¿Qué queda de nuestra humanidad cuando todo se derrumba?

Con esa pregunta como disparador, La Barbarie de los Nadies no pretende dar un testimonio del derrumbe, sino exponerlo ante el espectador; por eso lo vuelve ritmo, fricción, respiración, insistencia. Lo que se despliega es la escena en movimiento que invita a pensar y donde la distopía aparece como una lente que lee el presente; la precariedad como clima; la tecnología como promesa que se vuelve intemperie y la comunidad como una hipótesis siempre por recomponerse.

Estrenada a principios de marzo de 2026, en pleno centro porteño, por impulso del premio ARTEI a la Coproducción de Teatro Independiente 2025, la obra invoca, desde el humor ácido, la farsa y la repetición trágica, los restos de una sociedad que se autopercibía moderna y avanzada, pero que en realidad habita un mundo fragmentado, desolado, plagado de incertidumbre, donde el deseo y la compulsión conviven en un espacio vacío que amplifica hasta la desesperación sus voces que intentan hacerse escuchar frente a un conglomerado gobernado por máquinas, responsable de la contaminación y la peste que se filtra en el agua, en la tierra y en la sangre.  Un sistema de signos para el que la sensibilidad humana es obsoleta y donde las máquinas comandan la tercerización de las decisiones. La peste, por su parte, opera como amenaza biológica; pero también como sinónimo de una sociedad saturada de discursos y mandatos productivistas que exigen rendimiento incluso cuando ya no existe la promesa de un futuro.

Con dramaturgia y dirección de Lola Montiel, La Barbarie de los Nadies se inscribe en la potencia del absurdo; sin embargo, apuesta, arriesga y experimenta desde una postura ética, donde la economía del espacio, la exposición del esfuerzo, la convivencia entre música, coreografía y palabra, construyen una idea de mundo donde no existe una red de contención. Vacío donde aparece la persistencia de los cuerpos, que siguen avanzando, aun cuando ya no saben hacia dónde se dirigen.

Cada escena comprime, descomprime y enseguida vuelve a tensar en la insistencia de gestos, repeticiones, acumulaciones, desplazamientos, que hacen del tiempo algo denso, casi material, donde la música en vivo y una coreografía impecable empujan, discuten y contradicen la acción. En varios pasajes, la palabra parece desvanecerse y el sentido se traslada a la respiración, al cansancio, a la fricción entre cuerpos que se buscan y se rechazan.

Lo más inquietante es que la obra no ofrece una salida ni un diagnóstico tranquilizador: expone la tentación a la crueldad y al repliegue, bajo la lógica del “sálvese quien pueda”, pero también deja entrever pequeños destellos o torpezas deliberadas, la posibilidad de un “nosotros”. Hay una pregunta que atraviesa el interrogante sobre qué queda de “lo humano” cuando todo cae, y es qué prácticas, qué acuerdos mínimos y qué formas de cuidado pueden inventarse cuando la barbarie se ha convertido en el entorno.

Con un elenco compuesto por: Ezequiel Cipols, Ignacio Daniluk, Nerina Flores, Mariela Kantor, Gonzalo Moreno, Cecilia Tognola y Rafael Walger. Música de Lola Paula Tuero y diseño de movimiento de Rosario Ruete. La Barbarie de los Nadies se presenta cada viernes a las 22 h, en Belisario Club de Cultura, avenida Corrientes 1624.

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