Relatos Indómitos

La chica de las torpezas

por Marta García

Olivia tiene mucha habilidad para las torpezas cuando tiene visitas. No mueve un dedo por la pedagogía de los oprimidos porque no puede leer el libro de Paulo Freire, ya que se llama igual que un novio opresor que tuvo. Tampoco levanta el puño por las que ya no pueden hacerlo porque tienen las manos ocupadas tratando de desmoldar flanes sin hacer un enchastre. Suele hornear budines de limones robados a la vecina, que lo sabe pero no dice nada porque ella le roba los perejiles. No grita para que dejen en paz al litio mientras lee mensajes en el celu escritos con la sangre de su pueblo originario. Riega las plantas sin dirigirles la palabra porque tiene miedo de que un día le contesten y tenga que saludarlas todos los días. Hasta su perro es igual a ella; jamás acierta con el lugar donde enterró los huesos.

Entretenida cometiendo tantas torpezas, se distrae con sus seres queridos que caen a cualquier hora y sin chocotorta. Se diseminan los cuerpos de todas las edades por todas partes. Algunos quedan aferrados a la morera enfrutecida. Otros se estampan contra su cuerpo, dejándole rastros de ADN en sus cachetes aturdidos. Le impresiona ver a bebés en medio de semejante invasión dormir plácidamente, acostumbrados a las irrupciones en sus pañales.

Olivia solo quiere estar sola para hacer en privado lo que no puede hacer en público: matar a la chica de las torpezas y lograr su mejor destreza… ser ella misma.

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