
¡Privatizan hasta el Obelisco!
Inaugurado en 1936 y declarado monumento histórico nacional en 2019, el Obelisco es más que una estructura arquitectónica: es un emblema de identidad urbana y memoria colectiva para los porteños. La decisión de concesionarlo para su transformación en un mirador turístico gestionado por privados abre el debate sobre la privatización simbólica de un patrimonio que ha pertenecido históricamente a toda la ciudadanía.
Tras perder las elecciones legislativas porteñas, el titular del ejecutivo porteño, Jorge Macri, lanzó una licitación pública para concesionar el uso comercial del ícono porteño ubicado en la Plaza de la República. La propuesta incluye «privatizar» por cinco años no solo al monumento en sí, sino también su nuevo mirador panorámico, situado a 62 metros de altura, y el Centro de Monitoreo Urbano (CMU), ubicado en Diagonal Norte entre las calles Libertad y Cerrito.
El canon base de la licitación se estableció en 14,5 millones de pesos, cifra calculada a partir de una tasación realizada por el Banco Ciudad. Este monto representa el mínimo que deberá ofrecer el adjudicatario para hacerse cargo del espacio y sus renovaciones. De esta manera, el flamante mirador panorámico, al que se accede mediante un ascensor interno, construido con recursos de ciudadanos porteños, tendrá como principal finalidad potenciar la industria del turismo.
La licitación del Obelisco porteño como si se tratara de un mero espacio comercial y turístico representa un proceso que trasciende la mera dimensión económica, implicando una serie de tensiones culturales y sociales, abre la puerta a una disputa por el valor y el uso del espacio público, donde el acceso público se verá restringido o condicionado por intereses comerciales.
Históricamente, este ícono ha sido un tradicional lugar de encuentro y manifestación para la ciudad, un escenario público donde se expresan celebraciones populares, protestas y rituales urbanos. La reconfiguración del espacio bajo una lógica de comercialización altera su papel como punto de convergencia social. La introducción de tarifas diferenciadas para turistas y residentes, por ejemplo, contribuye a una segmentación social en un sitio que se había mantenido abierto e inclusivo. Este cambio no solo modifica la experiencia cotidiana del espacio, sino que también implica una transformación en la relación entre el ciudadano y su ciudad.
Esta iniciativa se inscribe en una tendencia global hacia la espectacularización del patrimonio cultural, donde los monumentos históricos se convierten en atractivos turísticos diseñados para el consumo y la experiencia, más que para la reflexión histórica o la valoración crítica de su significado. En el caso del Obelisco, esta dinámica puede diluir su valor simbólico, que está íntimamente ligado a su condición de testigo de múltiples luchas sociales, hitos democráticos y expresiones artísticas espontáneas que han ocurrido a sus pies a lo largo de décadas.
Delegar la gestión del patrimonio en manos privadas desacopla al Estado de su responsabilidad como garante y cuidador de bienes comunes, poniendo en riesgo la preservación del valor público y el acceso universal al patrimonio cultural.