San Telmo y Montserrat marchan a 50 años del Golpe

Cada mes de marzo, las calles y veredas de San Telmo y Monserrat se sumen en un expectante pulso. Vecinos y vecinas se preparan para un ritual que, con el paso del tiempo, se ha convertido en parte esencial de la identidad barrial. Desde hace más de veinte años, sus calles brillan bajo el resplandor cálido y obstinado de la Marcha de las Antorchas. Este gesto colectivo, que desafía el olvido, adquiere este año un peso histórico ineludible, reafirmando el compromiso de la comunidad con la Memoria, la Verdad y la Justicia.

El sábado 21 de marzo, San Telmo y Montserrat volverán a unirse en un recorrido que enlaza dos espacios emblemáticamente trágicos del terrorismo de Estado: el ex centro clandestino Virrey Cevallos y el Ex Club Atlético. Esta nueva Marcha se inscribe en un contexto singular: se cumplen 50 años del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, fecha que marcó el inicio del período más violento y sistemático de represión en la historia argentina.

Un ritual nacido del barrio
La Marcha de las Antorchas se originó hace más de veinte años gracias a la iniciativa de un grupo de residentes que, cada mes de marzo, se reunían con el propósito de conmemorar a quienes fueron arrancados de sus hogares por los grupos de tareas durante la última Dictadura militar.   Con el tiempo, ese gesto se volvió colectivo. Hoy marchan organizaciones sociales, sindicatos, murgas, docentes, artistas, trabajadores de la salud, ex detenidos y familiares de desaparecidos. Marchan cuerpos distintos, historias distintas, pero una misma decisión: no dejar que el olvido gane.

La antropóloga Elizabeth Jelin sostiene que “la Memoria no es un depósito del pasado, sino una práctica social del presente” (Los trabajos de la memoria, 2002). Esa idea se vuelve palpable en cada estación del recorrido, donde se narran historias de vida, se nombran a los desaparecidos y se reconstruye el tejido afectivo de los barrios.

La marcha es, en esencia, un relato en movimiento. Las antorchas iluminan no solo las calles, sino también los silencios que la dictadura intentó imponer.

50 años del Golpe: un país marcado por las desapariciones forzadas
El 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno constitucional e instauraron una Dictadura cívico-eclesiástica-militar que implementó un plan sistemático de persecución, secuestro, tortura y desaparición de personas.

Si bien el informe de la CONADEP, publicado en 1984, documentó 8.961 casos de desaparición forzada (Nunca Más, 1984), los organismos de derechos humanos estiman que la cifra real asciende a 30.000 desaparecidos, número que se ha convertido en símbolo y bandera de la memoria colectiva.

La dictadura también implementó un plan económico que, según el periodista Rodolfo Walsh, buscaba “la miseria planificada” (Carta Abierta a la Junta Militar, 1977). Walsh denunció que el terrorismo de Estado no solo perseguía, secuestraba y desaparecía a militantes, dirigentes gremiales y estudiantes, sino que también reorganizaba la economía en beneficio de grupos concentrados. Su carta, escrita un día antes de su desaparición, el 24 de marzo de 1977, resuena hoy con una vigencia inquietante.

Virrey Cevallos: la casa donde el silencio gritaba
El primer punto del recorrido de esta nueva Marcha de las Antorchas será el Espacio para la Memoria “Virrey Cevallos”, ubicado en Montserrat. A simple vista, la casona podría pasar inadvertida. Pero entre 1976 y 1978 funcionó allí un centro clandestino administrado por el Servicio de Inteligencia del Ejército.

Según el Archivo Nacional de la Memoria, los detenidos eran mantenidos en “celdas mínimas, sometidos a aislamiento prolongado y torturas sistemáticas”. Testimonios de sobrevivientes lo describen como un espacio donde “el tiempo se disolvía” y donde los represores reducían la identidad a un mero número. Hoy, el sitio trabaja para reconstruir esas historias y devolverles nombre y contexto a quienes pasaron por allí. La Memoria, en este espacio, es un acto de reparación.

Ex Club Atlético: arqueología del horror
El punto final de la marcha será el Ex Club Atlético, ubicado bajo la autopista 25 de Mayo, en la intersección de Paseo Colón y Av. San Juan. Allí funcionó uno de los centros clandestinos más activos del circuito ABO (Atlético–Banco–Olimpo).

Investigaciones del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y del Programa de Arqueología Urbana de la UBA señalan que por allí pasaron más de 1.500 personas. En enero de 1978, en nombre de la ‘modernización’ de la ciudad, el entonces intendente de facto, brigadier Osvaldo Cacciatore, impulsó la demolición de una extensa franja urbana para construir autopistas. Así el Club Atlético fue sepultado bajo el hormigón. La intención era clara: borrar las huellas de la barbarie, pero las excavaciones iniciadas en 2003 permitieron recuperar cimientos, objetos personales y estructuras que hoy conforman un sitio arqueológico único en el mundo.

La arqueóloga Laura Duguine, responsable del proyecto arqueológico, explicó a Periódico VAS que este trabajo permitió comprender cómo el espacio fue diseñado materialmente para el plan de exterminio, pero también tuvo un efecto reparador para los sobrevivientes, que pudieron reconocer el lugar donde habían estado secuestrados.

El Club Atlético es, hoy, un espacio donde la Memoria se expresa, literalmente, capa tras capa.

Memoria que interpela el presente
Las organizaciones convocantes denuncian el desmantelamiento de políticas de Memoria, Verdad y Justicia, los despidos en espacios de memoria, las represiones a la protesta social y las especulaciones sobre posibles beneficios para represores condenados.

El CELS ha alertado en informes recientes sobre “retrocesos graves en materia de derechos humanos y discursos negacionistas que buscan relativizar los crímenes de la dictadura”. Abuelas de Plaza de Mayo también ha advertido sobre la necesidad de sostener las políticas públicas de búsqueda de hijos de desaparecidos que fueron apropiados, ya que “más de 300 personas siguen viviendo con identidades falsas”.

Durante el recorrido se denunciará el desmantelamiento de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia, las violaciones a los derechos humanos, los despidos en los Espacios para la Memoria y la represión a manifestantes, especialmente jubilados, jubiladas y trabajadores de prensa, por parte de la actual gestión de gobierno; porque la Memoria no es una herramienta para leer el presente.

Caminar para no olvidar
A 50 años del 24 de marzo, la Marcha de las Antorchas se vuelve un gesto de resistencia. Las organizaciones de San Telmo, Montserrat y las Comunas convocantes exigen el respeto irrestricto de los derechos humanos y el cumplimiento de los pactos internacionales que los resguardan. La marcha es, también, una invitación a pensar qué significa la memoria en un país donde las heridas siguen abiertas.

Recorrido 2026

  • 17 h – Espacio para la Memoria “Virrey Cevallos”
  • 19 h – Asamblea Popular Plaza Dorrego
  • Llegada – Ex Centro Clandestino “Club Atlético”
    • Encendido de la Silueta
    • Lectura del documento consensuado

Una invitación a caminar juntos
Cuando las antorchas se enciendan, iluminarán no solo las calles, sino también el devenir de un país que sigue  bregando por Memoria, Verdad y Justicia. La marcha es un recordatorio de que la memoria es un compromiso colectivo. Y que, como escribió el poeta Juan Gelman, también secuestrado por la Dictadura y luego exiliado en México: “Lo que pasa es que uno no termina nunca de volver”.

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