Ni una Menos y el Chineo

por Marcelo Valko

El pasado 17 de abril, en la Legislatura de Salta se aprobó la “Ley Octorina” para tipificar de manera explícita y autónoma en el Código Penal la figura del “Chineo” como una práctica sistemática contra mujeres, adolescentes y niñas originarias. “Chinear” o “ir de chinas” significa ni más ni menos que atrapar a alguna joven indígena y violarla. Así de simple, directo y trágico. La vigencia lingüística del término llevó al Superior Tribunal de Justicia de Formosa a explicitarlo en una sentencia: “Chinear, mantener relaciones sexuales no consentidas con mujeres indígenas o mestizas, o chinero, para denominar a quien se lo reconoce por su afición a dichas prácticas”. Las implicancias de “salir a chinear” algo que, para unos, es una suerte de divertimento sádico o cacería deportiva y para otras, es una tragedia, nos retrotraen a tiempos de la encomienda con los “privilegios” del derecho de pernada y que continúa sucediendo como “una arraigada costumbre regional”.

La “Ley Octorina Zamora”, aprobada recientemente, fue denominada así en homenaje a la líder wichí que dedicó su vida a combatir semejante crimen de violencia sexual, racial y de género. Realmente es un gran logro, tomando en cuenta que, en noviembre de 2025, el gobierno de Milei fue el único país del mundo que votó en contra de una resolución de la ONU favorable a los derechos de los pueblos indígenas que busca “proteger y promover los derechos de las comunidades originarias en áreas como el acceso a la justicia, la protección del medio ambiente, la preservación cultural y del idioma”.

La costumbre de “ir a chinear” expresa el síntoma de una estructura putrefacta que tiene su origen en el Descubri-MIENTO donde el cuerpo femenino se convierte en territorio de conquista. A partir de 1492, los indígenas dejaron de tener propiedad sobre su territorio y el dominio de sus cuerpos y pertenencias fue vulnerado; tenían tesoros que Europa descubría y transformaba en botín; otro tanto sucedía con las personas consideradas como cosas: los hombres utilizados como combustible biológico hasta morir y las mujeres empleadas en tareas domésticas y como desahogo sexual. Hagamos un breve sondeo de los vestigios iniciales de la “costumbre de chinear”.

El cronista indígena Guamán Poma deja constancia en Nueva Crónica y Buen Gobierno de que la captura de mujeres fue una constante y es otra arista del cruel genocidio desatado sobre la población originaria: “Como después de haber conquistado y de haber robado, comienzan a quitar las mujeres y doncellas y a desvirgar por fuerza. Y no queriendo, le mataban como a perros”. La imagen que acompaña esta breve nota la publiqué con una descripción pormenorizada en Pedestales y Prontuarios y golpea de modo especial. Se observa a una indígena desnuda en el lecho. Es de noche y dos funcionarios reales con velones se entretienen eligiendo mujeres mientras levantan “la frazada y les miran las vergüenzas y así no hay remedio en todo el reyno”. La descripción del dibujo realizado por Guamán Poma es de fines del siglo XVI y prueba cómo las voces del pasado muestran los males del presente.

Observemos algunos titulares: “Salir a chinear” (Página/12, 09/09/2011); “Salta: comenzó el juicio por una violación grupal de una nena wichí de 12 años. Son ocho los acusados: seis adultos y dos menores” (Clarín, 20/02/2019); “Una adolescente wichí fue violada por cuatro varones criollos” (Página/12, 13/06/2020); “Violan a una joven wichi en Chaco y se reactualizan los reclamos” (La Nación, 03/05/2020); “Integrantes de la comunidad Qom denunciaron torturas y abuso sexual” (Infobae, 02/06/2020); “Las mujeres indígenas se reúnen para profundizar su lucha contra el chineo” (Telam, 21/05/2022). Estos delitos tienen tal envergadura regional que llevaron a que el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir lanzara una campaña al respecto: “Mujeres indígenas piden erradicar el chineo, la violación de niñas considerada costumbre” (Telam, 08/03/2020), “El Parlamento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir exige medidas contra las violaciones de niñas” (Radio Gráfica, 26/05/2022). Existe un imaginario de racismo extendido hacia los pueblos originarios, considerados como un otro devaluado, una humanidad inferior. Para tener una idea cabal de la trágica impunidad regional y de las extendidas implicancias de tal “costumbre” que se reitera en el tiempo, recién el 25 de febrero de 2019 se produjo la primera condena por la violación en banda de una niña indígena en Argentina.

Que una serie de delitos sistemáticos permanezcan impunes, al margen de la justicia, ocasiona una consecuencia secundaria que no es menos importante que el daño físico: es terrorismo simbólico, y sus efectos continúan en la actualidad mediante la devaluación de la humanidad originaria, como puede apreciarse en el escaso espacio que el periodismo le destina al delito perpetrado por el chineo.

Ni el silencio ni el tiempo curan las heridas; apenas se alejan del crimen, no del dolor. Desgraciadamente, la sociedad en ocasiones requiere golpes brutales para despertar y armarse contra la lacra de la impunidad y contra aquellos voceros del sistema que trasladan la culpa a las víctimas que “algo habrán hecho”. El axioma del terrorismo simbólico “por algo será” habita en parte de la sociedad hace ya mucho tiempo, como lo demuestra el caso de la adolescente cordobesa asesinada bestialmente, sobre quien deslizan toda clase de infamias. Hoy, mientras el lunático gobierno de Milei pretende derogar la figura del femicidio, las marchas masivas por “Ni una Menos” registradas a lo largo de todo el país esta semana indican la firmeza de un presente de cambios que los retardatarios del status quo no lograrán torcer. Es lento, pero viene…

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