“Es momento de permanecer juntos y estar atentos”
En el último tiempo se escucha con frecuencia una consigna que atraviesa distintas manifestaciones y colectivos: “Se va a caer”. Ante esta búsqueda, surge la pregunta: ¿y cuando caiga, qué vamos a construir? La tragedia de Celso Primero, obra que puede verse los domingos a las 12:00 horas en La Carpintería Teatro, plantea una respuesta a este interrogante. Así, la obra es un recordatorio sobre la importancia de reflexionar acerca de sobre qué cimientos edificaremos nuevos modos de gobierno si es que todo esto que nos cansa y que muchas veces no nos representa efectivamente se cae.
La obra, que combina humor y tragedia, construye una reflexión política situada en una Argentina que decidió ponerle fin a su sistema republicano. Cansado de ir a votar, el pueblo optó por una forma de gobierno en la que una misma persona concentra el poder de por vida. Así nació el primer reinado argentino: el de Celso I, un hombre que aspira a que todos sean felices, pero que pronto descubre que ninguna de sus decisiones consigue conformar a toda la población. Después de todo, el pueblo no es una masa homogénea. De hecho, al momento de la obra, un sector de la población se encuentra manifestándose frente a la Casa de Gobierno. Mientras, Celso intenta sostener un poder cuya legitimidad comienza, poco a poco, a resquebrajarse.
La puesta trae actuaciones precisas, música en vivo y recursos visuales —como luces y sombras— que amplifican el impacto de las escenas. El elenco está integrado por la Compañía Teatral Sin Apagón, una grupalidad que trabaja en conjunto desde hace nueve años y que busca superarse en cada nueva puesta. “Después de mucho tiempo de trabajo en el Fandango Teatro, buscamos un lugar más grande. Así llegamos a La Carpintería. Además, en esta obra trabajamos por primera vez con música en vivo”, cuenta Agustín Contino, actor y dramaturgo de la obra, en comunicación con Periódico VAS.
Mei: El rey, Celso, dice que la felicidad de la Nación es imposible. Lo traigo como pregunta: ¿la felicidad de la Nación es imposible?
Agustín: Celso, el rey, el personaje que hago, es un idealista que pretendió superar la democracia y constituir un régimen sin alternancia que no privilegie a un sector mientras aplasta al antagónico. Pero plantear eso es anular el antagonismo, que es parte esencial de la política y de la sociedad. La felicidad de la Nación es imposible porque es imposible atender a todos al mismo tiempo.
Mei: Traía esa frase del rey porque, en pocas palabras, contiene muchas cosas. Hablar de la felicidad de la Nación implica pensar qué es la Nación, pero también qué es la felicidad.
Agustín: Lo de la felicidad es muy complejo. Durante la obra, afuera del lugar en el que vive el rey hay reclamos. Eso aparece desde el sonido. Escuchamos a una clase media acomodada que ya no reclama cosas que son parte de la dignidad, como alimentos y techo, sino que, como ya se acomodó, empieza a reclamar otras cosas que desea porque el capitalismo la tienta con ofertas, con necesidades que inventa y le muestra, pero a las cuales es casi imposible acceder. Por eso siempre hay parte de la población que reclama. El rey trata de gobernar para que todas las personas estén felices. Pero en un sistema capitalista y consumista como el que vivimos no se puede pretender una plena felicidad. El sistema necesita que las personas se sientan incompletas.
Mei: Respecto a esto, en la obra mencionan el ejemplo de los celulares. Y que, además de querer siempre el nuevo modelo, las personas están tan atentas a las pantallas que ni siquiera les interesa ir a votar. A tal punto que eligieron un rey para que ya no haya que hacer elecciones cada cuatro años.
Agustín: Las pantallas aparecen como el paradigma de la distracción y la insatisfacción. Con los iPhone, por ejemplo, si bien hay gente que se actualiza respecto a los modelos porque necesita mejores herramientas de trabajo, también hay un consumo masivo que solo tiene que ver con querer lo nuevo. Y eso, además, está acompañado de una distracción respecto a otras situaciones concretas.
Mei: Hablamos de la felicidad de la Nación. Pero, ¿qué pasa con la felicidad del rey?
Agustín: Hay un entramado personal entre los deseos del rey y cómo se cruzan con la necesidad política de tener un heredero. Es algo que no se puede separar. La reina se lo dice. Así que la felicidad del rey está condicionada y complicada.
Mei: El personaje de la reina es complejo porque trae contradicciones y da relevancia a cómo lo político influye en el deseo. Uno de los ejemplos es este que explicaste. Por un lado, sí, tiene razón, el rey necesita un heredero. Pero, por el otro: ¡déjalo en paz al rey, que el rey quiere tener relaciones sexuales con el copero que le sirve el vino!
Agustín: La reina tiene razón en el análisis que hace y tiene el panorama político claro. El tema es que cuando hay un problema social, responde con represión. El punto de este personaje también tiene que ver con que está inspirado en las monarquías europeas. Ella no tiene nada más que hacer en su vida más que tener un heredero. Y es ella la que le plantea al rey qué va a hacer si no lo tiene. Ella impulsa las acciones en la obra porque el rey está paralizado.
Mei: Hacia el final de la obra se proyectan imágenes de diferentes paisajes del país, algo que resuena de forma especial en el mes en el que el pueblo se movilizó para que no se sancione la Ley de Tierras ni se modifique la Ley de manejo del fuego.
Agustín: La idea del final es plantear que todavía hay algo valioso. Vivimos en un mundo que cambió demasiado rápido, que nos dejó sin respuestas y sin camino a los que nos identificamos con el progresismo. A veces no sabemos bien para dónde tirar o qué hacer. Pero es momento de permanecer juntos y estar atentos.
Mei: El teatro mismo es permanecer juntos y estar atentos.
Agustín: Juntos, atentos y de forma presencial y artesanal. Artesanal, quiero decir, no está hecho por la inteligencia artificial. Y eso, de por sí, también es parte de la resistencia.
Mei: Es fuerte la relación de lo que sucede dentro de la obra con lo que sucede afuera.
Agustín: La obra la empecé a escribir cuando terminaba la pandemia, inspirado por lo que podría ser el germen de lo que estamos viviendo ahora, pero sin saber qué pasaría. Y se estrenó en un momento muy particular —aunque la verdad es que en Argentina todos los momentos vienen siendo muy particulares—.
En el momento en el que pensé la historia, los máximos referentes políticos eran Cristina, Macri y Alberto Fernández, ya en declive. Y ahora me doy cuenta de que con el nuevo panorama se lee distinto. Porque la idea del personaje del rey era que confundiera, que no pareciera un fascista, sino que habitaran en él discursos opuestos. Entonces está la idea de la autoridad, de que es el rey, de que no tiene que pasar por el Congreso para gobernar. Pero también está el que es patriota, que habla de los héroes del pasado. Es un idealista. Entonces entiendo que mucha gente ve la obra y piensa directamente en el presidente actual.
