Activar por la dignidad humana
«Somos un movimiento por la dignidad humana», dijo Diana Maffía, doctora en Filosofía y ex diputada, durante la conmemoración por las cuatro décadas de los Encuentros Plurinacionales de Mujeres y Diversidades. La celebración memoriosa se realizó en la Legislatura porteña. Y hubo un homenaje a Nina Brugo, la histórica luchadora por el derecho al aborto seguro que, desde 1986, no faltó a ninguno de los encuentros.
por Jésica Farías
Poquito a poco, se fueron acomodando en el Salón San Martín. Las sillas se ocuparon pronto. Afuera estaba frío, eran varias las que se abrigaban el cuello con el pañuelo verde. Y así, una al lado de la otra, comenzó la jornada 40 años del Encuentro Nacional de Mujeres (1986-2026) Archivos, memorias y genealogías, coorganizada por la Legislatura porteña y Tierra Violeta. Participaron referentas históricas del movimiento feminista, archivistas, investigadoras, activistas. Muchas de ellas fueron parte del primer encuentro, el que se celebró en mayo de 1986 en la Ciudad de Buenos Aires, más precisamente en el Centro Cultural San Martín, con casi 1.000 asistentes.
“¿Quiénes fueron al primer Encuentro?”, preguntó Diana Maffía, presidenta de Tierra Violeta y directora del Observatorio de Género en la Justicia en el Consejo de la Magistratura de la CABA. Ver algunas manos levantadas con tanta firmeza me hizo un nudo en la garganta y estallar en aplausos. “Salimos de esa experiencia completamente transformadas. Cada año, alguna mujer asiste por primera vez y experimenta ese cambio. Es una magia que sigue, una fortaleza que proviene de transformar la experiencia personal en experiencia política y comunitaria”, expresó.
¡A encontrarse se ha dicho!
Durante tres días, se realizan talleres, actividades culturales y artísticas, marchas e intervenciones donde se debate e intercambia para eliminar las desigualdades, el machismo y todas las violencias que vivimos por ser quienes somos. Pero cada una de estas reuniones es más, ¡mucho más! que eso.
“Hoy vamos a pensar en quienes preservan la memoria”, dijo Maffía. “Para esta jornada —siguió— nos hemos concentrado, precisamente, en el paso de la experiencia personal a la recuperación de testimonios; esto implica verbalizar y conceptualizar. Recuperar los documentos y la intervención en las políticas de la memoria, que están en disputa: ¿Qué se muestra? ¿Qué se oculta? La memoria no es transparente”. De ese modo, se destacó esa “custodia feminista apasionada” de Librería de Mujeres, una acción impulsada por Mabel Bellucci y Marta Fontenla, y de las organizadoras del primer encuentro. “Era nuestro lugar”, destacaron: fundada en 1995 por Piera Oria y Carola Caride, socias fundadoras del Taller Permanente de la Mujer, la librería se creó para hacer aportes en la lucha contra la discriminación sexista. “Es una de las 62 librerías del mundo especializadas en libros y publicaciones escritos por y para las mujeres”.
La llama encendida
“Organizamos este evento para celebrar los 40 años desde, justamente, los archivos, la memoria y la genealogía. “Consideramos que los archivos feministas son muy importantes porque recuperan memorias subalternizadas, invisibilizadas y ponen en agenda nuestras demandas y nuestros anhelos”, detalló a Periódico VAS María Patricia Prada, bibliotecaria de Tierra Violeta y directora de la Biblioteca y Centro de Documentación Feminaria. Y entonces fue un placer escuchar el panel ¿Quiénes y dónde se resguardan las huellas de la memoria del movimiento de mujeres?, del que también participaron integrantes del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (Cedinci), de Memoria Abierta, del Museo de las Mujeres, del Archivo Histórico Digital de los Encuentros de Mujeres y Disidencias y del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (IIEGE).
Cada intervención dio cuenta del crecimiento de los feminismos en nuestro país, del avance, de cada derecho ganado, de cada disputa, realzando el valor político y ético de la memoria colectiva y de los archivos feministas. “No tiren nada: nos llaman y pasamos a buscarlo”, enfatizaron las panelistas. Es que no es fácil hacer historia, aunque la sigamos pariendo, mientras llevamos adelante una, dos, tres o más tareas de cuidado, estudiamos y trabajamos en la precariedad. Por eso, guardar en la memoria es la tarea de estas guardianas que hacen lo imposible para que nada se pierda. Así, durante toda la actividad se pudo ver en una gran pantalla una serie de imágenes que dieron cuenta de estos 40 años: desde fotos de la primera comisión organizadora hasta el último flyer; desde un pañuelo verde a la remera color fucsia de un Encuentro; de aquellos primeros documentos escritos rapidito con una lapicera, a las conclusiones tipeadas. Con prisa y sin pausa, fuimos construyendo nuestro cuarto propio, que es colectivo.
En medio de cafecitos y abrazos, charlamos con Elsa Schvartzman, socióloga e integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, quien participó de la actividad. “Llegamos con mucha necesidad de conmemoración, de recuerdo, de historia, de recuperación histórica”, arrancó. “Y pienso —continuó— que, en estos 40 años, en algún momento de este día de homenaje tendríamos que mencionar la importancia de los Encuentros para la conformación de lo que después fue la Campaña Nacional, que este año cumple 21, pero en el año 2003, en el XVIII Encuentro en Rosario, empezó a pensarse, a gestarse y es un antecedente fundamental”. En esa ciudad fue donde por primera vez se usaron los pañuelos verdes. Una historia que no puede contarse sin las cuatro décadas: apenas dos años después, en 2005, se lanzó esa alianza federal amplia de organizaciones y personas para dar dignidad y ampliar sus derechos sexuales y reproductivos. La importancia de los Encuentros queda clara, clarísima: así nos metemos en la agenda que, muchas veces, se niega a tenernos en cuenta. Así ganamos derechos, así damos debate.
El próximo Plurinacional se realizará en la ciudad de Córdoba del 10 al 12 de octubre. “Es una herramienta de lucha sin precedentes en el mundo, es un abrazo que nos impulsa y esperanza a construir futuros mejores, es un ejercicio de memoria colectiva, para recordar a quienes nos faltan y quienes nos inspiraron, es un clamor de voces por todos nuestros derechos y reivindicaciones”, exclamaron desde la comisión organizadora.
La “encuentrera” que no faltó nunca
De impecable traje verde, con una camisa y pañuelos violetas, así llegó Nina Brugo a la Legislatura. Así la vi en muchas marchas de algunos de los Encuentros. Abogada laboralista, militante feminista sin descanso e integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, ella participó del primero en el ’86 a sus 43 años y no faltó a ninguno; por tanto, por todo, ella fue reconocida. “Yo no he traído nada escrito ni un discurso: voy a decir lo que me salga”, comenzó después de las hermosas palabras de Mabel Gamarra y Susana Gamba. Se paró frente al auditorio: “Así les veo”. Y nos reseñó su vida: en 1966 comenzó a militar porque le dio “la sensación de que lo social me atraía y que las injusticias me chocaban”.
En la sala también la acompaña su familia. El exilio, la desaparición de su hermano durante la última dictadura cívico-militar-eclesiástica. “Eso marcó mi vida, pero también a mis hijos”.
“Cuando volvíamos con Ana González, ella nos refugió en México y de ahí volvimos juntas, me contó que se iba a hacer un encuentro de mujeres. Yo ya estaba alguito en la cuestión de la mujer, pero de los feminismos no entendía nada”, recordó y llamó a su ladera al frente. También lo hizo con cada compañera con la que salió a las calles, a los barrios, a las instituciones y por donde anduvo, porque nadie se salva sola.
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TODO Y MÁS Nina Brugo, abogada e histórica defensora de los derechos de las mujeres, fue reconocida durante la actividad 40 años del Encuentro Nacional de Mujeres (1986-2026) Archivos, memorias y genealogías, coorganizada por la Legislatura porteña y Tierra Violeta. Allí nos regaló una anécdota que la pinta entera. “Fui al Encuentro de Jujuy en 1993. Preparamos un listado; les cobramos a las compañeras. Eran unas 42. Fuimos ubicando a cada una en los asientos del micro. Como tenía el listado, fuimos ubicando a todas hasta que me di cuenta de que yo, que también había pagado, ¡no tenía asiento para mí!”. Pero ella, que resuelve todo muy rápidamente, no quería perderse por nada esa reunión tan enorme y esperada: se consiguió unas mantas y, con una mochila como almohada, se acomodó en el piso del micro. |
Imagen de portada: Montaje sobre fotografías de Hernando Aristondo
