Las escobas vuelven a la calle

En la Ciudad de Buenos Aires, la emergencia habitacional dejó de ser una estadística, es un cuerpo, un desalojo, una muerte. Y también, una historia que se repite. Por esta razón, este viernes 19 de junio a las 17 h, miles de personas volverán a ocupar el espacio público para decir algo que ya no puede ignorarse.

Ante esta situación que cada día se torna más insostenible, la Coordinadora contra los desalojos y por la vivienda convoca este viernes 19 de junio a las 17 a la Marcha de las Escobas. No es una metáfora: son escobas reales, levantadas por manos que conocen el frío de la calle, el olor de los hoteles derruidos, la humedad de los inquilinatos, la precariedad de los alquileres formales. Son familias desalojadas, personas sin techo, trabajadores precarizados, habitantes de villas y pensiones. Un mapa social que, según el informe Desocupaciones y desalojos en CABA, ya suma 621 desalojos, 1.135 familias, 4.482 personas, entre ellas 1.409 niños, niñas y adolescentes.

La marcha del 19 de junio reivindica un símbolo: la huelga inquilina, que se gestó en 1907, cuando los conventillos aumentaron el alquiler un 30% y las condiciones de esas viviendas eran insalubres; miles de mujeres encabezaron la huelga, también llamada “la huelga de las escobas”. Barrieron las veredas como gesto de protesta y dignidad. Ganaron: frenaron los aumentos y obligaron a mejorar las viviendas. La Coordinadora retoma ese gesto porque recuerda algo esencial: los derechos no se conceden, se conquistan.

La movilización se iniciará en la intersección de las avenidas Callao y Corrientes y culminará en el Edificio del Plata, símbolo de la transformación del espacio público en mercancía. El edificio fue adquirido en 2016 por Eduardo Elsztain, dueño de IRSA y principal accionista del Banco Hipotecario, beneficiado por el Plan de Revitalización del Microcentro. El proceso habilita que las viviendas públicas terminen convertidas en alquileres temporarios, turísticos o de lujo, mientras miles de personas no tienen un techo digno.

Mientras los desalojos se aceleran, la política habitacional se achica. La Defensoría y el Ministerio Público de la Defensa (MPD) señalan que el Gobierno porteño ofrece a las familias desalojadas las mismas alternativas que a quienes ya viven en la calle: Centros de Inclusión Social o un subsidio habitacional insuficiente, que el 80% de las familias recibe al menos una vez, pero que no garantiza continuidad ni estabilidad.

Los desalojos en la Ciudad aumentaron un 26% entre 2024 y 2025, mientras que 2026 podría ser el peor año del período. No es solo una cuestión de cantidad: también cambió la forma. En 2024, el 98% de los desalojos se realizaban por orden judicial. En los primeros meses de 2026, predominan los desalojos administrativos —ejecutados directamente por el Gobierno porteño— que ya representan el 58% de los mismos. Y más de la mitad se justifica por riesgo de derrumbe.

Pero la Defensoría y el MPD alertan sobre una situación de mayor gravedad: en un 33% de los desalojos, la orden de inspección provino de la Jefatura de Gabinete del GCBA, cuando este mecanismo debería activarse solo ante una emergencia técnica objetiva.

En paralelo, la Coordinadora denuncia que en la Ciudad hay 12.000 personas en situación de calle, entre ellas 1.300 niños en edad escolar y cientos de adultos mayores. Desde la asunción de Jorge Macri, unas 30 personas en situación de calle fallecieron. Y desde la llegada de Javier Milei al gobierno nacional, los costos de vivienda y servicios aumentaron 400%, empujando a trabajadores, jubilados, migrantes, disidencias y víctimas de violencia de género a una situación de vulnerabilidad extrema.

La lectura de la Coordinadora es clara: ambos gobiernos aceleran los desalojos. Macri, mediante la Guardia de Auxilio, con clausuras por supuestos riesgos estructurales. Milei, impulsando la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, que la organización interpreta como una amenaza directa al derecho a la vivienda. El 19 de junio, la Ciudad volverá a marchar. No solo para denunciar lo que ocurre, sino para recordar —como en 1907— que la organización colectiva puede torcer el rumbo de la historia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *