A 80 años del Malón de la Paz

por Marcelo Valko

Se cumplen 80 años desde aquel 15 de mayo de 1946 cuando, desde Abra Pampa, salía el Malón de la Paz rumbo a la lejana Buenos Aires para pedir por sus tierras usurpadas por latifundistas. Después de caminar 81 días hasta Buenos Aires, el 3 de agosto los maloneros llegan a una Plaza de Mayo colmada que los vitorea. En un episodio inédito en el balcón de la Casa Rosada, varios de sus integrantes son abrazados por el presidente Perón, que asegura: “Den por hecho lo pedido”. El noroeste argentino padecía condiciones de explotación extrema: no solo el robo liso y llano de tierras ancestrales, también el cepo del hacendado, el pago con “chapitas” y hasta el medieval derecho de pernada. Las comunidades lanzaron un rotundo ¡Basta! y, aprovechando las condiciones políticas, resolvieron llevar su reclamo a la lejana Capital Federal.

Durante casi 4 meses, el Malón de la Paz y sus 174 integrantes estuvieron instalados como tema cotidiano en los medios de difusión mientras avanzaban caminando hacia la Capital Federal. Este insólito interés por una protesta originaria tiene que ver con el propósito inicial del gobierno de convertir el justo reclamo kolla en un ejemplo de los alcances de la Nueva Justicia Social. La solución sería inmediata. Radios, periódicos y noticieros como Sucesos Argentinos se ocupan de los kollas, brindándoles un espacio destacado con titulares, entrevistas y primeras planas. Cuando el Malón de la Paz ingresa en la provincia de Buenos Aires, millares de personas salen a su encuentro; incluso ante su mera aproximación se crean comités Pro Reforma Agraria. Finalmente, cuando ingresan en la ciudad, son aclamados por millares de porteños y recibidos por el presidente Perón, que invita a dos maloneros a subir al balcón de Casa Rosada. Paradójicamente, después de tan apoteótica recepción, fueron alojados en el Hotel de Inmigrantes.

El gobierno peronista advierte tarde los apoyos que concita el Malón y comprende que transitaba un terreno peligroso. Si otorgaba las parcelas, “una lluvia de malones” indígenas y de chacareros necesitados de tierras se lanzaría sobre el Ejecutivo. El presidente solo tiene dos opciones: expropiar y devolver la tierra a los kollas, tal como prometió cuando dijo “den por hecho lo pedido”, o quitarlos de la vidriera nacional. Y es así que desaparecen de los medios y, tres semanas después de su llegada, el 28 de agosto de 1946, una fuerza conjunta compuesta por cientos de soldados de la Marina de Guerra y una brigada de lanzagases de la Policía Federal rodea al Hotel de los Inmigrantes para desalojarlos. Tal como explico detalladamente en mi investigación, los maloneros son secuestrados y arrojados dentro de un tren que marcha con custodia armada hasta Abra Pampa.

Comencé a investigar el Malón de la Paz en 2003. En dos ocasiones recorrí de norte a sur la ruta de aquel primer reclamo multitudinario, ya que bajaron de la Puna 174 kollas. Desempolvé archivos y hemerotecas de las ciudades que tocaron en su viaje. Entrevisté a familiares La historia interesaba a muy pocos; incluso una personalidad tan importante como “progre” me lanzó: “¿Valko, no tenes otro tema…?”. Incluso llegué a sobrevivientes de la marcha, ya que varios vinieron con hijos pequeños. Tras ir de aquí para allá, logré, con la ayuda de la entonces diputada Cecilia Merchán, que el Congreso Nacional concediera una pensión graciable a tres de aquellos niños: “Ciriaco Condori, Buenaventura Solano y Narciso López, a quien vemos en la foto junto a su padre”. Titulé al libro “Los indios invisibles del Malón de la Paz. De la apoteosis al confinamiento y secuestro” y Osvaldo Bayer, que me honró con su prólogo, señala: “El autor describe en todos sus detalles y aspectos un episodio escondido de nuestra historia cercana, que a los argentinos nos toca principalmente en el campo de la Ética”. Ciertamente, tiene que ver con la Ética, de hecho, uno de los kollas, tras el secuestro de todo el contingente, se lamenta: “Si no hay justicia, que no haiga leyes…”. Finalmente, hace poco, con el Centro de Pueblos Originarios de la Biblioteca Nacional publicamos los “Diarios del Malón de la Paz”, tanto el del teniente Bertonasco como el del malonero Hermógenes Cayo.

Tras el secuestro y “envagonamiento” en un tren de carga de todo el contingente a fines de agosto de 1946, el periodismo de doble rostro y tantos que los apoyaron de la boca para afuera comienzan a destilar racismo. Todo el desprecio que había permanecido agazapado en los márgenes de las notas periodísticas aflora incontenible. De la noche a la mañana se “descubre” que los kollas “no eran indios” y mucho menos argentinos. Aprovechando su procedencia norteña, se los “bolivianiza”; otros afirman que eran falsos indios. Uno de los ejemplos más patéticos lo protagoniza el diputado jujeño Teodoro Saravia cuando grita desde su banca del Congreso Nacional: “En Jujuy no existen indios ni kollas”.

Más allá de intereses que niegan la existencia de un país pluriétnico y se dedican a su invisibilización, las voces del Malón de la Paz continúan vigentes, la memoria intacta y, aunque tantos militantes del desánimo no lo crean posible, un nuevo paradigma asoma en el horizonte. Es lento, pero viene…

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