Relatos Indómitos
Morondanga
por Marta García
Cuando me enteré, maduré en sentido contrario a las agujas del reloj. El sol que había iluminado al caballo de madera en Troya era el mismo que me iluminaba sentada en la pelela de plástico en casa. Si era el mismo, ¿por qué ningún poeta griego de aquella actualidad se interesaba en cantar mi épica forma de no hacerme encima contemporáneamente? Además, lo hacía a cielo abierto ante la mirada de parientes, visitas y el sodero y no escondiéndome dentro de un caballo de madera.
Al contarle a mi hermana el motivo de mi cara llena de pensamientos alterados, me dijo algo que calmó mis esfínteres.
—Capaz que la Enciclopedia Estudiantil miente…
Tenía razón. En esa época aprendimos a desconfiar de los medios de comunicación y en una de sus ensobradas más estereofónicas: Mamá. Nos leía todo como si le pagaran. No es que no supiéramos leer, pero tardábamos tanto en terminar una oración que nos aburríamos y nos íbamos a ver en la tele la señal de ajuste de canal 10, lo único que se transmitía, pero como era de la UNC sentíamos que algo estábamos aprendiendo.
El megáfono maternal era ecléctico. Viajaba ‘Al este del paraíso’ haciendo escala en ‘Cómo educar a un bóxer’, ganando velocidad con ‘La Bastarda’ de Violet Leduc, disminuyéndola con ‘Recuerdos de provincia’ y derrapando con la Radiolandia. Su oralidad hiperventilada convertía los prospectos de los remedios en microrrelatos con contraindicaciones y un artículo de la revista Así en el stand up de médicos forenses. Ese día, le tocaba escolarizarnos.
—…el sol tiene cuatro mil millones de años y…
Miradas incrédulas estampándose contra su rostro.
—Ahí las tenés… ¡Ya están desconfiando de su propia madre!… No lo digo yo, lo dice acá la Enciclopedia Estudiantil; es el mismo sol que sigue saliendo, el que sale para todos… Miren, miren el dibujito —cacheteándolo— si creen que estoy inventando.
Nos muestra la ilustración del artículo: el caballo de madera entrando en la radiante Troya y un sol igualito al que nos hacía la maestra en el pizarrón. Le creíamos todo a la maestra, le creíamos todo a la lámina.
¿Cómo te van a mentir con dibujitos?
Pero si el sol de Troya y el de mi barrio eran el mismo, ¿por qué la discriminación poética? Entonces la Enciclopedia Estudiantil mentía y capaz que la maestra también. De todos modos, Homero tampoco es gran cosa. Cualquiera inventa una épica con un caballito de madera y convierte en héroe a un tipo que se muere por una flechita en el talón. Pero tenés que ser un poeta de la madre que te parió para hacerla con una pelela.
Antes de que la siesta empezara, sin mi infancia me fui tras ella con mi talón sin fama y mi vida sin Homero.
Y abandonando antes la pelela dejé que mi epopeya se hiciera encima de la enciclopedia estudiantil y sus dibujitos de morondanga… porque el sol nunca es el mismo ni sale para todos.
