Precios en las góndolas: los alimentos suben y las ventas se hunden
La primera semana de marzo dejó nuevas subas en alimentos en supermercados del AMBA. Un relevamiento sobre 50 productos detectó aumentos de hasta 12,34% en un mes, con incrementos fuertes en mayonesa, lácteos y carne. Mientras los precios avanzan, el consumo continúa en caída y las cadenas supermercadistas reconocen que operan con márgenes cada vez más ajustados.
por Melina Schweizer
Una inflación que vuelve a sentirse en la góndola
La evolución de los precios en alimentos durante el inicio de marzo volvió a poner presión sobre el consumo cotidiano en Argentina. Un relevamiento del Centro de Estudios por la Soberanía Popular Mariano Moreno detectó subas significativas en productos básicos de supermercados del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), con aumentos que en algunos casos superan el 10% mensual. El informe analizó 50 productos disponibles en las plataformas online de las principales cadenas del país —entre ellas Disco, Vea, Jumbo, Coto, Día y Carrefour— y comparó los valores entre febrero y los primeros días de marzo. Los resultados muestran un nuevo salto en el precio de alimentos y bebidas que forman parte del consumo diario de los hogares.
El producto con un mayor incremento fue la mayonesa, con una suba del 12,34% en un mes. Le siguieron el queso blanco, con un aumento del 9,65%, y el vino tetra, que registró un alza del 9%. En el caso del queso duro, la variación fue del 7,17%. La carne vacuna, uno de los principales indicadores del costo de vida en Argentina, también volvió a subir. Según el relevamiento, el aumento promedio fue del 6,5% entre febrero y marzo. Otros productos con incrementos relevantes fueron el arroz (6,47%), el agua mineral (5,90%), el yogur bebible (5,45%), los huevos (5,27%) y la carne de cerdo (5,23%). En menor medida, también se registraron subas en leche (4,18%) y gaseosas (4,44%), lo que confirma que la tendencia alcista alcanza a diferentes categorías de consumo masivo.
Una lista de aumentos que alcanza a toda la canasta
La evolución de precios detectada en el estudio muestra que las subas no se concentran en un solo rubro, sino que abarcan una amplia variedad de alimentos y bebidas.
Entre los productos relevados se encuentran tanto artículos de almacén como lácteos, bebidas y carnes. En muchos casos, los aumentos pueden parecer moderados de manera individual, pero el efecto acumulado termina impactando con fuerza sobre el gasto total en alimentos.
Además de los productos con mayores incrementos, el informe también detectó aumentos en:
- Queso cremoso: +3,46%
- Fideos: +1,60%
- Arvejas: +3,01%
- Garbanzos: +0,91%
- Lentejas: +0,79%
Si bien estos porcentajes son menores, el comportamiento general de la canasta alimentaria muestra una tendencia de subas extendidas que afectan tanto a productos frescos como a alimentos de almacén. Para los especialistas, esta dinámica confirma que la inflación en alimentos continúa siendo uno de los factores más sensibles dentro del índice general de precios.
El impacto en el consumo
El aumento de precios coincide con un escenario de consumo debilitado. Diversos indicadores de ventas en supermercados y autoservicios muestran una caída sostenida en los volúmenes vendidos durante los últimos meses.
Desde el sector supermercadista reconocen que el comportamiento de los consumidores cambió de manera significativa. La compra planificada, la búsqueda de promociones y el reemplazo de marcas tradicionales por alternativas más económicas se volvieron prácticas cada vez más frecuentes.
Juan Vasco Martínez, director ejecutivo de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), describió la situación del sector en términos claros. Según explicó, muchas cadenas están operando con márgenes muy reducidos y en algunos casos directamente con pérdidas.
De acuerdo con sus declaraciones, el consumo se encuentra actualmente “amesetado”, es decir, sin señales de recuperación en el corto plazo. Aunque la caída dejó de profundizarse, el nivel de ventas continúa por debajo del registrado en períodos anteriores.
Este fenómeno se refleja también en el comportamiento cotidiano de los consumidores. En muchos casos, los hogares reducen las cantidades compradas o eliminan productos de la lista habitual para poder mantener el gasto dentro de su presupuesto.
Cambios en los hábitos de compra
El ajuste en el consumo no solo se expresa en la cantidad de productos adquiridos, sino también en la forma de comprar. Las promociones, descuentos y ofertas se volvieron factores determinantes a la hora de elegir productos. Las segundas marcas y las marcas propias de los supermercados ganaron participación en las ventas, ya que suelen tener precios más bajos que las marcas líderes.
Otro cambio relevante es la reducción del tamaño del ticket promedio. Mientras que en años anteriores era habitual realizar compras semanales o mensuales más grandes, hoy muchos consumidores optan por compras más pequeñas y frecuentes. Este comportamiento responde en parte a la necesidad de administrar el gasto frente a una inflación persistente, pero también a la incertidumbre sobre la evolución de los precios.
Supermercados con márgenes cada vez más ajustados
El escenario también presenta desafíos para las empresas del sector. Aunque los precios al consumidor continúan aumentando, los supermercados señalan que enfrentan costos crecientes en logística, energía, alquileres y salarios. Según representantes del sector, esta combinación de costos elevados y consumo en descenso genera una situación compleja para la rentabilidad de muchas cadenas.
En algunos casos, empresas del rubro ya decidieron cerrar sucursales o reducir operaciones en determinadas zonas. Esta estrategia busca ajustar estructuras de costos frente a un contexto de menor actividad.
El fenómeno no es exclusivo de las grandes cadenas. Los autoservicios y comercios de cercanía también reportan dificultades para sostener los niveles de ventas.
La relación entre inflación y salarios
El impacto de las subas en alimentos se vuelve más visible cuando se analiza en relación con la evolución de los salarios. Distintos informes económicos indican que, en los últimos meses, el poder adquisitivo registró retrocesos en algunos sectores, lo que limita la capacidad de consumo de los hogares. Cuando los ingresos no acompañan el ritmo de los precios, la proporción del presupuesto familiar destinada a alimentos tiende a aumentar. Los alimentos representan una parte importante del gasto total de los hogares. En este sentido, la combinación de inflación persistente y salarios rezagados afecta directamente la capacidad de compra de los consumidores.
Un termómetro adelantado de la inflación
Los relevamientos de precios en supermercados suelen funcionar como indicadores adelantados de la evolución del índice de inflación. Dado que los alimentos tienen un peso significativo dentro del Índice de Precios al Consumidor (IPC), las variaciones en este rubro suelen anticipar el comportamiento general del índice.
En ese sentido, el monitoreo realizado sobre precios online permite observar tendencias antes de que se publiquen los datos oficiales. Aunque las cifras finales del IPC dependen de múltiples factores y metodologías de medición, los movimientos en la canasta alimentaria suelen ser uno de los principales motores de la inflación.
Un escenario que combina precios altos y menor consumo
El panorama que surge del relevamiento describe una situación compleja para la economía cotidiana. Por un lado, los precios de alimentos continúan aumentando en distintos rubros. Por otro lado, el consumo muestra señales de debilitamiento. Los datos de la primera semana de marzo muestran una tendencia clara: la inflación en alimentos continúa siendo uno de los principales factores que afectan el gasto cotidiano de los hogares argentinos.
