El devenir del mítico Luna Park

En un nuevo capítulo de la novela judicial que envuelve al emblemático estadio Luna Park de Buenos Aires, la Sala III de la Cámara en lo Contencioso Administrativo y Tributario dispuso una medida cautelar que suspende de manera preventiva cualquier intento de demolición del histórico recinto. La decisión, fechada el 7 de abril, argumenta que una eventual demolición generaría «un daño irreversible» al patrimonio cultural, ya que no sería posible revertir la situación aunque posteriormente se falle en contra del proyecto.

El conflicto se arrastra desde hace meses y ha tenido idas y vueltas judiciales. En diciembre de 2025 se había dictado una primera suspensión; en marzo de 2026 se habilitaron avances en otra instancia, y ahora la Justicia volvió a poner freno al proceso. La medida fue tomada tras las presentaciones del constitucionalista Andrés Gil Domínguez y organizaciones como Basta de Demoler, Fundación Ciudad y el Observatorio del Derecho a la Ciudad.

Un proyecto de demolición masiva
El proyecto en discusión contempla la demolición de una parte significativa del estadio actual para construir uno nuevo, con una mayor capacidad y dimensiones. Según consta en el expediente judicial, la iniciativa de la empresa Stadium Luna Park S.A. pretende intervenir más de 11.600 metros cuadrados, conservando solo una porción menor de la estructura original: apenas 1.331 metros quedarían en pie. La nueva construcción alcanzaría una superficie de casi 30 mil metros cuadrados, distribuidos entre las calles Bouchard, Corrientes, Lavalle y Madero, e incluiría subsuelos, planta baja y cinco niveles superiores.

El Arzobispado de Buenos Aires, propietario del inmueble, avaló esta propuesta que le permitiría percibir un canon mayor por la explotación comercial del espacio. Sin embargo, esta acción se contrapone a la normativa que protege al edificio.

Un monumento histórico en jaque
El Luna Park fue declarado Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto N.º 123/2007 y cuenta con un nivel de «protección estructural» en el Código Urbanístico de la Ciudad. Este nivel de protección, según explicaron los legisladores porteños en un proyecto de resolución, aprobado recientemente, resguarda el exterior del edificio, su tipología y los elementos básicos que definen su forma de articulación y de ocupación del espacio.

«El estadio Luna Park constituye uno de los espacios más emblemáticos de la historia cultural y deportiva de la Ciudad de Buenos Aires. Durante casi un siglo fue escenario de encuentros deportivos y espectáculos artísticos de alcance internacional, ocupando un lugar central en el imaginario colectivo», sostuvieron los legisladores de Fuerza por Buenos Aires (FxBA), impulsores del pedido de informes sobre las obras.

Historia de pasiones, negocios y ballet
Construido en 1932 por José Pepe Lectoure y su socio Ismael Pace sobre tierras de relleno en la ribera del Plata, el Luna Park fue testigo de momentos inolvidables de la historia argentina. Allí se conocieron Juan Domingo Perón y Eva Duarte el 22 de enero de 1944, en un evento a beneficio del terremoto de San Juan. También fue escenario del mítico concierto «Adiós Sui Generis» y del casamiento de Diego Maradona, además, de presentaciones de figuras internacionales como Frank Sinatra.

El mundo de la danza también tuvo su capítulo de gloria en el estadio. En mayo de 2005, el Luna Park fue el escenario elegido para el estreno en Buenos Aires de «Hamlet Ruso», una de las obras más emblemáticas del coreógrafo Boris Eifman. La pieza, basada en la vida del Príncipe Pablo (quien se convertiría en el Zar Pablo I de Rusia), ofreció una mirada profunda sobre la psique humana y la corrupción del poder político. La función contó con la actuación estelar del reconocido bailarín Julio Bocca en el papel del Príncipe Pablo, y las siete funciones que se realizaron en el Luna Park se presentaron con localidades completamente agotadas, demostrando la capacidad del mítico estadio para albergar producciones artísticas de primer nivel mundial.

La historia del predio siempre estuvo marcada por intereses inmobiliarios. Antes de convertirse en estadio, el Luna Park fue un parque de diversiones fundado en 1910 por Domingo Pace, ubicado en Corrientes 1066, en pleno centro porteño. Funcionó allí, como parque y espacio de celebración de eventos deportivos, hasta que la apertura y el ensanchamiento de la Avenida 9 de Julio obligaron a su desmantelamiento y traslado.

En 1931, Ismael Pace (hijo de Domingo) y José Lectoure, ex campeón de boxeo amateur, alquilaron un nuevo predio baldío perteneciente al Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, ubicado entre Bouchard, Lavalle, Madero y Corrientes, donde se instaló el estadio que luego sería el Luna Park actual. Fue entonces cuando decidieron darle un nuevo rumbo al proyecto. La idea era transformarlo en un espacio versátil, capaz de albergar eventos deportivos, culturales y espectáculos masivos. Este cambio significó transformarlo en un estadio cubierto.

La construcción del nuevo Luna Park estuvo a cargo del arquitecto húngaro Jorge Kálnay. Con un estilo modernista y una fuerte impronta del art déco, Kálnay logró fusionar en una misma estructura un espacio amplio, funcional y estético, con capacidad para 22.000 espectadores, donde se podían desarrollar tanto eventos masivos como combates de boxeo, conciertos y espectáculos teatrales.

En 1932, el Luna Park se inauguró con un evento de boxeo; durante los primeros años, estos combates fueron su principal atractivo; en el habla popular se lo denominó “El Palacio de los Deportes”. Esta creciente popularidad evidenció la necesidad de adaptar su infraestructura a las necesidades del público, como, por ejemplo, la instalación de un techo en 1934, que lo transformó en el estadio cerrado más grande e importante de la ciudad.

El factor eclesiástico
El Arzobispado porteño se convirtió en propietario del 95% del estadio tras la muerte en 2013 de Ernestina Devecchi, viuda de Lectoure, quien legó su parte a la Iglesia con el propósito de que fuera administrado en beneficio de Cáritas y de la orden salesiana. Sin embargo, desde entonces circularon versiones sobre el posible cambio de destino del Luna Park, ante las «necesidades económicas» de la curia y el alto costo de mantenimiento del estadio, cuyas ganancias en 2017 fueron de apenas 400 mil dólares.

El propio Papa Francisco, fallecido en medio de esta controversia, solía utilizar el estadio para ordenar sacerdotes, pero no alcanzó a intervenir en el conflicto que hoy mantiene en vilo a los defensores del patrimonio porteño.

Posturas enfrentadas
Mientras que desde el Gobierno de la Ciudad y la empresa concesionaria sostienen que se trata de una «renovación inédita en décadas que mejora la seguridad, la acústica y la funcionalidad para transformarlo en un recinto para escenarios de primer nivel», las organizaciones vecinales denuncian que el proyecto «rompe con las normas» y que «no se trata de una adecuación, sino de una demolición para construir un estadio nuevo».

«Van a conservar apenas algunos aspectos de la fachada original», advirtieron desde la organización La Ciudad somos quienes la habitamos, mientras que Basta de Demoler cuestionó la «interpretación elástica del Código Urbanístico» de parte del Gobierno porteño.

Por lo pronto, la Justicia deberá resolver el fondo de la causa en los próximos meses, un fallo que podría derivar en una modificación sustancial del proyecto, en su cancelación definitiva o, eventualmente, habilitar la demolición del mítico estadio que supo ser comparado con el Madison Square Garden de Nueva York o el Palais des Sports de París. Mientras tanto, la comunidad artística y los vecinos celebran la suspensión, recordando que el Luna Park es el mismo escenario que, noche tras noche, supo vibrar con la majestuosidad del ballet ruso interpretado por grandes figuras argentinas.

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