de mujeres, administrada por la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, orden religiosa de origen francés a cargo de la gestión de institutos de detención para mujeres en todo el mundo. A partir de entonces albergó tanto a mujeres que cometían delitos como a mujeres políticamente incorrectas. Entre las que destaca la escritora anarquista Salvadora Medina Ornubia, que en 1931 entre estas paredes escribió la carta de desprecio al general José Félix Uriburu. Veintiún años después, este sería el destino de una de las mujeres más representativas de la aristocracia vernácula, Victoria Ocampo, que permaneció detenida durante 26 días por orden del Gobierno peronista en 1953, tras los bombardeos a Plaza de Mayo. La población de presas políticas se incrementó notoriamente a partir del golpe de Estado de 1955. Acusadas de traición a la Patria y asociación ilícita, Eduardo Lonardi, líder de la Revolución Libertadora, ordenó la detención de las 32 senadoras y diputadas nacionales, electas por primera vez en los comicios de 1951. En 1971 se produce la espectacular fuga de cuatro presas políticas. En 1974, la orden del Buen Pastor desiste y la cárcel de mujeres es trasladada al penal de Ezeiza. El edificio pasa a la órbita del Servicio Penitenciario Federal y, en la planta alta, comienza a funcionar la Academia Superior de Estudios Penitenciarios. En 1980, se inaugura el Museo Penitenciario Argentino Antonio Ballvé. En 2011, se asigna parte de este edificio a la Fundación Mercedes Sosa. En 2020, durante la pandemia de Covid-19, se gestionó una olla popular para las familias del barrio sin ingresos. Y desde 2021 funciona en esas instalaciones el Centro Cultural San Telmo.

Fotos: Periódico VAS

 

 

 

 

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