Las fuerzas del suelo

por Mariane Pécora

En la tarde del 1 de marzo se desplegaron en torno al Congreso de la Nación tres anillos de seguridad y siete mil efectivos de la Casa Militar, fuerzas federales y Policía de la Ciudad. La escenografía dio marco a la apertura de sesiones del Congreso de la Nación. Subido a una tarima, Javier Milei, el presidente de la Nación, insultó, fustigó, amenazó y hasta brincó para su claque. Mientras tanto, en la Plaza de los dos Congresos, cientos de personas, que no fueron televisadas, coreaban: “¡Milei Basura, vos sos la Dictadura!”.

Una semana después, el viernes 8 de marzo, en los alrededores del Congreso, se ensayó un despliegue similar, menos rimbombante y sin la Casa Militar de por medio, con motivo de la movilización del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Esta vez, las fuerzas del suelo, las hijas de la Pachamama desbordaron las calles, patearon las vallas y apabullaron a la tropa policial.

Sobran motivos. Cada 26 horas una mujer es víctima de femicidio en nuestro país. Las políticas de ajuste implementadas por el actual Gobierno tienen un impacto directo en las mujeres y diversidades. Los programas destinados a prevenir, asistir y erradicar la violencia y trata de mujeres no están funcionando. Los discursos de odio y anti-derechos contribuyen a potenciar la violencia contra las mujeres.

Los ataques y agresiones al movimiento de mujeres y diversidades sexuales son recurrentes en la furibunda verborrea de Javier Milei, que a contramano del mundo se pronuncia en contra del derecho al aborto, el feminismo, la educación sexual y las diversidades. En su acotada resignificación de la Historia no sólo considera nocivos estos derechos, sino que los percibe como una amenaza a la virilidad. En el plano político y cultural, este escarnio se hizo manifiesto con la abolición del ministerio Mujeres, Géneros y Diversidad, la prohibición del uso del lenguaje inclusivo en la administración pública nacional y la erradicación de la sala de las Mujeres de la Casa Rosada -convertida en salón de los Próceres, con un póster de Ménem incluido-. Sin embargo, es en el plano económico donde estas feroces provocaciones toman carnadura.

Un estudio sobre desigualdad y brecha de género realizado por organismos defensores de los derechos humanos, mujeres y diversidades [1], revela que en los primeros dos meses del año se observa un descenso del 33 % en el gasto destinado a políticas públicas orientadas a reducir la desigualdad de género. Se trata del desfinanciamiento de los programas que garantizan pisos mínimos de protección social, como la asignación universal por hijo (AUH) y las moratorias previsionales. Mientras que el presupuesto dispuesto para el fortalecimiento de la infraestructura de espacios de cuidado, como jardines infantiles y centros de primera infancia, ni siquiera fue ejecutado. Y las políticas de erradicación de la violencia contra las mujeres, como la Línea 144 y Acompañar, muestran una subejecución presupuestaria del 65% en el primer bimestre del año.

HARTAS se lee en una pegatina sobre una pared de Av. de Mayo, cada letra está impresa en una hoja oficio y esta palabra, que aparece gigantesca, articula distintas consignas que también se reproducen en las pancartas de las manifestantes. Hartas de la pobreza. Hartas de este gobierno de mierda. Hartas de alquilar. Hartas del miedo. Hartas de la violencia. Hartas de endeudarnos para vivir… Lili y Diana posan para la foto, una levantando el puño, la otra señalando la instalación. Ambas vinieron a la marcha con la Asamblea Vecinal de Berazategui, son docentes, el sueldo no les alcanza para vivir. ¡Están Hartas!

“Sin derechos No hay salud mental” dice la pancarta que lleva Florencia. Está parada en la esquina de Rodríguez Peña y Rivadavia, junto a colegas de la Asociación de Psicólogos y Psicólogas de Buenos Aires (APBA), son las cinco y media de la tarde, sopla un enfurecido viento de tormenta que amenaza convertirse en aguacero. Hacia el Congreso es casi imposible avanzar, la calle desborda. “Creemos que los derechos humanos y el acceso a la salud mental deben articularse en la agenda pública de los gobiernos a fin de evitar situaciones de injusticia, discriminación, violencia y exclusión”, explica Florencia y asegura que mujeres, disidencias sexuales e infancias son las más afectadas por las actuales políticas de ajuste económico. “Las mujeres y las diversidades somos las más perjudicadas por las políticas de ajuste que aplica el gobierno actual. Estamos acá para defender los derechos de las mujeres, de las infancias y las diversidades, conquistados tras años de lucha”, dice.

Elsa Basterra está parada en el centro de Plaza Congreso, lleva una gran pancarta donde se lee “Fuera Milei y su casta saqueadora”. Tiene 82 años y una larga militancia en el feminismo. “Siempre tuve motivos para luchar” dice Elsa, la hermana de Víctor Basterra, obrero gráfico que permaneció detenido-desaparecido durante la última Dictadura Militar. Víctor Basterra fue forzado a tomar fotografías durante su cautiverio y se las ingenió para sacar los negativos de la ESMA. Y así se conocieron a las personas detenidas-desaparecidas en ese centro de detención y a sus represores. «Gracias a él tuvieron toda la documentación para el Juicio a las Juntas y para la famosa película 1985”, acota Elsa.

“Hoy las mujeres vamos a ser visibles para este monstruito, si es que quiere vernos”, dice Elsa, que califica a Javier Milei como un raro experimento que los sectores de la derecha han instalado en nuestro país. “¡No me explico cómo llegó a tanta gente!, y fundamentalmente a la juventud, exclama. Luego reflexiona: “Siempre digo que los viejos de mierda han sido jóvenes de mierda, es gente fascista que cree que sus derechos están por arriba de los derechos de los demás y por eso buscan anular, silenciar y censurar a los que piensan distinto”.

“Recién nos cruzamos con un grupo de jubilados y fue muy emocionante ver a toda la gente que los aplaudía. Esto nos hace pensar en una sociedad que no está dispuesta a dejarse vencer. Les va a ser difícil arrancarnos derechos”, dice Mica, de 26 años. Vino a la marcha desde Escobar junto a un grupo de compañeras, todas llevan remera verde. “Vinimos, obviamente, en defensa de nuestros derechos, pero también para repudiar el plan de ajuste de Milei”, apunta y agrega: “Nuestro pueblo está padeciendo, estos tres meses parecen años. Esta marcha es la primera demostración de fuerza que las mujeres hacemos a este Gobierno. Y lo importante es que NO nos van a parar”.

Mica forma parte de la tanda de 400 empleados despedidos del ANSES en enero. “Había concursado para entrar en planta permanente, pero me echaron igual. Se trata de una actitud discriminatoria, que obviamente está judicializada”, relata y añade “Recién me crucé con mis compañeros que también fueron despedidos. Nos encontramos acá. Nos abrazamos. Sabemos que tenemos que seguir la lucha”.

Azul sostiene una pancarta donde se lee “La lucha es un poema colectivo”, viste estilo animé y lleva el pelo teñido de rosa y violeta: “Me parece que estar acá en las calles reivindicando nuestra lucha, nuestro derecho al aborto, nuestro derecho a vivir sin que nos maten, es un poema. Algo que expresamos más allá de este momento y de estas palabras”, dice la joven y confiesa que participa de las marchas del 8M desde los 13 años.

“Me parece muy fuerte que estemos cantando ‘La Patria no se vende’ y al mismo tiempo nos tengamos que poner a debatir sobre el aborto, que es un derecho que ya conseguimos. Creo que ya estamos cansadas, no tenemos la misma paciencia que tuvimos durante los años de ese debate. Es un delirio que se vuelva a poner en tela de juicio si tenemos o no tenemos derecho a abortar, es un delirio creer que el feminismo va contra los hombres, que los discrimina, cuando es la violencia machista la que nos mata”, agrega Azul, que hasta los 16 años vivió en una familia violenta. “Es muy difícil salir del círculo de violencia, sobre todo cuando sos chica y no tenés herramientas. Ves a tu mamá en una situación de mierda y no podés hacer nada, porque sos menor”.

“Hoy percibo esa misma situación de violencia a nivel nacional. Es una constante. Es muy delirante que seamos violentadas en la calle por el solo hecho de llevar el pañuelo verde”, apunta.

Juan y Germán llevan una pancarta que dice “Derecha NO, derechos Sí” con los colores de la diversidad sexual. Son una pareja gay. “Marchamos para apoyar la lucha de las mujeres en una fecha tan significativa como el 8M”, dice Germán

“Nosotros como comunidad LGTBIQ+ sabemos el riesgo que corremos con este Gobierno.  Lo que ya está pasando, lo que ya está haciendo, es desastroso. Entonces, así como hemos disfrutado un tiempo de los derechos conquistados, hoy estamos dispuestos a hacer lo que sea para defenderlos”, agrega Juan.

“Vivimos  muchos años escondidos, tapados, humillados, golpeados… Yo, que tengo 50 y pico, recién ahora disfruto de la plena libertad del ser humano. ¿Cómo no defenderla?”, completa Germán y añade: “Somos sororas, estamos reescribiendo la historia. Argentina siempre ha sido un faro en la conquista de derechos en el mundo y ahora nos lo quieren apagar. ¡No nos van a callar, vamos a seguir estando presentes, vamos a luchar por lo que conseguimos y por más!

 

 

 

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