La ESI en la era digital
La Educación Sexual Integral (ESI) está vigente desde 2006, cuando el uso de los celulares no ocupaba gran parte de nuestras vidas. En tiempos de pantallas, ¿cómo cuida la ESI?
por Jesi Farias.
No recuerdo en qué grado estaba, sí que cursaba la primaria. Guardapolvo blanco, escuela pública de una esquina conurbana. Hasta ahí llegaron unas personas con toallitas de la multinacional Johnson & Johnson. Nadie le preguntó a mi mamá ni a mi papá, ni a las familias de mis otras compañeras y compañeros, si estaban de acuerdo con que esos desconocidos nos contaran sobre el ciclo menstrual y nos “regalaran” —la segunda te la venden— sus productos. ¿Nos consultaron a las infancias si teníamos ganas de participar? Eran los ‘90, años en que nuestros derechos a decidir, a decir y ser escuchadas no existían. No me pasó a mí sola; les ocurrió a muchas de mis amigas y conocidas, algunas mayores y otras menores que yo. Más tarde, en la secundaria, también sin consultarnos, pusieron en la videocasetera “El grito silencioso”, una película antiderechos que mostraba la grabación de un aborto por ultrasonido. Un año después, en una clase de biología hicimos en grupo lo que la mayoría: mostrar cómo se ponía un preservativo en una banana. Señoras y señores, todo eso es mi ESI. ¿Y la de ustedes?
Recién en 2006, se sancionó la Ley 26.150 que establece que les estudiantes tienen derecho a recibir Educación Sexual Integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada. Ejercer derechos, respetar las diversidades, valorar la afectividad, reconocer la perspectiva de género y los cuidados de los cuerpos y la salud son los ejes de la ley que permiten trabajar sobre la identidad, el consentimiento, la intimidad, la participación, la igualdad, la autonomía y también prevenir las violencias, entre otras cuestiones. “La ley no fue aprobada de la nada, sino que había un contexto, un marco legal y discusiones en distintos espacios que la habilitaron. También hubo un caluroso debate en el que participaron representantes tanto de escuelas laicas como religiosas, públicas y privadas, y la redacción de la ley fue consensuada por todos estos sectores y aprobada por mayoría en el Congreso”, rememora Lili Maltz, militante, capacitadora y escritora en temas referidos a la ESI.
Y con un gobierno libertario, ¿qué pasa con la ESI?
“Es importante decir que está absolutamente desfinanciada; que han bajado materiales gratuitos que circulaban en diferentes plataformas, con lo cual se confirma que esto no es solo una cuestión de presupuesto, porque esto no le costaba nada al Gobierno; han desarmado programas y excluido personas que trabajaban —enumera Lili Maltz—. De ese modo, su implementación es absolutamente desigual en todas las provincias y queda muy de la mano de quienes estamos convencidas. Ya no es una política pública y esto hay que decirlo con todas las letras”. Además, buscan reemplazarla por una ley de educación emocional que quita el foco de los derechos, el género y las diversidades.
Pese a la motosierra, la ESI resiste en las aulas y orienta también frente a las pantallas. ¿Qué aporta, dos décadas después, cuando infancias y adolescencias se conectan a diario? El 88 por ciento de quienes tienen entre 9 y 17 años usa celular para acceder a internet casi todos los días. Infancias, adolescencias y personas adultas pasan muchas horas en el mundo digital. ¿Qué aporta la ESI ante las pantallas y el avance de la crueldad? “Frente a un contexto donde se retira la empatía, se cosifica a las personas, se lucra con la vida, no podemos culpabilizar la adolescencia como si viviera por fuera de eso”, analiza Lili.
Periódico VAS conversó con Laura Sánchez, impulsora de la Guía para el abordaje de casos de difusión de contenido íntimo sexual sin consentimiento en ámbitos educativos y de la Ley llamada Ema —en homenaje a su hija, una adolescente de 16 años que se suicidó luego de que un compañero de escuela difundiera imágenes íntimas de ella sin su consentimiento—, y con Gisela Grunin, comunicadora feminista, con orientación en procesos educativos.
“La ESI —apunta Laura Sánchez— tiene todo para habitar los territorios digitales: ofrece herramientas imprescindibles sobre consentimiento, cuidado, autonomía, vínculos sin violencia y perspectiva de género”. Gisela Grunin suma: “En principio, enseña a identificar que algunas situaciones no son normales” —se refiere al caso de los estudiantes secundarios del Colegio Modelo Lomas que usaron la IA para desnudar a sus compañeras, crear material y comercializarlo—. Y sigue: “Busca transformar las condiciones culturales que habilitan estas violencias y construir vínculos basados en el respeto y el cuidado. La ESI no ofrece una respuesta única, sino herramientas y contenidos que dialogan con las experiencias y los sentires”.
Como lo digital también es real, continúa: “Manipular la imagen de una compañera para sexualizarla sin su autorización es violencia, aunque sea falsa: tiene consecuencias para ella y la comunidad. La ESI cuestiona las masculinidades que naturalizan el dominio sobre los cuerpos ajenos y enseña a reconocer estas violencias y asumir responsabilidades: no solo de quien crea la imagen, sino también de quienes pueden frenar su circulación y acompañar a la persona afectada”.
Por eso, Laura impulsa con organizaciones, organismos y legisladoras la Ley Ema, que promueve una educación digital libre de violencias en todo el sistema educativo nacional. “La pensamos como un capítulo más de la ESI, uno necesario sobre ciudadanía y consentimiento digitales”. En sus charlas escolares, habla de “humanizar la digitalidad”. ¿Qué pasa cuando conversa con el piberío? “Cuando les preguntamos qué sería una digitalidad más humana y sin violencias, te dicen algo muy simple: que nos respeten, que no nos expongan, que nos crean. Llegan solas y solos a la conclusión de la importancia de pensar en la otra persona antes de hacer el clic y compartir. No piden censura, piden cuidado”.
Prohibir o no prohibir, ¿esa es la cuestión?
En los territorios digitales, como en los analógicos, hay riesgos. “Las tecnologías reflejan los valores de su época y pueden amplificar violencias basadas en desigualdades preexistentes. Por eso, la respuesta no puede limitarse a excluir a chicos y chicas de internet o quitarles los dispositivos, sino que debe crear condiciones para habitar los espacios digitales de forma segura, crítica y respetuosa”, afirma Gisela Grunin, autora de “ESI en tiempos de pantallas: habitar lo digital con mirada crítica y sensible”, uno de los capítulos del libro Conectar en tiempos de pantallas. Crianzas y consumos digitales en infancias y adolescencias (Editorial Chirimbote). En el libro y sus talleres, Grunin sostiene que la conectividad es un derecho que permite informarse, aprender, vincularse y participar, aunque también implica riesgos. Lili Maltz advierte que hay que proteger a las chicas de la violencia digital. Esa ciberviolencia no es un problema individual, sino que es un problema social y estructural que requiere un marco legislativo urgente.
Así, la ESI se planta para erradicar las violencias machistas en celulares, redes sociales, plataformas y PC, pero también para brindarle a las chicas y chicos —y a la sociedad toda—- herramientas para trabajar en el respeto, las emociones, sus cuerpos, los derechos y para conocerse más. Y sigue vivita y coleando, aunque la recorten.
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La guía y la Ley Ema nacieron para evitar que otra chica sufra lo que Ema Bondaruk, de 16 años, sufrió y que se suicidó hace dos años después de que un compañero difundiera imágenes íntimas suyas sin consentimiento. “Son el fruto de un trabajo colectivo para prevenir, concientizar y abordar la violencia digital en la educación. Seguiremos trabajando para que no haya ni una Ema menos”, dice su mamá, Laura Sánchez. Ella trabaja con estudiantes, organismos y legislaturas para crear un programa nacional que garantice entornos digitales seguros, como ya ocurrió en Santa Fe y, el 20 de octubre, en Buenos Aires. En CABA, se conversa con el legislador Leandro Santoro para impulsar la iniciativa. “A nivel nacional —explica Laura— espera tratamiento en la Comisión de Presupuesto, pero está por perder estado parlamentario. Necesitamos que prevenir la violencia digital entre adolescentes sea política de Estado en todo el país”. |

POR EMA, POR TODAS