La violencia de género digital es real

Todo lo que ocurre en el ámbito digital tiene sus consecuencias en los proyectos y vidas de las personas, sobre todo para las infancias, adolescencias, mujeres y diversidades. Hostigamiento, grooming, acoso, difusión de imágenes íntimas sin consentimiento son algunos de los delitos que se cometen a través de los celulares y computadoras. ¿Qué es la ciberviolencia machista? ¿Cómo se frena?

por Jesica Farias.

“Condenan a dos agentes penitenciarios a indemnizar a una compañera de trabajo por difundir sus fotos íntimas”. “Ciberacoso: alerta en un pueblo de Santa Fe por un grupo de WhatsApp con contenido sexual que capta niñas”. “Deepfake en escuelas: el caso del joven que fue acusado por crear con IA imágenes pornográficas falsas de sus compañeras”. Las violencias de género también ganan espacio en el terreno digital. En nuestras camas, casas, plazas y, desde hace un tiempo y aceleradamente, también en las pantallas. De eso se trata la ciberviolencia de género, que se ejerce a través de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, las TIC: Internet, una computadora, un celular, software, aplicaciones, redes sociales, plataformas de juego, foros. Y como todas las violencias, se basa en la desigualdad. La Ley 27.736 Olimpia Argentina, que con impulso de organizaciones de la sociedad civil y activistas se sancionó en 2023, incorporó a este tipo de violencia en la Ley 26.485 de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres.

“La violencia digital es un problema real; es importante entender que lo virtual es real. Es cualquier forma de acoso o violencia que se produce a través de Internet, redes sociales, aplicaciones de mensajería. Si bien cualquier persona puede ser atravesada por esta problemática, teniendo en cuenta que Internet no es neutral, que el algoritmo es patriarcal y que reproduce las mismas desigualdades y estructuras de poder que el plano analógico, los sectores más vulnerables, es decir, las niñas, niños, adolescentes, van a ser quienes más sufran este tipo de violencia, nos advierte Laura Sánchez, mamá de Ema Bondaruk, una adolescente de 16 años que se suicidó luego de que un compañero de escuela difundiera imágenes íntimas de ella sin su consentimiento. Hoy, poco más de un año después del fallecimiento, impulsa una guía y ley que llevan el nombre de su hija. “Son el fruto de un trabajo colectivo, con un objetivo en común: prevenir, concientizar y abordar la violencia digital en el ámbito educativo. Vamos a seguir trabajando para que no haya ni una Ema menos”, explica.

La Guía Ema es una herramienta que brinda orientaciones para que las escuelas, docentes, estudiantes y familias puedan prevenir y actuar ante casos de violencia digital, como la difusión no consentida de imágenes íntimas. Fue realizada por la familia de la adolescente junto a las organizaciones Ley Olimpia Argentina, Gentic, Faro digital, Defensoras digitales de México, Fundación encuentro por la participación ciudadana y la ampliación de derechos, y los despachos de la diputada nacional Mónica Macha y la senadora provincial Laura Clark. En tanto que el proyecto de Ley Ema es un Programa Nacional de prevención y abordaje integral de la violencia digital en ámbitos educativos con el objetivo de crear entornos digitales libres y seguros para infancias y adolescencias.

Casi todas las chicas y chicos de 9 a 17 años que residen en áreas urbanas del país están conectados, principalmente a través de dispositivos móviles y desde espacios privados como el hogar o la casa de amigas y amigos. Así lo señala el estudio Kids Online Argentina 2025 realizado por UNICEF-UNESCO. Pero, ¿ellas y ellos conocen los riesgos en el entorno digital? El grooming, la vulneración de la privacidad, la violencia simbólica que opera con mensajes sobre los cuerpos hegemónicos y las apuestas online, entre otros, prevalecen en un universo que seguirán clickeando. “Es importante —aporta Sánchez— reconocer que la violencia digital no es un problema individual, sino que es un problema social y estructural que requiere un marco legislativo urgente para poder trabajarlo de forma colectiva, sobre todo en las escuelas”. De eso se trata, de legislar, sí, pero también de capacitar, conversar y trabajar comunitariamente.

Olimpia y la violencia que no se toca, pero se siente

“El impacto de este tipo de violencia es completo y es muy desfavorable porque la digitalidad hoy en día es una de las formas de construcción de sentido, de construcción de identidad y de subjetividad”, resume Laura Balbastro, psicóloga y voluntaria en Gentic, organización contra la ciberviolencia de género que también impulsó la Ley Olimpia Argentina. Este tipo de agresiones machistas que ocurren en la web va desde la difusión de imágenes sin consentimiento a los discursos de odio —esos que tanto acostumbran los funcionarios de este Gobierno— estereotipados en internet, el acoso, las amenazas y extorsión —generalmente, la sextorsión—, el control y el robo de datos personales —el doxxing—.

Según datos de Amnistía Internacional, una de cada tres mujeres argentinas de entre 18 y 55 años sufrió violencia digital. El 59% recibió mensajes sexuales o misóginos, el 34% mensajes abusivos y el 26% amenazas psicológicas o sexuales. Mientras tanto, el Gobierno recorta las políticas públicas en materia de género y diversidades. “El Proyecto de Presupuesto 2026 deja sin partida al Programa Acompañar y a la Línea 144. Sólo financia ‘Protección de Víctimas de Violencia’, desdibujando la especificidad de género, sin dejar en claro qué contempla, y con un recorte total del 89% frente a 2023”, señalaron desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) en la previa del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y Disidencias. Este año, el lema del 25N es «ÚNETE para poner fin a la violencia digital contra las mujeres y las niñas». En nuestro país y en todo el mundo, la ciberviolencia de género avanza click a click.

Como cada avance de los feminismos y movimientos de mujeres, lesbianas, travestis y trans, la Ley Olimpia Argentina llega con la lucha de muchas, muchísimas otras. Desde México, tal es este caso, y de la mano de Olimpia Coral Melo, quien a sus 18 años fue víctima de la difusión no consentida de material íntimo. La defensora de espacios digitales libres de violencia batalló por una ley en su país: en 2021 se convirtió en Ley nacional. En una entrevista que le dio a la periodista feminista Luciana Peker hace algunos años, fue clarísima: “Y como es en Internet, como es digital, se entiende que no existe porque no lo puedes ver y no lo puedes tocar, pero te violan. Para una víctima de ese tipo de violencia es como si la violaran sin penetrarla. No necesitan tocarla para violar su cuerpo. Y no solamente su posible agresor, sino todos quienes están alrededor de ella, quienes le dan like, quienes le dan compartir”.

Peker, quien conversó con Olimpia, es hostigada y amenazada sistemáticamente a través de plataformas digitales desde que acompañó a Thelma Fardin en su denuncia contra Juan Darthés. El ataque a las periodistas fue analizado por Amnistía Internacional en su informe «Muteadas: el impacto de la violencia digital contra las periodistas«, que reveló que el 63,5% de las periodistas mujeres y con diversas identidades de género en Argentina han sido víctimas de algún tipo de violencia digital en los últimos seis años. De ellas, un 98,3% fue objeto de insultos aislados, mientras que un 85,6% fue víctima de hostigamiento o trolleo. Un 45,9% de las periodistas experimentó acoso sexual o amenazas de violencia sexual y un 44% amenazas de violencia física. Sí, ellas se exponen a los mismos riesgos que sus compañeros varones cuando investigan o informan, pero —y los peros son muy importantes— corren riesgos específicos derivados de su género.

Machismo online y offline

Consultamos a Balbastro sobre las otras normativas en las que se está trabajando para erradicar la violencia de género digital. “Gentic —recapitula— presentó en total cinco proyectos. Uno se convirtió en ley, que es la Ley Olimpia. También presentamos el proyecto de Ley Belén, que es para poder tipificar la violencia de género digital y poder sumarla a los delitos contemplados en el Código Penal. En 2024 perdió su estado parlamentario y volvimos a presentarlo. Luego, la Guía y Ley Ema, y otros dos: uno sobre la suplantación de identidad y otro en materia de hostigamiento digital”. Con amargura, agrega: “En este momento, el Congreso está debatiendo otros proyectos y se están peleando por un montón de otras cosas y esto quedó en segundo plano. Es triste, pero, bueno, es la realidad que tenemos en este momento frente al avance de la derecha”.

La ciberviolencia frena proyectos de vida de mujeres, disidencias, infancias y adolescencias: de Ema y también de Belén San Román, quien puso nombre a otro proyecto de ley. Ella era una joven bonaerense de 25 años, madre de una niña y un niño. Otro varón difundió un video íntimo sin su consentimiento. En ese sentido, Sánchez reflexiona: “Creo que la ESI es fundamental para erradicar las violencias machistas y trabajar contra la violencia digital de género porque aborda temas como la igualdad de género, el respeto mutuo, la comunicación y el consentimiento, que son clave para prevenir todas las violencias. Al transmitir esos valores, se dan herramientas para reconocer y rechazar comportamientos violentos y discriminatorios en línea”.

¿Qué pasa en la Ciudad de Buenos Aires?

Hace algunas semanas, el Ministerio de Educación de CABA bloqueó el acceso a Roblox —una plataforma de juegos— en todas las redes escolares de su territorio. “La medida fue de carácter preventivo, luego de que familias de una escuela estatal reportaran un presunto caso de grooming (acoso sexual digital) ocurrido fuera del ámbito escolar, lo que encendió las alertas sobre el uso de esta plataforma dentro del entorno educativo”, indicaron desde el Gobierno porteño. La acción se suma a un plan integral para proteger a infancias y adolescencias de contenidos digitales perjudiciales, como sitios de apuestas.

 

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