Tarifas: la factura que llega, el Gobierno que juega y la plata que no alcanza
Mientras el Indec retoca la metodología del IPC para que los números cierren, las familias porteñas abren la factura de luz, gas, agua y bondi y se preguntan si viven en el mismo país que el presidente Milei. Una familia tipo del AMBA gastó casi 200 lucas en servicios en febrero. La suba interanual es del 41%, diez puntos por encima de la inflación oficial. Y si miramos para atrás, la sangre se hiela: desde que llegó Milei, las tarifas aumentaron 593% contra un 200% de inflación general. Bienvenidos a la Argentina de los números maquillados y los bolsillos vacíos.
por Melina Schweizer
Acá estamos, arrancando la semana con la noticia de que el INDEC no te va a contar en el próximo informe, pero que todos los meses llega puntual a tu casa dentro de un sobre verde, celeste o blanco, según la empresa que te mate la ilusión. Las tarifas de los servicios públicos en el AMBA se fueron al carajo otra vez. Y no es una metáfora.
El Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP, dependiente de la UBA y del Conicet (sí, esos científicos que el gobierno quiere echar, pero después usa sus números cuando le conviene), acaba de soltar un informe que debería estar en tapa de todos los diarios, pero que seguramente será sepultado por la pelea entre libertarios y radicales por cualquier otra cosa. Ahí va el dato: un hogar tipo del AMBA —de esos con laburantes que viajan en bondi, prenden el aire acondicionado con culpa y cierran la canilla mientras se lavan los dientes— gastó en febrero 192.181 pesos en luz, gas, agua y transporte.
Sí, leíste bien. Casi doscientos mil mangos. En servicios. En un solo mes.
Los números (por si a alguien le queda duda)
Vamos por partes, porque la cosa tiene más vueltas que el subte D en hora pico.
La cifra representa una suba interanual del 41%. ¿Y cuánto dio la inflación general en el mismo período? Alrededor del 31%, según las estimaciones que manejan quienes saben. Diez puntos de diferencia. Las tarifas le están ganando a la inflación por goleada, y el que pierde sos vos, que llegás a fin de mes haciendo malabares.
El informe del IIEP aclara que en febrero hubo una leve baja del 0,3% respecto de enero, pero no te emociones: fue porque en febrero consumimos menos luz y gas (hace menos calor y menos frío, cosas de la estacionalidad), no porque el gobierno haya tenido un ataque de bondad. Los precios, en realidad, siguieron subiendo como panadería de barrio.
El transporte: la joya de la corona
Si desglosamos el tarifazo por rubro, el que se lleva la medalla de oro es el transporte. Subió 56% interanual. ¿Y cuánto representa eso en la canasta total? Nada menos que 23 de los 41 puntos de aumento. O sea, casi la mitad del golpe te lo llevás viajando.
Acá hay una perlita burocrática que merece ser contada: los colectivos porteños ajustaron su tarifa por IPC más 2% (un 4,8% en febrero), mientras que las líneas nacionales (esas que cruzan la General Paz y conectan la Capital con el conurbano) mantuvieron el precio congelado durante febrero. Pero ojo, porque ya anunciaron un tarifazo del 31% para esta semana. Así que prepárate, que el bondi no perdona.
La Luz y el Gas: facturas que llegan con sorpresa
En electricidad, la suba interanual fue del 35%. El cargo variable para usuarios sin subsidio trepó un 14,1% en febrero, justo cuando el consumo bajaba por el fin del verano. Una combinación perfecta: pagás más por menos.
El gas, por su parte, aumentó un 37% interanual. En febrero, el cargo fijo subió 3,2% y el variable 20% en promedio. La explicación oficial es que esto se debe a la quita total de los subsidios durante el período de verano para todos los usuarios, especialmente para quienes todavía recibían alguna ayuda. Traducción: Te sacaron el subsidio justo cuando más necesitabas el aire acondicionado.
El agua, la más «moderada» de la familia, subió «sólo» 19%. Sigue un sendero de incrementos mensuales con topes del 4% hasta abril. Una ganga al lado del resto.
La comparación que duele (y que el gobierno no quiere que hagas)
Ahora viene lo mejor. El informe del IIEP también midió qué pasó con las tarifas desde que Javier Milei asumió la Presidencia, en diciembre de 2023, hasta febrero de 2026. Agárrate.
Las tarifas acumulan un aumento del 593%.
La inflación general en el mismo período fue del 200%.
Sí, leíste bien. Casi seis veces más. Las tarifas sacaron ventaja sideral respecto al resto de los precios. Es como si los servicios públicos hubieran estado en otra liga, corriendo con viento a favor mientras el laburante común iba en bicicleta cuesta arriba.
El gobierno, mientras tanto, asegura que está «normalizando los precios relativos». Traducción: Están poniendo las tarifas a nivel internacional, que es un eufemismo para decir: «Ahora pagás lo mismo que un alemán, pero ganás en pesos».
La estrategia del INDEC (y la canasta que no se actualiza)
Acá hay que hacer un paréntesis para hablar del elefante en la habitación: el INDEC. El organismo de estadísticas utiliza la misma canasta de consumo desde 2004, sin actualizarla, para que el IPC no refleje el impacto real de las tarifas. Es como si, para medir la fiebre, usaras un termómetro que no marca más de 37 grados. Los números dan bien, pero el paciente agoniza.
Mientras tanto, el IIEP, con toda la pomada académica, suelta estos datos que desnudan la estrategia. Y el gobierno, en lugar de responder con argumentos, sale a cuestionar las fuentes, a decir que son «universidades militantes» o «científicos gorilas». El verso de siempre.
El salario que no alcanza
El informe también calculó qué porcentaje del sueldo se te esfuma en el pago de servicios. Tomando un salario promedio registrado estimado de $1.733.146 para febrero, la canasta de servicios públicos representa el 11% del ingreso. Con ese sueldo, alcanza para comprar 9 canastas. En febrero de 2025, alcanzaba 9,6. Esa diferencia de 0,6 canastas se traduce como la pérdida de poder adquisitivo de los últimos doce meses. Un goteo constante que vacía el bolsillo.
La cobertura de subsidios (o cómo el Estado se corre)
El estudio también revela que los hogares del AMBA pagan, en promedio, el 65% de los costos reales de los servicios. El Estado se hace cargo del 35% restante. En diciembre de 2023, la proporción era inversa: el Estado cubría casi el 50%. La licuadora de subsidios sigue funcionando, y el que pierde es el usuario.
El nuevo esquema de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF) prometía que los subsidios iban a llegar a quienes más lo necesitaban. Pero la realidad es que la quita es generalizada, y los que se quedan afuera son los sectores medios, esos que no son pobres pero tampoco ricos, que laburan, pagan impuestos y ahora también bancan el tarifazo sin red de contención.
La pregunta que queda flotando
Mientras escribo esto, en la Casa Rosada deben estar preparando el discurso del 1° de marzo. Milei hablará de logros económicos, de orden fiscal, de que la inflación es un fenómeno del pasado. Afuera, en el AMBA, las familias abrirán el sobre de las facturas y se preguntarán cómo llegar a fin de mes.
Porque acá no hay teoría que valga. No hay ancla antiinflacionaria, ni crawling peg, ni bandas de flotación. Lo que hay es una boleta de luz que subió 35% en un año, un boleto de colectivo que cuesta casi 700 pesos y un salario que no alcanza para cubrir lo básico.
El gobierno juega al póker con los números. Mientras tanto, la gente, como siempre, paga la cuenta.
En el AMBA, las tarifas no son un debate teórico. Son la factura que llega todos los meses, el boleto que hay que pagar para ir a laburar, la luz que hay que prender para que los pibes hagan la tarea. El Gobierno habla de logros. La gente, de cómo llegar. Mientras tanto, la diferencia entre las tarifas y la inflación sigue creciendo: 593% contra 200% desde que llegó Milei. Esa es la verdadera medición del ajuste.
