El discurso del orden en la Ciudad, no cierra
El jefe de Gobierno porteño inauguró las sesiones ordinarias con un mensaje de mano dura, baja de impuestos y promesas de infraestructura. «La Ciudad del caos, del desorden y del vale todo se terminó», sentenció. Pero detrás de las declaraciones, los datos cuentan otra historia. Mientras Macri celebraba la incorporación de 4.000 policías y la baja de homicidios, las personas en situación de calle crecieron, 2.000 empresas cerraron sus puertas en 2025 y el gobierno nacional aún le debe a la Ciudad más de 550.000 millones de pesos. Este es el contraste entre lo que se dice y lo que pasa.
por Melina Schweizer
Con el tono firme de quien se sabe en campaña, Jorge Macri abrió este lunes el período de sesiones ordinarias de la Legislatura porteña. «La Ciudad del caos, del desorden y del vale todo se terminó», disparó, en una frase que sintetiza el eje de su discurso: orden público, seguridad y batalla cultural contra «los enemigos del estilo de vida de los porteños”. El mensaje, cuidadosamente armado para marcar un perfil propio frente a la gestión de Javier Milei, incluyó promesas de baja de impuestos, anuncios de obras faraónicas y un reclamo de vieja data a la Nación por la deuda de coparticipación. Pero cuando se confrontan las palabras con los números de la gestión, el cuadro se vuelve más difuso.
Seguridad y orden público: el relato de la mano dura
Macri dedicó un tramo central de su discurso a reivindicar las políticas de seguridad. Anunció el refuerzo de la Policía de la Ciudad con 4.000 efectivos y destacó una «baja sostenida de los índices delictivos, con registros mínimos en materia de robos y homicidios”. También mencionó la expansión del sistema de videovigilancia, que hoy cuenta con 17.000 cámaras —más del 80% del territorio porteño—.
Pero el «orden público» que promete el jefe de Gobierno choca con una realidad más compleja. Según datos oficiales, en 2025 la pobreza registró una caída de más de diez puntos; sin embargo, en paralelo, se registró un incremento exponencial de personas en situación de calle. Sobre este punto, Macri fue contundente: «Necesitamos que no puedan rechazar la ayuda. No se trata de perseguirlos como criminales ni de llevarlos detenidos. Lo que queremos es rescatarlos”.
El diagnóstico, sin embargo, expone una grieta: de las 16.000 personas asistidas por el gobierno, unas 1.800 «no aceptan ayuda, la gran mayoría con problemas de adicciones y de salud mental”. La propuesta de «rescate» sin consentimiento abre un debate sobre los derechos civiles que el discurso de la gestión no aborda.
Baja de impuestos: el alivio que no llega a todos
En el plano económico, Macri prometió continuar con la rebaja impositiva. «Vamos a seguir bajando impuestos sin bajar la calidad de los servicios, que quede claro», aseguró. Como gesto concreto, anunció que durante seis meses hoteles, bares, restaurantes y heladerías no pagarán ABL ni impuesto inmobiliario. También destacó que 89.000 jubilados y personas con discapacidad ya están exentos de dichos tributos.
Las medidas se enmarcan en el Presupuesto 2026, que el oficialismo logró aprobar tras intensas negociaciones con La Libertad Avanza en noviembre pasado. El proyecto incluye la exención total de Ingresos Brutos para monotributistas de las categorías más bajas y reducciones escalonadas para las más altas. También mantiene beneficios para autos eléctricos y reduce el impuesto a los sellos en operaciones inmobiliarias de hasta 226 millones de pesos.
Sin embargo, la oposición advierte que las rebajas no alcanzan a todos. El bloque de Unión por la Patria propuso extender la exención de Ingresos Brutos a la totalidad de los monotributistas y beneficiar a los clubes de barrio y sectores gastronómicos, iniciativas que no fueron incorporadas. La legisladora Claudia Neira señaló que «no se puede comprender cuál es el plan de Gobierno» y añadió que el oficialismo envió modificaciones a la Ley de Ministerios que no están reflejadas en las partidas.
La deuda de coparticipación: el reclamo que no cesa
Macri volvió a poner sobre la mesa el histórico reclamo a la Nación por los fondos de coparticipación. «Este esfuerzo que la Ciudad está haciendo no alcanza si no se cumple con el pago de la coparticipación de una deuda generada por el gobierno kirchnerista y que la Nación aún mantiene con los porteños», afirmó. La deuda, que, según el Gobierno porteño, asciende a más de 550.000 millones de pesos, se originó durante la gestión de Alberto Fernández y fue ratificada por un fallo de la Corte Suprema.
Para graficar la magnitud del reclamo, Macri enumeró lo que se podría hacer con esos fondos: «Tres líneas de subte, cuatro más de tranbús; refacción integral de 800 escuelas; actualizar el equipamiento de todos los hospitales y CESACs; comprar 500 patrulleros más y 60 formaciones de subte nuevas”. No obstante, en la negociación por el Presupuesto 2026, el gobierno nacional no dio señales de avanzar en una solución. El ministro de Hacienda porteño, Gustavo Arengo, reconoció que «no estamos viendo que haya una resolución a corto plazo”.
Obras públicas: anuncios faraónicos en un contexto de ajuste
El capítulo de infraestructura fue uno de los más cargados de promesas. Macri anunció la convocatoria a licitación nacional e internacional para la futura Línea F del subte, una obra que lleva décadas en estudio y cuya inversión inicial rondaría los 1.500 millones de dólares. También mencionó la transformación de la Autopista Dellepiane en la «primera autopista parque», con 160.000 metros cuadrados de áreas verdes.
Los proyectos se enmarcan en un presupuesto que destina el 20% de los recursos a inversión de capital, con especial énfasis en el transporte, donde se asignarán más de 1 billón de pesos. Sin embargo, el actual contexto de ajuste macroeconómico y la volatilidad cambiaria ponen en duda la viabilidad de algunas obras, especialmente aquellas atadas al dólar.
El «fin del caos» y la realidad del Conurbano
Una de las frases más provocadoras de Macri fue su referencia al conurbano: «No queremos vivir como en lo peor del Conurbano”. La declaración, en línea con su discurso de orden y seguridad, busca marcar distancia respecto a la gestión de la provincia de Buenos Aires, gobernada por el peronista Axel Kicillof.
Pero los números no acompañan del todo el relato de la «Ciudad ordenada». Según datos oficiales, en 2025 cerraron cerca de 2.000 empresas en la Capital Federal, en un contexto de caída del consumo y del ajuste nacional. La pérdida de empleo y de actividad económica no parece compatible con la idea de un distrito que ha logrado domar el caos.
El mensaje político: marcar la cancha
En clave interna, el discurso de Macri también tuvo una lectura estratégica. Tras un 2024 complicado, con cuestionamientos en materia de higiene urbana y seguridad, el jefe de Gobierno busca consolidar su perfil y reforzar la identidad del PRO frente al avance de La Libertad Avanza y del peronismo en la Ciudad. En la Legislatura, el oficialismo será la tercera fuerza y deberá negociar cada iniciativa en un escenario de fragmentación.
La relación con los libertarios, que resultó clave para aprobar el Presupuesto 2026, es una muestra de ese equilibrio. Pilar Ramírez, jefa del bloque de LLA, anticipó que seguirán presionando por más bajas de impuestos y mantiene sus críticas a la gestión. «Con estos muchachos nunca sabes, hay que ver la letra fina», dijo durante las negociaciones.
El discurso de Jorge Macri fue un catálogo de buenas intenciones: orden, seguridad, baja de impuestos, obras faraónicas. Pero cuando se confrontan las palabras con los números, aparecen las fisuras. La situación de calle crece, las empresas cierran, la deuda de coparticipación no se cobra y la relación con los aliados libertarios es una cuerda floja. La Ciudad del orden que promete Macri aún no llegó. O al menos, no para todos.
