Relatos Indómitos
GRITOS O SUSURROS
por Marta García
En aquel pueblo, una niña hizo algo de la peor manera y fue lo mejor que pudo haber hecho…
Sus habitantes respiran con dificultad. Hablan tan rápido que el oxígeno no divisa los pulmones. Las conversaciones se van quedando sin aliento y terminan abruptamente cuando los labios se vuelven violetas. Antes de que la asfixia cobre víctimas fatales, deciden hablar menos porque despacio no les sale. También bajan el volumen de las voces porque cuando lo elevan, se sofocan. Les cuesta escucharse. Las palabras se quedan sin clamor y el pueblo se llena de susurros.
Hasta que la niña más sonora y con el oxígeno mejor orientado del barrio se cansa de que no escuchen lo que quiere: un triciclo. Y como hacen las personas cansadas, avisa de la peor manera.
-¡CRECIENTE!… ¡CRECIENTE!
El pueblo entero pone el grito en el cielo. Pero se han olvidado de cómo gritar fuerte. Sus vocecitas apenas alcanzan el cielo raso de las casas bajas y allí quedan colgadas hasta ponerse violetas por falta de aire.
La creciente nunca llega porque es la invención de una niña harta cuya inocencia ignora el terremoto que ha provocado. Los habitantes, al ver sus alaridos muertos contra el cielo, aprenden a hablar con oxígeno… y a poner el grito en la tierra.
Y de la peor manera logran algo mejor. La niña, su triciclo. El pueblo, su clamor. Y nosotras, una causa.
Foto: Ed van der Elsken
