Argentina Afrodescendiente

Fue necesario que saliéramos / como valientes guerreras a recuperarla / limpiarle las lágrimas / las manos / vestirla de nuevo / llenarla de orgullo / lavar sus rodillas / y cuando estuvo lista / la sacamos al sol / y nuestra historia entonces luce hermosa / resplandeciente / fuerte / y camina desde entonces / con el pecho erguido / y la frente alta.

Shirley Campbell Barr – antropóloga y escritora afrocostarricense

La mujer afrodescendiente en nuestro país se ha propuesto desarmar la dialéctica de la negación del otro y de la exclusión social. Destruir el estigma de la invisibilización, de la marginación. Como señala Shirley Campbell Barr, ha salido a recuperar su historia. Alimenta su espíritu guerrero la sabiduría ancestral y el legado de la mujer que parió la Independencia luchando cuerpo a cuerpo contra el colonizador español.[i]. Está empeñada en hacerse escuchar. Reclama al pujante feminismo argentino una visión americanista, clasista e indigenista de la mujer. Entiende que la discriminación, la xenofobia, el machismo y el racismo, solo se pueden combatir exigiendo al Estado que implemente y desarrolle políticas públicas de concientización. Sabe que la lucha es ardua y el camino está lleno de obstáculos, pero avanza.

El 25 de julio se conmemora el día internacional de la Mujer Afrodescendiente.[ii] Periódico VAS entrevistó a tres activistas que dan testimonio de la violencia institucional, machista y racista instalada en nuestra sociedad, como también de las estrategias para desafiarla.

Sandra Chagas

Basta de Racismo, demanda en letras gigantes una pancarta que arrastra con exaltada indignación. La expresión de su rostro delata el coraje que encarna. Sandra Chagas se define a sí misma como “mujer negra, afrocandombera, afrodescendiente, lesbiana y feminista”. Es todo eso y mucho más. Es activista cultural por la defensa de los derechos sociales, espirituales y territoriales de la comunidad afro. Enlace de la Red Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora Argentina. Vicepresidenta del Movimiento Afrocultural, del grupo de mujeres afro Matamba y de la cooperativa Minga.

Nacida en las barriadas del sur de la ciudad, donde semanalmente recrea la ceremonia del tambor, Sandra Chagas advierte un recrudecimiento del racismo y la xenofobia en la sociedad porteña. El ejemplo más palpable de violencia institucional es la clausura de la sede del Movimiento Afrocultural (Defensa 535) por la Agencia Gubernamental de Control. Este espacio se consiguió tras una larga batalla judicial que obligó al Ministerio de Cultura porteño a suministrar un presupuesto y acondicionar el lugar. El organismo nunca cumplió con lo estipulado y, desde hace más de siete meses, impide desarrollar actividades culturales y de formación.

Sandra interpreta esta clausura como una forma de acallar la voz de la comunidad afrodescendiente y disciplinarla. Califica de racismo institucional la desidia de los funcionarios. “Juegan al desgaste de una comunidad hambreada”, dice y traza un panorama de la situación: “Nuestras compañeras la están pasando mal económicamente, tanto e igual que las mujeres mapuches, hemos compartido charlas y ellas están tan desprotegidas como nosotras. Es evidente que al Estado no le importa la vida de las comunidades, sino no podrían actuar como actúan”.

“Este es un país donde lo negro se asocia con lo sucio, con lo malo: los empleos son en negro; la basura se coloca en bolsas negras, ¡No existen bolsas blancas para la basura! En este paradigma todo lo pulcro y lo bueno se asocia con lo blanco. En este sentido, los medios de comunicación masiva, ejercen una constante estigmatización hacia niñas y niños afro, hacen que sientan que son basura, que no valen nada”, dice e interpela: “¿Tienen idea de lo sufre una persona que se ve diferente, cuando a esa diferencia se la hacen vivir como algo malo?”. Sandra lo sabe.

“En la medida que la estructura cultural se niegue a visualizarnos, seguiremos siendo víctimas de todo tipo de atrocidades”, dice y aplaude la deconstrucción que el feminismo comenzó a elaborar desde que “negras, indígenas, lesbianas, trans, travestis y racializadas comenzamos a disputar el poder de la palabra y el poder de la acción”.

“Un feminismo blanco, eurocentrista y hegemónico no puede hablar por nosotras porque no nos representa. Somos otras voces y estamos proponiendo una agenda que priorice la problemática afro e indígena. Ha llegado el momento de mirar al feminismo que hemos construido en las calles” señala.

Luego revela su mayor ambición: “Fundar una casa para mujeres afrodescendientes. Un lugar donde puedan descansar, reflexionar y encontrarse a sí mismas. Un lugar donde no sean golpeadas, ni manoseadas, donde se las considere personas, no objetos. Un lugar donde las niñas afro puedan empoderarse como tales y diseñar libremente su futuro”.

Estefanía Cámera Da Boa Morte

Estamos en Lucha, dice en un pasaje de la entrevista con la sabiduría de quién ha librado muchas batallas. Afrodescendiente, migrante, feminista, vegana, periodista y activista en cada una de estas definiciones, Estefanía Cámera Da Boa Morte fue arrestada, incomunicada y luego procesada por el juez Bonadío, el 14 de diciembre del año pasado. ¿El motivo?, filmar la represión desatada por la gendarmería nacional contra la población civil en vísperas del tratamiento de la ley de recorte previsional. “Fue un secuestro ilegal que viví con furia, dolor y angustia. Pasé 24 horas incomunicada sin que se me dijera qué delito había cometido, ni cuándo iba a recuperar la libertad”, relata al tiempo que celebra el enorme apoyo periodístico y de la comunidad afrodescendiente que tuvo. “Creo que me pasó porque algo bien estaba haciendo -reflexiona-, tomé conciencia de esto cuando me encontré con compañeras de otros países que atravesaron por la misma experiencia”.

Durante el cautiverio, sufrió comentarios misóginos y hasta se le impidió usar el baño de mujeres. “¡Por lesbiana y por afro!”, exclama y confiesa que le resultó doloroso vivenciar la negación que el propio personal de las fuerzas de seguridad hace de sus orígenes. “Las raíces africanas se evidencian en el color de la tez, en los rasgos, en la contextura física. Es muy violento experimentar que no aceptan que somos iguales”, reflexiona. Le causó terror toparse en la sala de detención con un cartel que decía: “En este lugar somos todos felices”.

Tras varios episodios de patrullaje de la gendarmería frente a su casa -en plena ciudad de Buenos Aires-, Estefanía fue sobreseída por Bonadío a principios de julio. No cometió delito alguno.

La violencia institucional, el hostigamiento y la explotación laboral es materia corriente en el día a día de la mujer afrodescendiente. Estefanía considera que ser mujer afro es ser feminista. “Nuestra vida transcurre por una lucha constante de conquista de derechos”. En este sentido, si bien cuestiona al feminismo argentino por no visualizar a la mujer afro, reconoce que a partir del protagonismo de preadolescentes, adolescentes y jóvenes, este movimiento creció en diversidad. “Las afrodescendientes estamos conquistando nuestro espacio en esa lucha, lo exigimos y sabemos que es una batalla por ganar”.

Respecto al desarrollo profesional, Estefanía sostiene que vivimos en una sociedad hiper machista que ha erigido un imaginario donde la mujer afro debe satisfacer todas las necesidades del hombre: estar arreglada, ser sexualmente fogosa, buena bailarina, atractiva, sensual. “No se tolera que seamos libres pensadoras, estudiadas y demandantes de derechos. Las profesiones no parecen estar diseñadas para nosotras. En el caso particular del periodismo, para llegar a los medios, tenemos que ser modelos o exóticas. Esta discriminación se activa constantemente desde los medios de comunicación masiva: todo lo peyorativo es lo que refiere a lo negro, a lo oscuro. Lo ilógico de esto, es que en el habla cotidiana se usan y jerarquizan términos que provenientes de lenguas africanas como, por ejemplo: tango, malambo, milonga…”, reflexiona.

Denise Braz

Acaso no soy una mujer, interpela un cartel que levanta en medio de una multitud. Licenciada en Letras y primera magíster afro de la cátedra de Filosofía y Letras de la UBA en el área de antropología social, Denise Braz, conoce poco de sus ancestros africanos que recalaron en Minas Gerais. Intuye haber heredado de ellos el espíritu guerrero. El mismo que la llevó a ser la primera de su familia en obtener un título universitario. Asegura que tuvo que hacer muchos sacrificios para poder estudiar. “Nada en mí vida fue fácil y todo lo que he conquistado me hace sentir orgullosa de la mujer que soy”, dice.

La consigna que enarbola forma parte del discurso que la activista Soujoner Truth[iii], en su condición de mujer negra ex esclavizada, dió en 1853 durante una convención de sufragistas estadounidenses que bregaban por los derechos civiles de los hombres negros, dejando fuera de este debate a las mujeres de la misma condición. Denise Braz y el colectivo de mujeres afro, trabaja en pos de un feminismo antirracista. Por eso consideran que la interpelación de Truth es pertinente en un contexto donde el feminismo blanco o europeizado ignora o desconsidera las cuestiones étnicas, raciales socioculturales y de clase que atraviesa esa comunidad.

“A la mayoría de las feministas blancas les cuesta rever y cuestionar sus privilegios de clase. Es la mujer afro la que sufre una mayor explotación laboral y la que cobra salarios miserables. Esta reivindicación por la igualdad de derechos es la que en definitiva nos diferencia del feminismo blanco o europeizado”, dice y evoca una cita del libro Mujer, Raza y Clase, donde su autora, Ángela Davis revela: “Mientras las mujeres blancas reclamaban el derecho a trabajar y por la independencia, la mujer afro o no blanca limpiaba sus casas y cuidaba sus hijos”.

“No es fácil ser una mujer afrodescendiente en esta ciudad”, reflexiona Denise y explica por qué. “Somos hiper sexualizadas, estereotipadas y sufrimos mucho racismo. “Vivir en Buenos Aires significa vencer y superar a diario las más variadas prácticas de racismo, que en definitiva es una forma de violencia física y psicológica. Las mujeres afrodescendientes debemos rehacernos a diario para seguir adelante”.

En este sentido, Denise reivindica la unidad del feminismo argentino en la lucha por el aborto legal. Sin embargo, considera que tanto la pobreza como la riqueza tienen color. “Las mujeres que mueren por abortos clandestinos, además de ser pobres, muchas veces no son blancas”, dice y opina que la sociedad argentina padece de “ceguera cromática”. “La mayoría de los argentinos, especialmente los porteños, tienen que reconocer que este país está formado sobre tres etnias: la originaria, la afrodescendiente y la europea. Argentina no nació con la llegada de los barcos de inmigrantes europeos”, sentencia.

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[i] En referencia a María Remedios del Valle, mujer negra argentina que combatió durante la Guerra de la Independencia y a quien Manuel Belgrano le confirió el rango de capitana del ejército. En su memoria, en 2013, se sancionó la ley Nº 26.852 que establece el 8 de noviembre “Día del afroargentino/a y de la cultura afro”.

[ii] El 25 de julio de 1992, en Santo Domingo, se estableció el “Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente”, que tuvo como base fundadora el Primer Encuentro de Mujeres Afrolatinoamericanas y Afrocaribeñas. En nuestro país esa fecha comenzó a celebrarse recién en 2010

[iii] Discurso de Soujoner Truth, reclamando la igualdad de derechos: “¿Acaso no soy una mujer? ¡Mírenme! ¡Miren mis brazos! ¡He arado y sembrado, y trabajado en los establos y ningún hombre lo hizo nunca mejor que yo! Y, ¿acaso no soy una mujer? Puedo trabajar y comer tanto como un hombre si es que consigo alimento, ¡y puedo aguantar el latigazo también! Y, ¿acaso no soy una mujer? Parí trece hijos y vi cómo todos fueron vendidos como esclavos, cuando lloré junto a las penas de mi madre nadie, excepto Jesucristo, me escuchó y, ¿acaso no soy una mujer?”.

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