Agroecología y disputa por la tierra

por Federico Coguzza

El día recién comienza. El cielo está despejado. La ciudad se dispone a cumplir con la liturgia de la rutina. Las bocinas y las sirenas ofician de banda de sonido. Entre el gris de los edificios resalta el verde de los cajones de verdura que cubren las baldosas, también grises, de la Plaza Congreso. Los carteles entre los cajones no tienen precios, tienen consignas: “Sin agua no hay soberanía alimentaria”, “El agua vale más que el oro”, “La tierra para quien la trabaja”.

Tampoco hay mostradores ni balanzas. Solo una larga fila de personas que bajo el sol se hace de una bolsa llena de alimentos. Alimentos que bajan muchas manos de un camión enfundado en una bandera verde con las siglas de la Unión de los Trabajadores de la Tierra (UTT) que realiza un nuevo verdurazo. Es un espacio de trabajo, de organización y lucha. Un espacio que intenta visibilizar que existe otra forma, una forma más transparente, justa y saludable de producir y comercializar lo que llega a nuestras mesas.

Foto: Obregón Eliana/Télam

De los productores a los consumidores

En Argentina, sólo el 13% de la tierra está en manos de pequeños productores que producen más del 60% de alimentos que circulan en el mercado interno. En Argentina, entre 2002 y 2018, pleno auge del modelo de monocultivo, de más de 300 mil explotaciones agropecuarias se perdieron cerca de 90 mil. Esto visibiliza el proceso de concentración que se dio en el sector, donde sólo el 1% de las empresas agrarias controlan el 36% de la tierra cultivada.

Sin embargo, en Argentina es posible encontrar experiencias donde el fruto de las manos callosas no es más ni menos que el alimento que ponemos sobre la mesa. En Argentina van aumentando cada día las hectáreas de producción Agroecológica, sana para la tierra, para quien produce, para quien consume, y libre de trabajo explotado y de las multinacionales. Los verdurazos son una forma de mostrar esa realidad ante la sociedad, entre otras cosas porque denuncian un sistema irracional de comercialización en el que pierden quienes producen y quienes consumen. Hay un promedio de un 400% de diferencia entre lo que se paga y lo que recibe el que produce.

En diálogo con Periódico VAS, Nahuel Levaggi, fundador y coordinador nacional de la UTT afirmó: “Hay dos elementos importantes para pensar el aporte de nuestra experiencia: uno es el avance al interior del sector productivo y la multiplicación de hectáreas y la apropiación de cientos de productores y productoras de la agroecología, entendiendo que es un alimento lo que producen día a día; el otro elemento, que en la lucha de todos estos años pudimos instalar con los verdurazos, es poner el alimento en el centro de la escena y como unión entre el campo y la ciudad. Que la gente de las grandes urbes entienda esa conexión, que la recupere. Además, el encuentro les permite saber lo que le pagan al productor y lo que pagan como consumidores”.

Foto: Obregón Eliana/Télam

Otro modelo. Otra forma de comer

Mucho se ha escrito para pensar la relación del hombre con la naturaleza. Una relación que se presenta con un carácter utilitario. El hombre se escinde de la naturaleza para dominarla y explotarla. El hombre la rompe, la desaparece, la interviene genéticamente. Busca los mejores medios para los mejores fines. Y presenta ese accionar como el único posible.

Sin embargo, existe otro modelo productivo. Otro que no necesariamente esté vinculado al monocultivo, las fumigaciones, el vaciamiento de los campos y el deterioro de los suelos. No hay una única opción. A riesgo de pecar de optimismo, es posible afirmar que por mínimas que sean, hay cada vez más experiencias que muestran una transformación en la manera de producir alimentos. Alimentos sin pesticidas. Alimentos más saludables.

Al respecto, Nahuel Levaggi le dijo a Periódico VAS: “Se está profundizando un pensamiento crítico respecto al conjunto de la sociedad sobre la alimentación: cómo nos alimentamos, qué comemos, de dónde vienen los productos que ponemos en nuestra mesa. Hay, por un lado, una crítica al consumo de productos multiprocesados y al modelo de agroquímicos; y por el otro, entender que el consumo es político. Hay un cambio en la sociedad, y eso es una oportunidad para seguir fortaleciendo una propuesta alternativa al modelo agroquímico. Uno de los grandes desafíos es recuperar el sentido común del productor, porque uno de los mayores logros de la multinacionales y el modelo fue meterle en la cabeza a los productores y productoras que no se puede producir de la otra manera”.

Foto: Obregón Eliana/Télam/

Organización y Lucha: de la práctica social a la función

Una de las luchas que más vienen dando organizaciones como la UTT es la del acceso a la tierra. La Ley de Acceso a La Tierra, una iniciativa que busca crear un Procrear Rural para que las familias productoras de la tierra puedan acceder, a través de créditos blandos, a una vivienda digna y a una parcela donde producir alimentos agroecológicos de calidad y a precios justos, ha sido presentada tres veces. En 2016 y 2018 perdió estado parlamentario. En 2020 se volvió a presentar y aún se aguarda, al tiempo que se exige, su debate y aprobación.

Quizás el mayor interrogante sea cómo lograr la transición de un modelo a otro. Quizás haya que seguir disputando el sentido común arraigado, hacer de estas experiencias que nada tienen de marginales un signo de posibilidad. Lograr que las prácticas sociales vinculadas a la soberanía alimentaria y agroecología sean, también, un espacio de acceso a la institucionalidad. Y desde allí desarrollar las políticas necesarias para la transformación.

En relación con esto, Nahuel Levaggi, que desde hace un año es el presidente del Mercado Central sostuvo: “Obviamente, que se ocupen cargos forma parte del empoderamiento del sector y las luchas, y también que el Gobierno y la sociedad tome esos elementos para generar institucionalidad, o para poner en lugares de institucionalidad preexistentes a sujetos que vienen de las luchas. Pero también es un desafío muy importante, porque la transformación concreta se da transformando y no ocupando un cargo. Llegar a ocupar es una posibilidad, una oportunidad. Pero una vez ahí hay que aplicar las prácticas transformadoras en las políticas públicas que se ejecutan. Y se van a dar tensiones con los sectores concentrados que luchan contra la transformación”.

Foto: Daniel Dabove/Télam/

Templada y riente (como lo son las del otoño en la muy graciosa ciudad de Buenos Aires) resplandecía la mañana de aquel veintiocho de abril: las diez acababan de sonar en los relojes, y a esa hora, despierta y gesticulante bajo el sol mañanero, la Gran Capital del Sur era una mazorca de hombres que se disputaban a gritos la posesión del día y de la tierra”. Así comienza Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal. Difícil es afirmar que la Ciudad sigue siendo graciosa, y más en los tiempos que corren. Lo que sí puede sostenerse es que los hombres y las mujeres se siguen disputando el día y la tierra. Sobre todo, la tierra.

Comentarios

  1. Estuve allí, y pedí una planta de lechuga, y no más. Así como vi a gente laburante regalando lo que producían, había mucha gente humilde en posición de parásito: llevando enormes bolsones que no podría llegar a comer y que, en consecuencia, dejaban afuera a otros. Me ligué un «sos un pichi» por la plantita de lechuga. Alrededor de uno hay gente que observa que tegamos conducta y no nos desbarranquemos en contradicciones. Ya lo había pensado antes de ir. Fui, pedí una plantita de lechuga y agradecí.

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