39° Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades

Tres días para pensar el país desde los cuerpos y los territorios

por Lucía Pereyra

Córdoba amaneció distinta el segundo fin de semana de octubre. Desde temprano, las calles se llenaron de colores, banderas, bombos y voces que llegaban de todos los rincones del país. No era una marcha más ni un festival improvisado. Era el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, un evento que desde hace casi cuatro décadas se sostiene sin partidos políticos, sin instituciones y sin jerarquías, solo con la fuerza de miles de personas que creen en la organización colectiva como herramienta de transformación. Durante tres días esa ciudad se convirtió en un territorio feminista, un espacio donde se discutió, se lloró, se celebró y se soñó.

La apertura tuvo un tono ceremonial. En el Parque Las Heras, mujeres indígenas realizaron una rogativa que marcó el inicio del Encuentro. El humo del sahumerio se mezclaba con los cantos y el murmullo de nuevas voces. Una de ellas tomó el micrófono y dijo que este encuentro se daba en un contexto de retrocesos y discursos de odio; por eso, era necesario volver a encontrarse para defender lo conquistado e imaginar lo que falta. Su voz temblaba de emoción al encontrarse frente a más de ciento cincuenta mil personas reunidas en un mismo lugar.

Talleres libres, diversos y combativos
Los talleres comenzaron a funcionar desde la mañana del primer día. No había inscripción previa ni cupos ni acreditaciones. Cada persona entraba, se sentaba en ronda y empezaba a hablar. Esa horizontalidad es parte de la mística del Encuentro. Allí se discuten los grandes temas del movimiento, pero también las experiencias íntimas, las violencias cotidianas, los miedos y las esperanzas. Uno de los principales ejes que atravesaron el debate se centró en las violencias contra las mujeres, las diversidades sexuales y la falta de políticas públicas.

Efectivamente, este fue uno de los talleres más concurridos. Se habló de femicidios, travesticidios, violencia institucional, falta de presupuesto y retrocesos en programas estatales. Muchas participantes denunciaron que en sus provincias los refugios están desbordados y que las líneas de atención no funcionan como deberían. Una mujer de Jujuy contó que en su barrio la policía no toma denuncias y que las organizaciones sociales son las únicas que acompañan. Dijo que vino al Encuentro para aprender cómo defenderse y cómo exigir políticas reales. Su testimonio generó un silencio profundo en la ronda.

En el taller sobre derechos laborales y reforma laboral, trabajadoras de casas particulares, docentes, enfermeras y empleadas de comercio discutieron sobre la precarización y sobre los intentos de flexibilización laboral. Se habló de la brecha salarial, de la falta de licencias para personas trans y no binarias y de la necesidad de sindicatos más inclusivos. Una joven cordobesa que trabaja en una aplicación de reparto contó que gana menos que un varón y que su empresa no reconoce los riesgos que enfrenta en la calle. Dijo que el Encuentro le permite sentirse parte de algo más grande, que no está sola.

En el taller sobre aborto y salud integral se discutió que, si bien la práctica de interrupción del embarazo es legal, el debate sigue abierto. En muchas provincias, la objeción de conciencia y la persecución judicial a profesionales de la salud hacen que muchas mujeres no puedan acceder a este derecho. También se propuso ampliar la mirada hacia una salud integral que incluya a personas trans, travestis y no binarias. Una médica de La Pampa dijo que en su hospital todavía hay sectores que se niegan a garantizar la ley y que el Encuentro es un espacio para fortalecer redes de profesionales comprometidos.

El taller sobre identidades trans, travestis y no binarias tuvo una participación enorme. Durante el mismo se discutió sobre cupo laboral travesti trans, acceso a la salud, violencia policial y reconocimiento de identidades no binarias. Una activista travesti dijo que marchaba porque sus amigas no llegaron vivas a los cuarenta y que el Encuentro es un lugar donde su voz importa. Su frase se repitió en varias rondas como un recordatorio de que la lucha por la vida travesti es urgente.

En la misma sintonía, en el taller de racismo, pueblos originarios y territorio se habló de desalojos, extractivismo, contaminación y criminalización de comunidades indígenas. Mujeres mapuche, qom y diaguitas compartieron experiencias de resistencia territorial. Una referente mapuche dijo que el feminismo plurinacional les permitió poner en palabras lo que viven desde hace siglos, que la defensa del territorio es también una defensa del cuerpo. Su intervención generó un aplauso largo y sentido.

En el taller sobre economía feminista se puso el acento en la economía popular, el trabajo comunitario, las ferias autogestivas y la necesidad de modelos económicos que no reproduzcan desigualdades. Muchas participantes dijeron que sostienen comedores, merenderos y espacios de cuidado sin reconocimiento estatal. Una mujer de Rosario contó que trabaja doce horas por día en su barrio y que el Encuentro es el único lugar donde su trabajo es valorado.

En el taller sobre Educación Sexual Integral (ESI), docentes de todo el país debatieron sobre la  implementación desigual de esta materia, la falta de materiales y la resistencia de sectores conservadores. Una profesora de Córdoba dijo que la ESI no es solo un contenido, sino una forma de mirar el mundo, y que sin ella es imposible construir sociedades más justas.

En el taller sobre crímenes de odio y discursos de extrema derecha, el eje estuvo atravesado por el contexto político nacional. Se habló de ataques a organizaciones feministas, de discursos que promueven la violencia y de la necesidad de estrategias colectivas para enfrentarlos. Una joven de Buenos Aires dijo que en su barrio los discursos de odio crecieron y que el Encuentro es una forma de responder con organización y con presencia en las calles.

Las conclusiones del 39° Encuentro Plurinacional dejaron una sensación clara de urgencia y de potencia colectiva. Durante tres días se repitió la idea de que el movimiento feminista y disidente sigue vivo, organizado y dispuesto a defender cada derecho conquistado. Las participantes coincidieron en que las violencias de género se profundizan, que los discursos de odio avanzan y que las políticas públicas retroceden, por lo que es imprescindible fortalecer las redes comunitarias y exigir al Estado respuestas concretas. También se reafirmó la necesidad de una mirada plurinacional que reconozca las luchas de los pueblos originarios, de una perspectiva travesti trans que garantice vidas dignas y de una economía feminista que valore el trabajo comunitario. El Encuentro concluyó con un llamado a sostener la organización, a ocupar las calles y a llegar a Buenos Aires en 2027 con más fuerza que nunca, convencidas de que la transformación social se construye desde los cuerpos, los territorios y la palabra colectiva.

Elección de CABA para el 40° Encuentro
En el acto de cierre, tras la lectura de las conclusiones, se votó la próxima sede. La decisión fue clara: el 40° Encuentro se realizará en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La elección no fue casual. Se argumentó que la capital es el centro político del país, que allí se definen muchas de las políticas que afectan a las mujeres y a las disidencias, y que es necesario ocupar ese territorio con fuerza. También se destacó que la visibilidad mediática es mayor y que la infraestructura facilita la llegada de delegaciones de todo el país.
Una integrante de la delegación porteña dijo que era tiempo de volver a la capital, que la disputa política también se da en las calles y que el Encuentro en Buenos Aires será una oportunidad para mostrar que el movimiento sigue vivo y organizado.

La última noche, Córdoba volvió a llenarse de cantos y abrazos. Muchas personas se despedían prometiendo volver a verse en Buenos Aires. Otras lloraban por lo vivido, por lo compartido, por lo que se construyó en esos tres días. El Encuentro no es solo un evento. Es una forma de estar juntas, de pensar juntas, de resistir juntas. Es una apuesta política y afectiva que se renueva año tras año.

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