Antídotos contra la Infodemia

por Mariane Pécora

La red global, ese inmenso universo de internet que en sus albores se presentaba como una herramienta de participación, comunicación y libre expresión, ha mutado en un engranaje corporativo que devora el sentido común. La manipulación que ejercen las redes sociales, a partir del control de nuestros datos, transforma la realidad en una fábula y pone en marcha un complejo engranaje donde la desinformación, las falsas noticias y la banalización de la comunicación dan origen a la posverdad, fenómeno que en estos tiempos de peste denominamos infodemia.
Cómo percibimos la infodemia, qué secuelas físicas y psíquicas produce y con qué herramientas comunicativas contamos para darle batalla, son algunas de los interrogantes que tratamos de dilucidar a través de los siguientes testimonios.

Los medios autogestivos como antídoto
“Infodemia es una palabra que aprendimos en el 2020, una expresión que existía en algunos ámbitos pero que muy pocas personas utilizaban”, dice a manera de introducción Daniel Badenes, doctor en Ciencias Sociales, periodista, editor y docente, que integra el staff de la revista autogestiva La Pulseada y participa en la radio comunitaria Futura. “Ahora podríamos definirla como una forma de intoxicación informativa, que se da en el contexto de una epidemia, de una pandemia, con todos los miedos, ansiedades, necesidades que ésta genera”, explica, antes de introducirnos en la variación del sentido que el concepto ha sufrido en el último tiempo.
“Originalmente este término, que nace de la conjunción de las palabras información y epidemia, hacía referencia al exceso de información, saturación  de datos, cifras y advertencias, que resultaban preocupantes para una persona común. Hoy tiende a nombrar otras cuestiones, en especial un problema acuciante de nuestra época, que son las noticias falsas y maliciosas. Es decir: ya no es «demasiada información» sino, sobre todo, desinformación; las false news y las fake news, que igual que «el corona (virus)», tiene una circulación viral”.
En este sentido, Badenes considera que estamos ante un fenómeno que existía antes de la pandemia, antes de que lo nombráramos como infodemia. “De hecho tenemos una cepa argentina: hace tiempo que en nuestro país las fake news no son un fenómeno únicamente de las redes sociales, sino que forman parte de la agenda de los grandes medios comerciales. Los mejores ejemplos de fake news los encontrás en la tapa de Clarín”, explica.
Si bien en lo personal, a raíz del trabajo profesional y académico que desarrolla, Badenes se considera bastante inmunizado, también reconoce los efectos nocivos que la infodemia pueden producir a nivel corporal. “La ansiedad y el miedo, profundizados y prolongados, afectan en lo físico, por supuesto. Por otra parte, hay gente que la pasó muy mal por ingerir dióxido de cloro, o que le hizo ingerir dióxido de cloro a sus hijos o bebés. ¡Mirá si no afecta en lo físico la infodemia!”, reflexiona.

¿Qué rol juegan los medios autogestivos para contrarrestar la infodemia?
En la medida que la infodemia tiene que ver con las false news, y sobre todo con las fake news, está muy vinculada con el capitalismo mediático, con las empresas para las que la comunicación es un negocio económico y/o de operaciones para el poder. En ese sentido, los medios autogestivos, y también los medios públicos, han tendido a ser antídotos para la infodemia. Puede haber alguna excepción, pero en general uno ve que las comunicadoras y los comunicadores populares se han movido con una enorme responsabilidad, muy distinto al de otros que aparecen en TV, que sacan carnet de esenciales y uno se pregunta ¿para qué?, si son propagadores del virus, de la desinformación y del odio. Creo que todo lo que implique organización popular nos inmuniza contra la infodemia.

Elegir, oxigenarse y resistir
Gustavo Zanella es comunicador social, escritor, edita la revista autogestiva Andén Digital y es autor de las Crónicas VAStardas que publica el Periódico VAS, también autogestionado. Zanella define la infodemia como el consumo problemático y permanente de información que produce la incapacidad de distinguir lo verosímil de lo inverosímil, lo verdadero de lo falso y lo bueno de lo malo. “Afecta la percepción de la realidad, y no es raro que tenga efectos en el cuerpo mismo”, explica.

Sabemos que existen otros modos de informarse. ¿Qué rol cumplen los medios autogestivos y comunitarios para dar batalla a la infodemia?
Supongo que, al tratar otros temas por fuera de la agenda massmediatica, saca el foco de ese consumo problemático y oxigena la percepción de la gente. No la hace cambiar su percepción y el malestar que padece, pero le da la oportunidad de hacerlo por sí misma, presentando opciones, otros planteos, dejando que elija qué leer, ver o escuchar

La docencia como trinchera
Martina Matusevich es docente y comunicadora social, edita junto a les pibes del instituto Isauro Arancibia la revista autogestiva La realidad sin chamuyo y produce el programa radial Pedagogías desobedientes en @radiodelpatria. Al igual que Jacques Derrida en el seminario Historia de la Mentira, que dictó en Buenos Aires en 1995, considera que el mundo verdadero se ha convertido en una fábula.
“En lo personal, como docente y comunicadora estoy azorada, no puedo creer el nivel de blindaje que tiene la gestión porteña en materia educativa. Se disfraza la información, se crean falsos relatos, se les niega la entrega de dispositivos y conectividad a les pibes. Y a les docentes nos mandan a la presencialidad cuando están muriendo compañeros al lado nuestro. Ninguna de estas noticias sale en los medios hegemónicos”, dice, y asegura que les estudiantes no cuestionan la posición de les docentes respecto a la defensa de la virtualidad. “Cuando somos obligados a trabajar en la presencialidad hay madres que no envían a sus hijes a clase o, en el caso de los estudiantes adultes, no asisten. Elles confían más en la información de la gente a la que quieren, que en la propaganda oficial”.

¿Cómo salimos de esto?, preguntamos.
Haciendo fuerza desde nuestras redes ‘Isaurinas’ (por el Instituto Isauro Arancibia), para horadar el cerco mediático con un lenguaje claro, abriendo una fisura en el manejo de la información que se hace desde la gestión porteña.

Con el bicho en el cuerpo
Isabel Giménez es Licenciada en psicología, vive en Río Gallegos, es madre de dos adolescentes y, al momento de esta entrevista, acaba de enterarse que es Covid positiva (asintomática). “En este tiempo, donde hay un tema de interés común que afecta nuestra vida cotidiana, circula deliberadamente todo tipo de información, a veces científica y otras, absolutamente ficticia. Lo cierto es que alrededor de esto se genera una impronta política e ideológica disruptiva muy fuerte. En este sentido, el carácter endémico que le damos a esta información se relaciona con la gran desorientación que ejerce sobre la población y se traduce en comportamientos sociales o psicológicos que se manifiestan tanto en el plano emocional como en el físico».

¿Cómo se puede eludir la infodemia? ¿Existen formas de informarse menos contaminantes?
En lo personal, al principio de la pandemia, tuve un episodio de sobrecarga informativa, hasta que la angustia que me generaba me obligó a dosificarla. Ahora me limito a buscar únicamente lo que me interesa, aunque reconozco que no soy muy activa intentando informarme a través de los medios autogestivos o comunitarios.

Mantener viva la lengua ancestral
“El abrumador flujo de información que circula en las redes sociales y que los medios hegemónicos reproducen sin ningún tipo de criterio de selección, obstruye la elaboración del pensamiento crítico”, dice Elsa Trejo, docente de la Universidad de Santiago del Estero en el área de Lingüística, en la carrera intercultural bilingüe de Lengua Quichua, y productora del programa radial Uyariychis (Oigan, escuchen en quichua).
En forma análoga al análisis del discurso público que elabora Nail Postman en su libro “Diversión hasta morir”, Trejo plantea que en las redes sociales existe una tendencia a someternos a una condición, que define como ‘bipolar’. “Se nos expone a una constante alternancia entre la euforia y la depresión”, explica, y considera que la dependencia adictiva que provocan estos estados impide el buen procesamiento de la información.
Por otra parte, en el plano meramente físico, considero que al no existir un intercambio con un otro hablante, la exposición continua a las redes sociales puede provocar una disminución en la memoria léxica”, apunta.

¿Existen otros modos de informar e informarse? ¿Cómo se construyen?
Creo que la salida es informarnos a través de los medios alternativos o comunitarios, pero también es fundamental la interacción personal con colegas y alumnos. En mi caso particular, junto a Casilda Chazarreta, intentamos, con un criterio participativo, mantener viva la ancestral lengua Quichua santiagueña a través del programa radial Uyariychis, que se emite en la radio de la Universidad de Santiago del Estero.

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