Conquista y Esclavitud: un mismo genocidio
por Ana Messner
Bartolomé de Las Casas deja por escrito una propuesta de la que luego se arrepiente hasta su último día, donde justifica la introducción de mano de obra africana para sustituir y aliviar el brutal trabajo al que estaban sometidos los indios de encomienda. Y así, como plantea Marcelo Valko en su investigación “Esclavitud y Afrodescendientes”, un primer genocidio (indígena) provoca un segundo genocidio, el africano.
El desastre demográfico causado por la Conquista diezmó a los pueblos originarios al utilizarlos in extremis como combustible biológico. Del mismo modo que la hecatombe en tiempo y espacio perpetrada contra los indígenas americanos no tiene parangón en los anales de la humanidad, el secuestro y la cosificación de africanos para introducirlos en el Nuevo Mundo constituyeron el mayor y más bestial desplazamiento forzado de seres humanos del que se tenga memoria. Tal es así que la ONU en marzo pasado aprobó una Resolución que califica a la trata transatlántica y la esclavitud racializada como “el crimen de lesa humanidad más grave de la historia”. Solo tres países votaron en contra: EE.UU., Israel y Argentina.
Ambos genocidios, Conquista y Esclavitud, son dos caras de una misma moneda. Existen datos contundentes que desnudan un sistema económico delincuencial que arrancó seres humanos del otro lado del Atlántico para obligarlos a trabajar en tierras usurpadas a los indígenas exterminados, constituyendo un todo que la desmemoria oficial busca diluir con efemérides vaciadas y recordatorios que, de tan insípidos, resultan cómplices.
Esclavitud y Afrodescendientes desmitifican el blanqueamiento con que se procuró barnizar a una Argentina, cuyas clases privilegiadas, deseosas de ser Occidente, hicieron lo imposible para evaporar originarios y africanos de la historia. El libro revela datos sorprendentes. Pocos tienen presente que en la Buenos Aires colonial una de cada cuatro personas era afro, en tanto que a fines del siglo XIX se editaba en la ciudad una decena de periódicos de ese origen. Negar las evidencias de tal densidad poblacional e importancia y su posterior destino tiene un único propósito: demostrar la excepcionalidad argentina. El palabrerío oficial puede sonar verosímil y tener el consenso de sus creyentes, pero eso no lo convierte en verdadero y mucho menos cuando se procura que el horror se haga silencio. La manipulación de la historia que arroja todo lo que desentona fuera de los márgenes es antigua como el mundo; superar esa falsedad ideológica al servicio del statu quo y su narración impostora es la tarea que plantean estas páginas de una lectura tan necesaria como documentada. El miércoles 15 se presenta el libro en el Centro Cultural “Tiempos de Memoria”, Caseros 231, Florida, a dos cuadras de Puente Saavedra. Parafraseando a Valko: Es lento, pero viene…
