Del dolor al color
Un documental sobre la vida de un artista plástico, Omar Martino, que desde una dolorosa infancia atacada por la polio y la osteomielitis llega a transformarse en un maestro del color, pintor y escultor, autodidacta y estudiante de Bellas Artes, hasta convertirse en un destacado docente y un expositor de amplio reconocimiento que, pintando su aldea (el barrio de Nueva Pompeya), sigue pintando el mundo.
La película relata y muestra su esforzada lucha contra el dolor y la inquebrantable vitalidad que lo hacen un hombre feliz con su arte y su trayectoria. Una producción de la revista Kiné que cuenta con la dirección de Carlos Martos, edición de Marina Pessah y Julia Pomiés, fotografías de Liliana Mirone, música de Carlos Caruso.
Estreno: sábado 5 de septiembre, 18 hs en el Templete de Parque Patricios. Caseros 3250. ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

Omar Martino también escribe. Está escribiendo un libro autobiográfico del cual la revista Kiné publicó algunas páginas que hoy queremos compartir:
Década del 50, Martinito con 8, 9, 10, 11 años. Internado en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, «Casualidades – Causalidades». No hay nada más importante que estimular el Hecho Creativo en los niños, en cualquiera de sus manifestaciones, lectura, manualidades, dibujo, pintura, etc., etc., etc. Si algo no me faltó en esa época, fueron hojas, lápices, lápices de colores, témperas, acuarelas y, por si fuera poco, en algún momento llegaron unas pequeñas cajas con moldes de goma, para ser llenados con yeso, «El Pequeño Escultor».
Qué no hicieron mis viejos para contenerme, para que mi cabeza estuviera ocupada con nuevas emociones, para salir de esa aplastante monotonía de conjunto, íntimamente ligada al sufrimiento físico y mental.
Tuve toda la colección de esas cajas, en donde venían 4 moldes. Agua y yeso para prepararlos, a punto semilíquido, llenar, un rato, sacar las piezas, que se sequen y luego pintarlos… Todo eso en la cama de la Sala 10, del hospital, para luego regalarlos a mis parientes, y amigos de mis viejos, ya que mis amiguitos del barrio, no me podían venir a visitar por su corta edad. Me traían regalos de todo tipo, revistas, libros, juguetes, mi forma de retribuirles, era con mi pequeño obsequio. Me quedaron dos payasitos de ese tiempo, hoy digo horrorosamente Bello, con su pintura original, que amo con locura. Y también las carpetas de Dibujo y Pintura de los tres años con la excelente profesora Cecilia Pagliaro en su casa de la Colonia de Traful y Cachí, Nueva Pompeya, cuando no estaba internado. Me conmovía al ver los resultados de mis trabajos, me pasaba los días pensando en personajes, historias…
Mi referente era Walt Disney, yo quería ser como él. Creo que todo esto me ayudó muchísimo en la comunicación con los demás, pudiéndome expresar con mis dibujos, como lo hacía con las palabras, mejorando notablemente mi autoestima y seguridad. Fue una herramienta muy valiosa que me acompañó durante toda la vida, para sobrellevar mi Polio y Osteomielitis.
No sé si el Arte me curó, pero me ayudó a superar los largos períodos de internación, lugar lúgubre, triste, frío, donde cada uno debía ser protagonista de su vida, inventando su propia aventura para sobrevivir. Si bien tuve la contención de mis padres y abuela materna, siempre presentes y que nunca dejaron que me falte nada.
Corrieron los años y me ayudó mucho también mi época autodidacta, desde los 20 años hasta los 33, cuando salía a buscar mis temas en La Boca. Isla Maciel, Dock Sud, Puerto Pío, Barracas, San Telmo y Nueva Pompeya, para vender luego mis obras en la Galería Lautrec y a mi marchante, hoy amiga entrañable Norma Duek. Yo quería ser como Quinquela Martín, mi pintor de cabecera.
Y luego mi larga y emocionante carrera en la Prilidiano Pueyrredón, con ocho años de estudio y doble profesorado (pintura y escultura) y, para finalizar, cinco años más en el Profesorado Superior de Bellas Artes, en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Nación Ernesto de la Cárcova. En definitiva, me volví un individuo apasionado por el conocimiento y terminé formando mi personalidad como Artista Plástico, expresando mis ideas, sentimientos y emociones a través de mis Obras. Hago un cierre de todo esto diciendo que el Arte es una forma viable para reforzar los valores adquiridos durante la infancia. Empecé jugando a pintar y se transformó en una Filosofía de Vida.
Hoy esas manitos crecieron, están más viejas, más lastimadas, por todo lo que hicieron, por ejemplo, estas Obras.
¿Casualidades? – ¿Causalidades?
Siempre quise ser pintor y la Vida me convirtió en Martino.
Fuente y fotos: Revista Kiné
