Reforma de la Ley de Glaciares: Audiencia vallada, calles llenas.
Durante el transcurso del día, como es habitual en nuestro país, el Congreso de la Nación se mantuvo cercado por inmensas vallas metálicas, por policías fuertemente armados y por un incesante goteo de manifestantes que, con sillas plegables, carteles y termos bajo el brazo, organizaciones ambientalistas, comunidades indígenas, trabajadores rurales y vecinos comenzaron a ocupar las calles de Riobamba, Mitre y Rivadavia para reclamar lo que consideran un derecho básico: poder participar del debate sobre la reforma de la Ley de Glaciares.
El edificio legislativo amaneció completamente vallado. Las autoridades dispusieron cortes en Av. Entre Ríos, Rivadavia, Callao, Mitre, Yrigoyen y Sarandí, lo que generó un caos de tránsito que se extendió durante toda la tarde. El operativo respondió a la primera jornada de audiencias públicas sobre la modificación de la ley, un proceso ya atravesado por polémicas debido a las fuertes restricciones de acceso.
La tensión se arrastra desde que las comisiones de Asuntos Constitucionales y Recursos Naturales limitaron a 200 las exposiciones en vivo, pese a que más de 120.000 personas se inscribieron para participar. El resto debía enviar su intervención en video. La Justicia rechazó un amparo para ampliar la audiencia, lo que encendió aún más el malestar de las organizaciones. “Es una audiencia pública, no puede ser que no se pueda exponer”, denunció la diputada Teresa García (UxP), una de las voces que acompañó la movilización.
Ante la imposibilidad de ingresar, los manifestantes improvisaron una audiencia pública paralela. Con parlantes, reposeras y micrófonos abiertos, se turnaron para leer documentos, relatar experiencias territoriales y denunciar el impacto de la actividad minera en zonas glaciares y periglaciares. El lema de la convocatoria —“Traé tu silla o reposera y hagamos fila hasta que nos escuchen”— se volvió una postal del atardecer porteño.
Entre los testimonios más aplaudidos estuvo el de Josué “Kuntur” Vargas, representante del Parlamento de Comunidades Indígenas de Jujuy, quien viajó más de 1.500 kilómetros para advertir que la reforma avanza sin consulta previa, libre e informada, tal como exige el Convenio 169 de la OIT. “En la Puna llueve muy poco y las únicas fuentes de agua son los periglaciares… ¿Por qué piensan que pueden decidir por nosotros desde 2.000 kilómetros de distancia?”, cuestionó.
Con el correr de las horas, la concentración se volvió masiva. A la protesta ambientalista se sumaron jubilados que realizan su marcha semanal, estudiantes, sindicatos y familias enteras. La consigna común: defender los glaciares como reservas estratégicas de agua y frenar una reforma que, según denuncian, favorece a actividades extractivas. Pasadas las 20, la movilización comenzó a desconcentrarse sin incidentes, aunque con la sensación compartida de que la discusión recién empieza. Afuera, las sillas plegables se guardaban; adentro, la audiencia oficial continuaba con un cupo mínimo de voces.
Foto de portada: Jaime Olivos
