inflación de febrero en la Ciudad
En febrero, la inflación porteña marcó 2,6%. Un número que, en otro momento, habría sido celebrado como un respiro; hoy apenas se siente como una pausa breve, un descanso mínimo en un camino que sigue cuesta arriba. La comparación interanual —32,4%— devuelve la imagen completa: un año que no logra desprenderse de las tensiones que lo atraviesan.
Pero más allá de los porcentajes, la vida cotidiana ofrece su propia traducción. Durante ese mismo mes, una familia tipo —una pareja joven, ambos con trabajo, dos hijos en edad escolar, vivienda propia— necesitó más de $1.440.146,88 para no caer por debajo de la línea de pobreza en la Ciudad de Buenos Aires. Ese número, que corresponde a la Canasta Básica Total, crece incluso cuando la inflación parece desacelerar. Como si la economía avanzara con un pie en el freno y otro en el acelerador.
El dato más revelador del mes no estuvo en el índice general, sino en la distancia entre Bienes (1,9%) y Servicios (3,0%). Esa brecha, que se ensancha mes a mes, anticipa un cambio que todavía no llega: la actualización del IPC nacional, demorada por el Gobierno, que aumentará la ponderación de los servicios para reflejar mejor cómo consumen hoy los hogares. La Ciudad, mientras tanto, ya muestra esa transición en su propia dinámica de precios.
El rubro que más empujó hacia arriba fue Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con un salto de 5,9%. El nuevo esquema de subsidios —que redefinió la segmentación y generó impactos desiguales— dejó su huella. A eso se sumó el 4% de aumento en la tarifa de AySA.
Detrás vinieron Seguros y servicios financieros (5,0%), Equipamiento y mantenimiento del hogar (3,1%) y Salud (3,0%), donde las prepagas volvieron a ajustar y los medicamentos siguieron su propio ritmo ascendente.
En el mercado inmobiliario, la tensión no afloja: los alquileres subieron 2,6% en febrero y acumulan 35,7% en un año. El dato que inquieta es otro: hacia fines de 2025, alquilar un dos ambientes ya demandaba el 45% del ingreso promedio de un trabajador registrado. Un porcentaje que deja poco margen para el resto de la vida.
El rubro Alimentos y bebidas no alcohólicas aumentó 2,9%, pero su interior mostró dos mundos distintos.
Por un lado, los productos básicos —carnes, aceites, bebidas, lácteos— siguieron subiendo.
Por el otro, los productos estacionales ofrecieron un alivio inesperado: frutas y verduras en baja, un respiro que llegó más por la dinámica del Mercado Central que por una tendencia sostenida.
El transporte vivió un mes particular. A nivel nacional, el Gobierno anunció un aumento del 31% en los colectivos bajo su órbita. En la Ciudad, los colectivos porteños subieron 2,8% y el subte llevó su tarifa a $1.336.
Aun así, el rubro cerró con una variación negativa de -0,4%, empujado por la baja en combustibles y la estabilidad en algunos servicios.
Febrero dejó una calma cambiaria poco habitual: el dólar mayorista subió 1,6%, el minorista cayó 0,6% y los financieros retrocedieron 0,2%.
Pero esa tranquilidad duró poco. A comienzos de marzo, los futuros del Brent saltaron más del 30%, superando los 100 dólares tras los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz, un corredor clave para el petróleo mundial. La economía local, siempre sensible al precio del crudo, tomó nota.
