CABA en disputa electoral
Jorge Macri se prepara para seguir y Karina Milei busca un violeta sin matices
Con la reelección ya lanzada, el jefe de Gobierno acelera gestión, territorio y orden, mientras La Libertad Avanza intenta fabricar un candidato “violeta punzó” capaz de romper casi dos décadas de hegemonía PRO en la Ciudad de Buenos Aires.
por Melina Schweizer
La Ciudad de Buenos Aires volvió a entrar en modo electoral, aunque nadie lo diga en voz alta. El calendario marca verano, pero la política porteña ya se mueve con lógica de campaña. Jorge Macri avisó sin rodeos que va por la reelección y activó una estrategia clásica, pero efectiva: gestión visible, presencia territorial y un discurso de orden que busca interpelar al votante porteño cansado del caos, pero también desconfiado de los experimentos.
Del otro lado, La Libertad Avanza afila cuchillos. No quiere solo competir: quiere conquistar. Y para eso necesita algo más que siglas nacionales o ruido ideológico. Necesita un candidato que sea, en palabras del propio oficialismo libertario, “violeta punzó”: puro, sin pasado amarillo, sin doble lealtad, sin transición incómoda.
Karina Milei y la obsesión por la pureza
En el corazón de ese armado está Karina Milei, guardiana del sello libertario y arquitecta de una lógica política que privilegia la fidelidad doctrinaria por encima de la experiencia. Para ella, la Ciudad no puede quedar en manos de un violeta desteñido ni de una conversión tardía. La consigna es clara: identidad antes que pragmatismo.
Ahí aparece el primer problema. La dirigente con mayor volumen político para enfrentar a Macri es Patricia Bullrich, hoy plenamente alineada con el Gobierno nacional, filosa en el discurso y con capacidad de confrontación real. Pero Bullrich carga con un pecado original imperdonable para el mileísmo duro: viene del PRO. Para Karina, eso no es un detalle; es un límite.
Adorni: pureza ideológica, dudas políticas
El nombre que cumple el requisito cromático es Manuel Adorni. Violeta auténtico, sin pasado partidario previo y con una victoria reciente en la elección distrital que dejó golpeado al PRO y al peronismo. Sin embargo, en la Casa Violeta no todos están convencidos.
Las dudas no son ideológicas, sino políticas: ¿tiene Adorni la espalda, la cintura y el volumen para enfrentar a un dirigente con experiencia ejecutiva, aparato territorial y gestión en marcha como Macri? A eso se suma otro ruido: su candidatura testimonial en la Legislatura porteña, una jugada que algunos consideran eficaz y otros directamente un lastre.
Por eso, en el mileísmo nadie descarta sorpresas. Un ministro, una figura emergente, una jugada inesperada. La candidatura sigue abierta porque ganar la Ciudad no es solo simbólico: es estratégico.
Macri, gestión y orden como relato
Mientras tanto, en Uspallata no improvisan. El equipo de Jorge Macri tiene claro que la reelección no se juega en slogans libertarios ni en batallas culturales abstractas, sino en el metro cuadrado. La consigna es simple y deliberada: orden, cercanía y resolución concreta de problemas.
Las encuestas internas muestran una mejora en la valoración de la gestión respecto del inicio del mandato. ¿Por qué? Porque Macri logró despegarse del fantasma de la continuidad automática y empezó a imprimir estilo propio: más calle, más escucha, menos épica discursiva y más administración visible.
Reuniones con vecinos en todas las comunas, recorridas barriales, agenda territorial constante. No hay genialidad ahí, pero sí método. En política porteña, la normalidad bien gestionada sigue rindiendo.
Propiedad privada, orden y un mensaje implícito
Uno de los ejes que el macrismo empuja con insistencia es el del orden legal. La recuperación de más de 560 propiedades usurpadas se repite como mantra y no es casual. Es un mensaje directo a un electorado que asocia desorden con abandono estatal y que mira con recelo cualquier discurso que relativice la propiedad privada.
La comparación implícita también está ahí, aunque no siempre se diga: esto no es motosierra, es gestión. Y en Uspallata no pierden oportunidad de marcar diferencias con la experiencia nacional libertaria.
La sombra de Larreta y el recuerdo incómodo
En ese armado aparece, como contraste, la figura de Horacio Rodríguez Larreta. No como rival, sino como advertencia. En el macrismo porteño recuerdan —cada vez que pueden— que Larreta se “desentendió” de la Ciudad cuando lanzó su campaña presidencial en 2023.
El mensaje es claro: Macri no se va de la gestión para hacer campaña. Se queda, gobierna y desde ahí construye.
El dilema libertario: ¿qué cortarían en la Ciudad?
La pregunta que circula en Uspallata no es retórica. Es política. ¿Dónde aplicaría la motosierra de La Libertad Avanza en CABA? ¿Educación pública? ¿Salud? ¿SAME? ¿Cultura? ¿Infraestructura?
El macrismo porteño ensaya el contraste con anticipación: escuelas, hospitales, el Teatro Colón, el San Martín, la obra pública, el mantenimiento urbano. Todo eso forma parte de un modelo de Estado presente, eficiente y equilibrado fiscalmente.
Y el dato no es menor: el Presupuesto 2026 prevé equilibrio fiscal por quinto año consecutivo. Sin motosierra, sin ajuste salvaje, sin privatizaciones simbólicas. Ese es el argumento central.
Una pelea que recién empieza
La Casa Rosada prepara el desembarco legislativo como primer campo de batalla. Ahí se verán las diferencias ideológicas más crudas entre un PRO porteño que defiende gestión estatal eficiente y un libertarismo que cuestiona el rol mismo del Estado.
La Ciudad vuelve a ser laboratorio. No solo electoral, sino conceptual. Dos modelos de orden, dos ideas de eficiencia y dos formas de entender el vínculo entre Estado y ciudadanía.
Macri ya está en carrera. Karina Milei busca el candidato perfecto. Y Buenos Aires, como siempre, vota más con la cabeza que con la épica, pero nunca sin leer el clima de época.
