Festejo Feminista

… «El aborto está en la sociedad, si hoy perdemos no importa, mañana volvemos, volvemos en el 2019, vamos a volver todas las veces que sean necesarias. La cúpula del congreso es verde, acompaña nuestro día. Doblamos, bajamos por Mitre apenas si se puede caminar, tenemos que llegar hasta Sarmiento. Las marchas, las vigilias, tienen todas sus místicas, con las parrillas, los que te venden el merch, los perros que le ladran a la alegría, las troskas que cantan, las minas que bailan, el pan casero, la cerveza, las minas tomamos cerveza hoy también muchos se enteraron de eso. Toda nuestra vida está en la calle, me encanta. Tomamos cerveza, otro más piola vino a vender vino, fumamos porro, nos gusta coger, nos gusta hablar de sexo y nos gusta la comida. Somos seres humanos con nuestras cosas, nuestras particularidades, nuestros tiempos, nuestras cuestiones. Hoy estamos acá peleando para dar vuelta todo porque si sale el aborto cambia nuestra vida. Pero si hoy no sale y en el Senado tampoco sale, nuestra vida cambió igual. Esto no tiene vuelta atrás. Es como cuando te enamoras. No podés defenderte. Estamos entregadas a algo que nos supera. Y nos gusta. Como nos gusta coger, hablar de sexo, la comida…»

Helena Pérez Bellas – Toda la vida

 

por Mariela Acevedo

Festejos feministas en las calles de Buenos Aires

El 14 de junio será recordado en la historia como el jueves verde en el que las feministas celebramos la media sanción del proyecto de legalización del aborto en Argentina. Aun sin tener la certeza de qué sucederá en Senadores, el avance de la agenda feminista es indiscutible: se impuso en la opinión pública y las pibas hicieron –como señaló la referente estudiantil Ofelia Fernández en una de las sesiones informativas- del “pañuelo verde su uniforme”. El momento de votación fue emocionante y encontró a miles de personas en la calle, siguiendo el debate en pantalla gigante en las inmediaciones del Congreso luego de 24 horas de vigilia y más de 20 horas de discusiones parlamentarias. Por 129 a 125 votos y una abstención se definió que un proyecto consensuado se gire a Senadores para que le den tratamiento y podamos ejercer un derecho más: el de decidir soberanamente sobre nuestros cuerpos sin dejar en ello la salud, la dignidad o la vida

13J. Vigilia

“Si no puedo bailar no me interesa tu revolución”. La frase es adjudicada a la anarcofeminista Emma Goldman. Dejé de usarla a partir de los bailes presidenciales y del show que prometía una “revolución de la alegría”. Por eso el 13J fue volver a sentir que valía la pena estar ahí, poner el cuerpo, bailar, beber, tocar, gritar, llorar colectivamente, abrazarse, darse calor, besarse, mirarnos y encontrarnos. Las pibas que estaban en las tomas de los colegios llegaron en patota, salían de los subtes cantando, portando carteles. Los compañeros habían quedado en las escuelas resguardando las tomas. Nada que agregar. Entendieron todo y nos están enseñando.  Las calles parecían un Encuentro Nacional de Mujeres improvisado y a cielo abierto: Encuentreras ocupando los bares, ruidosas cantando por el aborto legal en el Hospital, durmiendo sobre las mesas, con sonrisas que no dejaban espacio para nada más en esos rostros llenos de glitter y pintura verde. Un delirio: parecía que estábamos en un universo paralelo del que no queríamos ser desalojadas. Del otro lado de Rivadavia, también hubo una realidad divergente: no duró hasta la madrugada, sólo hasta que se ocultó el sol. Rezaron, maldijeron e hicieron una ecografía en vivo en un escenario que condujo una periodista de espectáculos. Los colores predominantes fueron el rosa y el celeste y el llamado al orden convocó especialmente a mayores de 40 que profesan el culto católico o evangélico. A la medianoche descansarían en sus camas o, con suerte, tendrían sexo reproductivo dentro de la institución matrimonial. Dios sabrá.

Audiencias y dictamen

Durante semanas vinimos latiendo una fecha: 13J. Las reuniones informativas de los martes y jueves hacían arder las listas en wasap y cronometraban las tareas de muchas feministas que hacían su trabajo de forma intermitente: cuando le tocaban los siete minutos de exposición a los antiderechos, muchas aprovechaban  para activar y realizar todo rápido para suspender trabajo los  siguientes siete minutos, escuchar y vitorear a las colegas que le pusieron el cuerpo y la voz a nuestro reclamo. Llegadas las últimas exposiciones una sentía que iba a extrañar las ponencias que se hicieron parte de esas conversaciones de la semana. Durante un mes y medio, pasaron más de 700 expositoras/es para contar experiencias, investigaciones, lecturas, militancias. Tras las reuniones informativas, el primer logro fue festejar el dictamen de mayoría: un proyecto que a pesar de legalizar el aborto hasta la semana catorce, penaliza a gestantes y personal de la salud si se realiza fuera de las causales desde la semana quince e introduce la objeción de conciencia personal (expresamente impide la objeción institucional). Por la minoría,  el dictamen de rechazo era muy claro sobre lo que molestaba: “Si bien los textos en estudio tienen diferencias, [diez proyectos presentados por distintos espacios políticos] responden al mismo espíritu. (…) los textos de los proyectos desenmascaran su verdadera intención: que se instale en el debate y en nuestro ordenamiento jurídico el derecho al aborto para el goce pleno de los derechos sexuales y reproductivos.” Sí, sí, se oponen al goce de derechos y lo dicen ellos.

La media sanción

9.50 del jueves 14 de junio. Todos los ojos están puestos en una pantalla, ya han concluido los bloques dejando increíbles reflexiones: la oposición y el oficialismo han tendido puentes improvisados y trincheras inexplicables. Muchas reconocemos con vergüenza  que una diputada PRO nos sacó lágrimas al mencionar a las que no se cansaron de luchar por el aborto, que ya no están pero las sentimos ahí, pero ahora todo es silencio. Hay compañeras que se abrazan y cierran los ojos, parece que invocaran a la diosa rebelde, a la Pacha, a nuestras ancestras. Muchas sentimos que ese minuto se hace interminable y finalmente estallamos en un alarido colectivo. Hay gritos, abrazos y lágrimas. Esto se parece a la felicidad.

El aborto clandestino se va a caer, se va a caer

Lo que falta: En Senadores, donde todo indica que será más áspero, parecen parar la oreja y oír  el reclamo. Es probable que el trámite sea más acordado y antes de nuestra primavera feminista podamos iniciar una etapa que demoró un siglo: el aborto legal (no punible) está incluido en el código penal desde 1921. La ampliación del derecho es reclamada desde el retorno de la democracia. Ya es hora. Que sea Ley.

 

 

 

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