«Loca fuerte», la biografía de Pedro Lemebel

Pedro Lemebel, figura clave de la literatura y la cultura chilena contemporánea, se erige como un poeta y cronista cuya vida y obra se entrelazan de manera inextricable. Como señala Óscar Contardo, autor de la biografía «Loca fuerte», Lemebel no concibió la escritura como un mero oficio, sino como una forma de resistencia y cuestionamiento frente a un mundo que le resultaba opresivo. En este sentido, la obra de Lemebel trasciende lo puramente literario para convertirse en un acto político y una declaración de principios.

La biografía de Contardo subraya la relevancia de Lemebel como un ícono de rebeldía y resistencia en Chile. Su figura, según Contardo, encarna la compleja historia del pueblo llano chileno y representa una demanda ética a la transición democrática, así como una postura crítica frente a los acuerdos políticos post-dictadura. Sus crónicas, plasmadas en obras como «Loco afán» y «La esquina es mi corazón», y su novela «Tengo miedo, torero», exploran los márgenes de la sociedad chilena, dando voz a aquellos que han sido históricamente silenciados.

La experiencia de Contardo al escribir el perfil de Lemebel para la revista Gatopardo, que luego se convertiría en la base de su biografía, revela la complejidad y la imprevisibilidad del artista. Su personalidad ambivalente, capaz de alternar entre la ternura y la hostilidad, refleja la intensidad con la que vivía y se relacionaba con el mundo. Esta complejidad, lejos de ser un obstáculo, se presenta como un elemento fundamental para comprender la profundidad y el alcance de su obra. En definitiva, Pedro Lemebel no solo fue un escritor talentoso, sino también un activista incansable y un observador crítico de la realidad chilena, cuyo legado continúa resonando en la política y la cultura del país.

El arte de incomodar con belleza

Pedro Lemebel nació en San Miguel, Chile, en 1952, bajo el nombre de Pedro Mardones Lemebel. Eligió firmar con el apellido materno, un gesto que ya anunciaba su voluntad de subvertir los órdenes establecidos. Hijo de una maestra y un panadero, fue el primero de su familia en acceder a la educación superior, un privilegio escaso en el Chile de los años setenta. Aunque comenzó estudiando Diseño, la dictadura interrumpió su formación y, finalmente, se tituló como profesor de Artes Plásticas en la Universidad de Chile.

Sin embargo, no se conformó con enseñar desde un aula. Su verdadera cátedra fue la calle, el cuerpo, la performance. Junto a Francisco Casas formó el dúo artístico “Las Yeguas del Apocalipsis”, que entre 1987 y 1997 desafió con arte, provocación y ternura los silencios impuestos por la dictadura de Pinochet. Con intervenciones que mezclaban fotografía, video y acción directa, Lemebel convirtió su identidad disidente en un acto político, en una forma de memoria encarnada.

Su obra escrita —traducida a múltiples idiomas— es un testimonio feroz y poético de las heridas de Chile. Libros como Loco afán y Tengo miedo torero no solo narran la marginalidad, sino que la dignifican, la iluminan. Para Lemebel, la escritura no era un refugio, sino una forma de combate. Como señala su biógrafo, su vida y su obra eran una misma cosa: una trama de afectos, de rabia, de belleza.

Lemebel no solo fue un ícono de las disidencias sexuales, sino también un profundo cronista del dolor y la resistencia de su pueblo, cuya obra literaria se erige como un acto de amor radical que desafía el dolor y la incomodidad social. Según su biógrafo, su relevancia trasciende el ámbito de las disidencias sexuales, porque su legado sitúa a los chilenos en un espacio sin fronteras sociales y políticas, una experiencia rara para un pueblo marcado por sus límites. La dupla que formó con Francisco Casas, «Las yeguas del apocalipsis», fue fundamental entre la dictadura y la posdictadura en Santiago, utilizando el arte como vehículo para expresar las heridas de ese periodo.

Para Lemebel, la vida y la escritura eran inseparables: su vida misma se convirtió en obra, y la escritura —especialmente la crónica— fue su herramienta para imponerse en un contexto hostil. Además, su programa radial «Cancionero» fue clave para conectar con un público popular y diverso, consolidando así su fama y su influencia cultural en Chile. Para sus amigos de barrio y de universidad, antes que el Lemebel escritor, hubo un Pedro Mardones (su nombre original) que dibujaba muy bien y que tenía debilidad por las artes visuales», señala su asegura que fue muy difícil que alguien como él, viniendo de donde venía y en medio de una dictadura, pudiera encontrar un lugar en las artes visuales. Situación que le permitió volcarse a la escritura: primero a través de la poesía, luego como cuentista y, finalmente, como cronista. Lemebel contaba que llegó a la crónica porque le ofrecieron un espacio y un trabajo remunerado escribiendo para una revista. «La escritura fue un camino para imponerse frente a un ambiente que le era hostil. Para imponer su vida como una obra de arte».

La radio fue un espacio central para su ida y vuelta con un público lector que le interesaba: el taxista, el repartidor de supermercado… Así, para el autor de «Loca fuerte», «la radio era el recuerdo de su madre, Violeta; representaba ese vínculo y la pertenencia a un mundo en donde no había libros, sino música o conversaciones de barrio». En su programa, él lograba unir la tradición literaria en la que se estaba inscribiendo con el origen popular que él reivindicaba como señal de identidad.

«Además, la radio Tierra era un mundo femenino, una radio hecha por mujeres en donde el único varón era él. Ese mundo de mujeres feministas lo protegía y con ese mundo él hizo alianza para hacerse de un sitio. Por otro lado,18 la oralidad tenía muchísima importancia para él, y persistió en hacer sus lecturas aun después de que le extirparan las cuerdas vocales. El momento cuando él sabe que va a perder la voz y le pide a Constanza Farías grabar una última lectura es conmovedor», relata Contardo.

Ante la pregunta por aquello que más lo sorprendió al repasar, reconstruir y narrar la vida de Lemebel, el periodista cita «los misterios que le gustaba mantener sobre su vida en los años 70, sobre todo el período entre el Golpe de Estado del 73 y su época universitaria. De eso no hablaba con los amigos que hizo posteriormente. Nadie sabía muy bien qué carrera había estudiado ni en qué facultad exactamente. Él quería mantener el control sobre su vida, que era su obra», asevera.

Lemebel falleció el 23 de enero de 2015, a los 62 años, por un cáncer de laringe que lo mantenía hospitalizado, pero que le permitió asistir a un festejo de año nuevo que se hizo el 31 de diciembre de 2014 en su departamento. Esa fue la anteúltima vez que interrumpió la internación; la siguiente fue el 7 de enero cuando, con ayuda de sus amigos y amigas, evadió los controles de la clínica y asistió a un espectáculo en su homenaje que se hizo en el Centro GAM de Chile.

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