Las putas de San Julián

por Marcelo Valko

Hoy, 18 de febrero, es un nuevo aniversario del nacimiento de Osvaldo Bayer, pero prefiero hablar de otra fecha cercana. Hay efemérides de toda clase y color, en general destinadas a glorificar a los héroes que el poder fáctico subió a altos pedestales y que aparecen en las láminas de los libros escolares, cuando en realidad cargan un frondoso prontuario, a los que tarde o temprano desmonumentaremos. También existen otras conmemoraciones que no figuran en el almanaque. Días que recuerdan aquello que la memoria oficial arrojó a los márgenes, que la historia desmemoriada ocultó bajo la alfombra de la vergüenza y, sin embargo, son valerosas gestas populares.
Sin embargo, hay otras fechas, como el 17 de febrero de 1922, que permanecen indelebles en la memoria de los pueblos, una memoria subterránea que transcurre en paralelo. Esos episodios dejados de lado, sepultados por el poder, suelen ser rescatados y emerger por investigadores muy valiosos a quienes sólo les inspira la verdad. Por eso se esmeran en buscar las pruebas para darlas a conocer. Uno de estos casos tiene que ver con la minuciosa tarea que durante años llevó a cabo Osvaldo Bayer sobre las huelgas patagónicas de hace un siglo, reprimidas con una ferocidad inusitada por el Ejército en la provincia de Santa Cruz en manos del teniente coronel Varela.
Como sabemos, gracias a su texto “La Patagonia Rebelde”, los obreros que trabajaban en las estancias con las ovejas solicitaban condiciones mínimas de trabajo, como, por ejemplo, tener velas a la noche, no dormir junto a los animales, que los botiquines de primeros auxilios no estuvieran en inglés sino en castellano, y peticiones similares. También solicitaban un aumento de sus jornales, porque lo que cobraban no alcanzaba siquiera para la reproducción de la mano de obra. Por estas exigencias fueron fusilados, sin contemplación alguna, cerca de mil quinientos trabajadores que luego fueron enterrados en fosas comunes, y que la investigación de Bayer desnudó. Ahora bien, la idea de este artículo no es contar un libro de quinientas páginas, muy bien escrito, sino mencionar un episodio que ocurrió al final de la matanza. Sucedió en Puerto San Julián. Cuenta Bayer: “Había llegado el momento del descanso para los soldados. Luego de tanta tensión venían las ganas de no hacer nada, venían las ganas de sexo. Fusilar había sido un oficio agotador y un recuerdo desagradable”. La tropa estaba en ese puerto, esperando ser embarcada para regresar a Buenos Aires. Entre tanto, se avisó a la dueña del prostíbulo “La Catalana” que preparase a sus chicas, que pronto iría la primera tanda de soldados. Sin embargo, cuando apareció el contingente, la dueña de la Casa de Tolerancia, Paulina Rovira, salió desencajada a la calle y conversó con el suboficial que conducía a los soldados. Le explicó algo insólito: Las mujeres se niegan a acostarse con los soldados fusiladores… Estos decidieron ingresar de todas formas y tomar a las internas por la fuerza. En ese momento las cinco pupilas les impidieron el paso de la entrada esgrimiendo palos y escobas, gritando:
—¡Asesinos! ¡Con asesinos no nos acostamos!
Algo nunca visto. Las mujeres decidieron cerrar las piernas como gesto de rebelión. En aquellos momentos en que aún goteaba la sangre de los mil quinientos fusilados, fueron las únicas que se atrevieron a alzar la voz y calificar de asesinos a los asesinos. Si bien en esta ocasión la tropa resultó derrotada, el asunto de humillar al Ejército no podía terminar así sin más. Tomó intervención el comisario que arrestó a las cinco prostitutas y, como si eso fuera poco, también a los tres músicos que amenizaban las horas en el lupanar, que luego fueron puestos en libertad; no así las mujeres, objeto de violaciones y malos tratos de toda índole. He aquí sus nombres: Consuelo García, Ángela Fortunato, Amalia Rodríguez, María Juliache y Maud Foster. Memoria, Verdad, Justicia. Ese grito valiente de esas cinco mujeres aún retumba hace un siglo. Bayer solía decir: “A la larga, la ética siempre triunfa”. Me permito agregar: es lento, pero viene…

PD. Un reconocimiento a la Comisión por la Memoria de las Huelgas 1920/1921-El Calafate por su lucha constante contra la Desmemoria.

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