Guerras activas en 2026
Mapa global de conflictos y nuevo desorden internacional
Más de 110 conflictos armados están activos en el mundo en 2026, según el monitoreo jurídico internacional. Desde Ucrania hasta Sudán, pasando por Gaza, el Sahel y Myanmar, el sistema internacional atraviesa su mayor nivel de violencia en décadas. El problema ya no es la existencia de guerras aisladas, sino su simultaneidad, expansión y conexión estructural.
por Melina Schweizer
Un mundo en guerra permanente: el dato que redefine la época
El primer dato es el más importante: no hay una guerra, hay muchas. El monitoreo de conflictos bajo el derecho internacional humanitario identifica más de 110 conflictos activos en 2026, distribuidos de la siguiente manera:
○ Medio Oriente y Norte de África: más de 45
○ África: más de 35
○ Asia: 21
○ Europa: 7
○ América Latina: 6
Esto implica un mínimo de 114 conflictos simultáneos. No es un pico coyuntural: es un cambio de sistema.
A esto se suma otro dato clave: en 2024 ya había 61 conflictos armados estatales activos y 11 guerras de alta intensidad (más de 1.000 muertes anuales).
El mundo no solo es más violento. Está más fragmentado.
Europa: la guerra que reordenó el tablero — Rusia vs. Ucrania. La guerra entre Rusia y Ucrania sigue siendo el eje estructurante del sistema internacional. Se trata de un conflicto interestatal de alta intensidad que, para 2024, registraba más de 75.000 muertes y tiene impacto directo en materia energética y alimentaria y en las alianzas militares.
No es solo una guerra territorial. Es una disputa por el orden global entre la OTAN y Rusia, entre Occidente y el bloque euroasiático, entre las democracias liberales y los modelos autoritarios. El conflicto redefinió el mercado energético europeo y disparó la inflación global.
Medio Oriente: el epicentro de la escalada global
El ataque de Israel a Palestina (Gaza) registró en 2024 más de 21000 muertes. Se trata de una guerra activa con ceses al fuego frágiles y constituye un conflicto estructural donde se combinan territorio, identidad, religión y geopolítica.
Pero en 2026 tiene un nuevo componente: la internacionalización. Israel vs. Líbano (Hezbollah), con un estimado de más de 4300 muertes y una escalada directa en la frontera norte de Israel.
Esto amplía el conflicto a un escenario regional. EE.UU. e Israel vs. Irán (desde el 28 de febrero de 2026). El más crítico del año, porque dio inicio a una guerra regional, con ataques directos entre potencias que da por tierra la histórica regla indirecta entre Irán y EE.UU. y se transformó en una guerra abierta. Cuando actores nucleares entran en conflicto directo, el riesgo deja de ser regional. Yemen también se involucró en la contienda; el control del Mar Rojo propicia ataques en rutas comerciales estratégicas, donde prima la intervención de EE.UU. y del Reino Unido. En este sentido, este conflicto impacta directamente en el comercio global, el transporte marítimo y el alza de los precios internacionales.
África: el continente con mayor cantidad de conflictos
África concentra más de 35 conflictos activos. Pero no es un solo escenario. Son múltiples focos:
1. Sudán: Experimenta una guerra civil abierta; es uno de los conflictos más graves del mundo, donde existe un enfrentamiento constante entre fuerzas militares. El Estado como tal está colapsado y se registra una masiva crisis humanitaria. En este sentido, Sudán representa el modelo de guerra contemporánea, sin Estado y donde actúan múltiples actores armados.
2. Sahel (Malí, Burkina Faso, Níger) y grupos yihadistas (JNIM, ISIS), donde se registran frecuentes golpes de Estado y la retirada de Occidente. Burkina Faso registra más de 2.100 muertes anuales, nivel de guerra. Esto convierte al Sahel en uno de los epicentros del terrorismo global.
3. En la República Democrática del Congo se registra la presencia de múltiples grupos armados, conflictos por recursos (minerales estratégicos) y se estima que en 2024 se registraron más de 900 muertes.
Este conflicto conecta directamente con la economía global. Los minerales del Congo son clave para la tecnología y la energía.
4. En Etiopía (Amhara y Oromía) se desarrolla una guerra interna que lleva más de 2.100 muertes y un Estado que está prácticamente fragmentado. Cuando un país grande entra en guerra interna, desestabiliza toda la región.
Asia: conflictos persistentes y múltiples frentes.
1. En Myanmar se desarrolla una guerra civil compleja, con más de 1.200 muertes anuales y la participación de múltiples actores (militares, guerrillas, minorías étnicas). Este es uno de los conflictos más fragmentados del mundo.
2. Afganistán y Pakistán: A partir de la presencia del Estado Islámico, se registran tensiones y conflictos persistentes en la frontera Durand.
3. India presenta un alzamiento de la insurgencia maoísta, como lo es el conflicto en Cachemira, que da cuenta de que incluso potencias emergentes tienen inestabilidad interna.
4. Indonesia (Papúa Occidental): Existe un conflicto territorial de baja intensidad pero persistente. Muchos conflictos no son mediáticos, sino estructurales.
América Latina: menor intensidad, pero no ausencia de conflicto
Solo 6 conflictos activos, pero con características particulares, como la violencia criminal organizada, los conflictos no estatales y el auge de las economías ilegales. Si bien no son guerras clásicas, estos hechos generan miles de muertes, al tiempo que un control territorial paralelo al de los gobiernos.
La nueva lógica de la guerra es la fragmentación y simultaneidad. El dato más importante no es cuántos conflictos hay, sino cómo funcionan. Se trata de múltiples guerras al mismo tiempo, donde participan tanto actores estatales como no estatales y donde los conflictos aparecen conectados entre sí.
Además, el mundo registra más de 550 eventos diarios de violencia política. Esto marca un cambio porque la guerra deja de ser excepcional y pasa a ser estructural. Se trata de un cambio de paradigma, donde el orden global muta a desorden competitivo.
Durante décadas, el sistema internacional tuvo un orden relativamente estable. Hoy ese orden se rompe por tres factores: la multipolaridad, donde EE.UU., China y Rusia aparecen como actores regionales. El debilitamiento del derecho internacional, que experimenta cada vez menos capacidad de regulación global, y la fragmentación interna de los Estados donde se desarrollan cada vez más guerras civiles y conflictos híbridos.
El fin del orden internacional y la normalización del conflicto
Si se miran los datos en conjunto —más de 110 conflictos activos, múltiples guerras de alta intensidad, más de 550 eventos diarios de violencia política— no estamos frente a una suma de crisis aisladas.
Estamos frente a un cambio de época.
El sistema internacional que emergió después de la Guerra Fría, basado en reglas, instituciones multilaterales y cierto equilibrio entre potencias, está perdiendo capacidad de ordenar el mundo. Y lo que aparece en su lugar no es un nuevo orden consolidado, sino algo más inestable: un escenario de competencia permanente sin árbitro claro.
En ese contexto, las guerras cumplen hoy una función distinta a la del siglo XX. Ya no son necesariamente conflictos totales entre Estados con inicio y final definidos. Son procesos prolongados, fragmentados, muchas veces híbridos, donde conviven actores estatales, milicias, corporaciones, redes criminales y potencias que intervienen indirectamente.
Ejemplo claro:
○ Ucrania no es solo una guerra territorial, es una disputa sistémica entre bloques.
○ Gaza no es solo un conflicto local, es un nodo de tensión regional.
○ El Sahel no es solo terrorismo, es el colapso de estructuras estatales.
Esto redefine el concepto mismo de guerra.
Otro punto clave es la simultaneidad. En otros momentos históricos, los grandes conflictos organizaban el sistema global (como las guerras mundiales o la Guerra Fría). Hoy ocurre lo contrario: la coexistencia de múltiples conflictos impide cualquier forma de estabilidad estructural.
No hay un centro. Hay múltiples periferias en conflicto.
A esto se suma un factor decisivo: la conexión entre lo global y lo doméstico. Las guerras ya no se quedan en el frente militar. Impactan directamente en:
○ Inflación global (energía, alimentos)
○ Migraciones masivas
○ Crisis políticas internas
○ Polarización social
Es decir: la guerra se internaliza en las sociedades. Y eso tiene una consecuencia política profunda: los gobiernos pierden margen de maniobra. Porque deben gestionar conflictos externos mientras enfrentan tensiones internas crecientes. En ese cruce aparece el verdadero riesgo del escenario actual: la pérdida de gobernabilidad a escala global y nacional. Finalmente, hay una dimensión más profunda aún: la legitimidad. El sistema internacional funcionaba, en parte, porque existía cierto consenso sobre reglas básicas. Hoy ese consenso está erosionado.
Cuando las normas dejan de ser respetadas de manera generalizada, lo que prevalece es la lógica de la fuerza.
Y cuando esa lógica se vuelve dominante, el conflicto deja de ser una excepción.
Se convierte en norma.
Por eso, el mundo en 2026 no puede entenderse solo como un mapa de guerras. Es algo más complejo:
Es un sistema en transición, donde el viejo orden ya no funciona. Y el nuevo todavía no existe. En ese vacío, lo que se expande no es la estabilidad. Es el conflicto.
La pregunta que queda abierta no es si habrá más guerras. Es si el sistema internacional todavía tiene capacidad para contenerlas… o si estamos entrando en una etapa donde la conflictividad permanente será la nueva forma de equilibrio.
