El plan Maestro no tan maestro
Mientras el congreso debatía la reforma laboral, en la ciudad de Buenos Aires el gobierno de Jorge Macri tomó una decisión que pasó desapercibida para los medios monopólicos, pero no para las escuelas: despidió a 50 docentes del programa de alfabetización Maestro+Maestro, lo que equivale al 20% de su planta. Entre los despedidos hay maestras embarazadas, con licencia por maternidad y con problemas de salud. El argumento oficial es que no realizaron un curso de capacitación. El argumento real, sostienen desde el sector educativo, es que el ajuste también se aprueba en la ciudad, sin debate y a escondidas.
por Melina Schweizer
El jueves pasado, mientras los ojos del país estaban puestos en el Congreso y la media sanción de la reforma laboral, en la Ciudad de Buenos Aires ocurría otra cosa. El gobierno de Jorge Macri, a través del Ministerio de Educación que conduce Mercedes Miguel, tomó una decisión que confirma lo que los gremios vienen denunciando desde hace meses: existe un plan sistemático de vaciamiento de la educación pública porteña. Y se ejecuta con fría precisión administrativa.
Ese día, 50 docentes del programa Maestro+Maestro (M+M) recibieron un mail que les comunicaba su despido. No hubo una carta, no hubo una llamada, no hubo un cara a cara. Fue un mensaje frío, como los que se envían cuando se quiere evitar el conflicto cara a cara. Pero el conflicto ya está instalado.
Qué es Maestro+Maestro (y por qué es clave)
El programa Maestro+Maestro nació en 1998 por iniciativa de directivos y supervisores de la zona sur de la Ciudad, que detectaron una necesidad urgente: los chicos llegaban a los grados superiores sin saber leer y escribir adecuadamente. La repitencia, observaron, se debía en gran parte a no haber aprendido en los tiempos esperables.
El programa funciona con una «pareja pedagógica»: un docente especialmente capacitado trabaja junto a la maestra de grado en el aula, apoyando la alfabetización en primero, segundo y tercer grado, especialmente en las escuelas de los barrios más postergados. No es un adorno. Es una herramienta concreta para abordar la desigualdad desde la escuela.
Desde sus orígenes, los docentes del programa sufrieron la precarización: eran dados de baja al final del ciclo lectivo y recontratados al inicio, perdiendo derechos como el cobro de vacaciones. Recién en 2010, tras una lucha gremial, la Legislatura porteña incorporó el Área de Programas Socioeducativos al Estatuto Docente, permitiendo el acceso por concurso. Pero aun hoy, muchos docentes siguen siendo interinos después de 15 años.
Los despidos: 50 familias, 50 historias
Los 50 despedidos representan el 20% de la planta total del programa. Según un relevamiento de los propios trabajadores, tras esta medida quedarían alrededor de 220 docentes en funciones, de los cuales solo entre 100 y 130 fueron titularizados. El resto, entre 90 y 100, sigue en situación de precariedad laboral.
Entre los despedidos hay casos que deberían conmover a cualquiera, pero que a la gestión Macri-Miguel parecen no importarle. Está la compañera con licencia por maternidad a la que le habían prometido que podría hacer el curso este año. Están quienes estaban con licencia médica. Están quienes tenían superposición horaria porque estaban estudiando. Y está Belén, una de las despedidas, que lo contó con palabras que deberían circular por todos lados:
«Clara nació un 10 de marzo y yo agradecí ser maestra. Hace unos días estaba organizando el primer cumple de Clari, envuelta en deudas, pero con toda la ilusión de celebrar su vida. De sopetón, mediante un mail, como se comunican los cobardes, me enteré de que me quedé sin trabajo. Chau, torta, chau, souvenires, chau, regalo: como no soy titular, me dan de baja. Nadie nos habla. Nadie nos escucha. No le importamos a nadie. Ni yo, ni Clari, ni los 75 nenes a los que iba a acompañar este año».
La justificación oficial (que no resiste análisis)
Desde el Ejecutivo porteño argumentan que los despidos se enmarcan en un proceso de «normalización» y «titularización» del programa. La condición para titularizar era realizar un curso de capacitación obligatorio, basado en un nuevo diseño curricular.
Ailén Beraldo, docente delegada del programa e integrante de la comisión directiva de Ademys, lo explica sin vueltas: «En 2025 logramos un proceso de titularización bajo algunos requisitos que tenían que ver con llevar adelante un curso para poder titularizar. Esto de acuerdo al nuevo diseño curricular que tiene un enfoque totalmente distinto al que se venía trabajando en el programa, casi lo contrario a lo que se venía haciendo».
El problema es que el curso fue anunciado a último momento, sin contemplar las situaciones particulares de quienes no podían realizarlo. «Mayormente los docentes despedidos tienen justificativo de por qué no pudieron hacer el curso. En su gran mayoría había compañeras con licencia médica, con superposición horaria porque muchas estaban estudiando otra cosa y de repente les impusieron este nuevo curso. Pero también algo muy grave es que hay compañeras que estaban con una licencia por maternidad y a ellas les habían prometido que se iba a abrir una nueva instancia para que puedan hacer el curso este año y titularizar».
Eugenio Ariza, otro de los 50 despedidos, agrega: «Como pasa mucho en el área socioeducativa, la situación de inestabilidad laboral es enorme. Hay muchos compañeros y compañeras que en los diferentes programas que componen el área son interinos desde hace 15 o más años».
El marco legal: la resolución 153/26
Los despidos no son un hecho aislado ni una decisión improvisada. Están respaldados por la Resolución 153/26 del Ministerio de Educación porteño, que establece los «lineamientos para la implementación de la política socioeducativa».
La resolución autoriza la reorganización de las plantas docentes de cada programa, incluida la supresión de cargos «sobre la base de los informes técnicos y evaluaciones elaborados por las áreas responsables de su implementación». Además, establece que el plantel docente «se actualizará periódicamente conforme a los requisitos de funcionamiento (…) y a los informes técnicos en relación con el desempeño y el alcance del programa».
En criollo: derechos laborales conquistados durante años, borrados de un plumazo bajo el principio de «eficiencia» y «optimización de recursos». Lo que no se dice es que esa «optimización» implica menos docentes para los pibes que más los necesitan.
El contexto: una política sistemática de vaciamiento
Los despidos en Maestro+Maestro no es un hecho aislado. Es un nuevo capítulo de una política sistemática que el colectivo Vacantes Para Todxs en Escuelas Públicas (VPTEP) denuncia desde hace años.
El relevamiento realizado por el colectivo resulta escalofriante. Escuelas enteras cerradas, grados que desaparecen, secciones que se unifican y una matrícula estatal que, según el anuario escolar oficial, no se redujo. La excusa de la «baja de natalidad» no resiste el mínimo análisis.
Algunos casos documentados:
○ Escuela 16 DE 14: cerrada completamente en el barrio de La Paternal, con más de 100 años de historia, con el voto de legisladores de todos los bloques.
○ Escuela 16 DE 1: cierre total de la jornada simple, pasan compulsivamente a jornada completa.
○ Escuela 2 DE 7: cierre total.
○ Escuela 11 DE 12: cierre total.
○ Escuela 20 DE 18: cierre total.
La lista sigue: escuelas 5, 20, 19, 23, 10, 11 del distrito 2; escuelas 1, 2, 8, 19, 22 del distrito 15; escuelas 1, 2, 4, 8, 12, 17 del distrito 7. Todas con cierre de salas, grados o secciones .
La contradicción que grita
Mientras el gobierno de Macri despide a 50 docentes de alfabetización y cierra escuelas públicas, subvenciona millonariamente a las escuelas privadas. En la última sesión de la Legislatura, se aprobaron subsidios millonarios para el sistema privado, con el único voto en contra del bloque del Frente de Izquierda.
Al mismo tiempo, la Ciudad enfrenta una paradoja: hay entre 400 y 500 cargos docentes vacantes, especialmente en materias «duras» como matemática, física y química, y en idiomas. El gobierno sale a buscar docentes al interior del país y a Venezuela, mientras echa a los que ya estaban trabajando.
La hipocresía es total. Faltan docentes, pero despiden a los que tienen. Cierran escuelas, pero subsidian privadas. Hablan de «inclusión», pero eliminan programas que atienden a los más vulnerables.
Lo que está en juego
El programa Maestro+Maestro no es un gasto superfluo. Es una política concreta para abordar la desigualdad educativa desde la base. Como señalan los gremios, debería implementarse en todas las escuelas porteñas, no solo en las más postergadas. Pero en lugar de ampliarlo, lo desguazan.
La Asociación Docente de la Ciudad de Buenos Aires (Ademys) y el colectivo Vacantes Para Todxs han denunciado que estas medidas configuran «un debilitamiento sistemático de la educación pública en la jurisdicción». Y tienen razón.
El lunes 23 de febrero, los docentes de Maestro+Maestro, junto a los sindicatos UTE y Ademys, pararon y se movilizaron desde Retiro al Ministerio de Educación, exigiendo la reincorporación inmediata de los despedidos. La lucha sigue.
Detrás del biombo
Mientras Jorge Macri y Mercedes Miguel hablan de «modernización educativa» y «fortalecimiento de la enseñanza», en las escuelas de los barrios más humildes de la Ciudad los docentes que alfabetizaban a los pibes de primero, segundo y tercer grado están siendo despedidos. Muchas de ellas, embarazadas. Muchos, con 15 años de interinato a cuestas.
El «plan de vaciamiento» que denuncian los gremios no es una teoría conspirativa. Es una política concreta que se mide en despidos, en programas que se caen, en escuelas que cierran, en derechos laborales que se licúan. Y tiene nombres y apellidos: Jorge Macri, Mercedes Miguel, y una legión de funcionarios que ejecutan el ajuste sin mirar a los ojos a quienes destruyen.
Los 50 docentes despedidos el jueves pasado son apenas la punta del iceberg. Abajo, flotando en la oscuridad, hay un sistema educativo que se hunde lentamente mientras el gobierno de la Ciudad mira para otro lado. Y los únicos que pagan el pato, como siempre, son los que están en la punta: los pibes de los barrios populares, que hoy tienen un maestro menos para aprender a leer.
