Mercado laboral en tensión: el desempleo que vuelve a crecer

A mediados de 2026, el mercado laboral argentino empezó a mostrar señales de un cambio silencioso, casi imperceptible en el día a día, pero evidente al observar los números con detenimiento. En los barrios, en las oficinas públicas, en los comercios y en las calles del interior del país, la sensación era la misma: más gente buscando trabajo, más changas, más incertidumbre.

por Cristina Peña

Según los datos del INDEC y el análisis del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la desocupación alcanzó el 7,9% en el segundo trimestre del año. No es un salto abrupto, pero sí el registro más alto desde 2021. Un número que, como una sombra, se extiende detrás de otro dato igual de contundente: la población que salió a buscar trabajo creció, y lo hizo a un ritmo mayor que el de la creación de empleo.

La tasa de actividad llegó al 48,9%, un incremento interanual estadísticamente significativo. Más personas golpeando puertas, enviando currículums, probando suerte en plataformas digitales o en trabajos por cuenta propia. La tasa de empleo, en cambio, apenas se movió: 45%, un avance leve que no alcanza para absorber a quienes se incorporan al mercado laboral.

En los informes, los porcentajes pueden parecer fríos, pero detrás de ellos hay historias concretas. El CEPA lo explica con claridad: entre noviembre de 2023 y junio de 2026 se perdieron 245.664 empleos privados registrados, mientras que se sumaron 169.026 monotributistas. La foto es nítida: menos empleo formal, más trabajadores que se refugian en el cuentapropismo como estrategia de supervivencia.

La informalidad, además, creció un punto porcentual respecto al año anterior. Y dentro de ese universo, los trabajadores por cuenta propia pasaron del 34,3% al 37,3%. Un salto que no habla de espíritu emprendedor, sino de la necesidad de sostener ingresos en un contexto adverso.

El interior del país mostró un deterioro más marcado. Allí, la desocupación subió 1,3 puntos y llegó al 7,6%, mientras que la subocupación demandante —personas que trabajan menos horas de las que desean y buscan trabajar más— trepó a 9,1%. En las ciudades medianas y pequeñas, donde las oportunidades suelen ser más escasas, el impacto se sintió con mayor fuerza.

La presión sobre el mercado laboral también aumentó. Sumando desocupados, subocupados y ocupados que buscan otro empleo, el CEPA calcula que el 32,2% de la población está en alguna forma de búsqueda activa. Una cifra que revela un clima de inquietud y de movilidad constante.

En conjunto, los datos dibujan un escenario claro: más gente quiere trabajar, pero el mercado ofrece menos empleos de calidad. La desocupación crece, la informalidad avanza y el empleo registrado se contrae. No es una crisis explosiva, sino un deterioro persistente que se cuela en las rutinas y en las conversaciones cotidianas.

En las estadísticas, el segundo trimestre de 2026 queda registrado como un período de tensiones crecientes. En la vida real, en un momento en el que miles de argentinos tuvieron que reinventarse, ajustar expectativas y buscar alternativas para sostenerse en un mercado laboral cada vez más fragmentado.

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