Arte popular y juego serio como acto de rebeldía

Botica Lunar

por Maia Kiszkiewicz

El impulso surgió en un proyecto que combinaba poesía y artes plásticas. Ale Barchini y Bechu Lunar tocaban ahí. Un día tuvieron la inquietud de hacer temas propios, Bechu desde el canto y el ukelele, y Ale con guitarras y voces. Además, convocaron a Tamy Tello Borisovsky para que toque el contrabajo y sume su voz. Ensayaron, revisaron arreglos, vieron cómo fusionar cuerdas y voces y pensaron en grabar un EP. El plan quedó en pausa, como muchas cosas en marzo de 2020, pero el deseo continuó.

El trío siguió en contacto, creando a través de videollamadas, y buscaron un nombre: Botica Lunar. “Es una síntesis de lo que es el grupo. Hace referencia a Bechu, que es la marca de agua. Todas las canciones vienen de ella. Y botica es un reservorio de hierbas y medicamentos, cosas artesanales que tienen que ver con una temática que predomina en las canciones, sobre todo en calmar las horas”, cuenta Ale.

Si algo queda claro en Botica Lunar, es que la identidad de grupo no opaca lo individual. El trío es, en definitiva, un conjunto de personas que decidieron unirse para potenciar la creación. “Hay momentos de soledad y de compartir. Ambos tienen sus potencias. Lo colectivo es enriquecedor, es potente”, dice Bechu. “Yo estuve mucho tiempo tocando sola -dice Tamy, que estudió en el conservatorio y participó de orquestas clásicas-. Pero en lo colectivo la dinámica es otra. Una recibe y aporta. Es enriquecedor”, define la contrabajista. “El hecho de brindarse a un grupo, dar lo mejor que se tiene y recibir las respuestas de les compañeres, permite no enroscarse con el ego”, determina Ale. Y Bechu agrega: “No es lo mismo lo que puede hacer una, uno, con su instrumento que lo que puede suceder cuando dejamos de lado esa cosa narcisista cerrada. Porque cuando desatás el moño se generan otras sonoridades, otras melodías, otras formas de hacer. Tenemos necesidad de encontrarnos”.

Deshojar margaritas
Ya no es para mi
Soy cuerpo y deseo en mi propio jardín
Siembro melodías para existir.

Fragmento de “Margaritas”.

¿Qué tan importante es jugar?

Bechu: Es importante tomarse la música en serio en tanto uno, una, quiere transmitir y compartir lo que sabe y ama hacer. Es un juego en serio.

Tamy: Y tiene que ser dinámico, equilibrado. Jugar permite descubrir, pero también es necesaria la formalidad para sentarse a tocar, tomar clases, tener conciencia y avanzar en cuanto a la técnica.

Bechu: El juego no se tiene que comer la seriedad ni la seriedad al juego.

Ale: Eso implica compromiso. La importancia del juego tiene que ver con lo que más nos identifica como humanos. Vivimos gobernados por algoritmos y cosas programadas por todos lados. El juego es rebeldía.

Te miré noches en vela
Te envolví en la luna llena
Entregué mi voz, mi canto
Lamento desesperado

Cruel, vil y traicionero
Maldigo tu nombre alado
Quién pueda perderse en el tiempo
De tus promesas en falso.

Fragmento de “Canción de odio”

Ustedes afirman que es importante darle lugar a lo diverso porque muchas veces no tienen las mismas posibilidades que las voces hegemónicas. ¿Cómo se materializa esto en Botica Lunar?

Ale: Desde que empezamos se dio una cuestión de horizontalidad en la que cada uno opina lo que quiere sobre letra, música, arreglos. Eso nos da seguridad y convierte al grupo en un espacio seguro para equivocarse y hacer sin miedo.

Tamy: Estamos a la par. Eso da lugar a lo que hace cada uno para, después, generar algo unificado.

Bechu: Y también tiene que ver con los espacios en los que participamos, la forma en la que le damos valor a lo que hacemos. Que haya una buena causa es una forma de pagarlo, pero estar en eventos en los que hay libertad de acceso. Que sea para todes.

¿Por qué es importante el arte independiente?

Bechu: Me jugaría a hablar de arte popular. Expresiones artísticas para todos, de todes, para todas. Un arte que se construye en el deseo, en la necesidad de comunicar, por la búsqueda de transformar la cotidianeidad de nuestras vidas pero no en términos individuales sino sociales. El arte popular es una expresión de los pueblos y de nuestras sociedades que surgen desde los grupos humanos y para todes.

Tamy: Estamos en un momento en el que los grandes medios ocupan mucho y la mayoría de la gente escucha y cree. Me parece importante la pluralidad de las voces para que cada uno pueda expresar. Los barrios populares, la clase media trabajadora. Y cuando escucho arte popular pienso en niños. Es importante que tengan acceso, que se expresen ya sea para tener una carrera artística o pensamiento crítico. Porque a través de la música, de las letras, la poesía, uno puede abrir la cabeza y no quedarse con una sola voz.

Ale: El arte, en general, está capturado por las lógicas del mercado. Me parece importante que exista alguna corriente que intente escapar de esa lógica de la demanda masiva. Eso dignifica al arte.

En una entrevista en Radio Presente, Bechu, dijiste: “El cuerpo es un instrumento vivo”. Quería ampliar esa idea. ¿Qué pasa con los cuerpos cuando se produce música y se la presenta en vivo? ¿Cómo se prepara el cuerpo, cómo queda?

Bechu: La voz cantada necesita entrenamiento. No es lo mismo que la hablada. Y necesita que el cuerpo se ponga a disposición, que esté preparado. Les cantantes somos nuestro propio instrumento. Y en esto aparece lo diverso. Podés estudiar técnica vocal, entrenar, pero nunca vas a cantar igual a otra persona porque no hay voces ni cuerpos ni posturas ni sentimientos iguales.

Tamy: Y es un desafío. Para hacer música y tocar frente a otras personas, tenés que estar en forma y poder ejecutar tu instrumento. Hace dos años, por ejemplo, me agarró una tendinitis muy grande que me lastimó desde la axila hasta la muñeca y la palma de la mano. No podía tocar. Y eso fue, entre otras cosas, porque le di muchísimo al instrumento. Ahora, para balancear, hago yoga y estiramiento.

Ale: Pienso en la práctica en general. Practicar instrumentos, ensayar, es lo que posibilita hacer arte con lo que se tiene. Paradójicamente hay algo muy burocrático de la práctica que termina volviéndose, en la interpretación, algo libre. Y a eso sumarle, también, el momento de la presentación en vivo ante un público.

Tamy: En mis primeros años tocando, temblaba y no podía controlar el cuerpo a la hora de presentarme frente al público. Eso era porque tenía una exigencia enorme.

Ale: Hay algo en el antes, una resistencia. Uno dice no sé qué hago acá, por qué no me quedé en mi casa calentito viendo tele. Porque uno está a punto de exponerse, de hacer un salto al vacío para comenzar un show. Pero después, cuando termina, hay una sensación muy grata de libertad.

¿Para cuándo el EP?

Tamy: Lo estamos grabando. Pensábamos tenerlo antes, pero Bechu pasó por la maternidad y la dinámica entre el trabajo y la maternidad es difícil.

La cantante Sofía Vítola, en 2020, cuando estaba esperando a Miel, su hija, dijo en diálogo con Revista El Bondi: “Siempre tuve el miedo de no poder seguir con lo profesional por el embarazo, pero no me pasó. Trabajé y toqué un montón, hice temas y hasta un video. Hay que resignificar el lugar de la madre, porque si bien existen cosas que sólo nosotras podemos hacer, como gestar internamente a una persona, la crianza es algo compartido con el hombre”. Bechu, ¿qué tanto de esto lo sentís propio?

Bechu: El 100%. Los miedos estaban durante y antes de estar embarazada. Yo tenía el proyecto artístico y el familiar como algo dicotómico y antagónico. Me llevó mucho análisis en terapia resignificar, entender que algunas cosas cambiarían pero que no necesariamente tendría que relegar ni dejar definitivamente.
Pero seguí tocando. En la gestación es una la que pone el cuerpo, y es importante que la crianza sea compartida, tener una red de apoyo para sostener espacios laborales y artísticos. No es fácil. La culpa se juega mucho cuando me voy. Trato de conciliar. Porque para que lo artístico suceda necesito tiempo, y también quiero darle tiempo a la crianza de mi bebé.
A la vez, no vivo del arte. Tengo otro trabajo. Ahí es donde aparecen los conflictos. Y tiene que ver con el sistema capitalista que está pensado para que una sea siempre productiva.
¿Dónde entra el arte en todo eso?

Mandatos arraigados
Sobre la que debo ser
Mujer plena y querida
Por una vaya a saber quién

Tiempos desbaratados
para la desilusión
Mirarme en el espejo
Reafirmarme en la que soy hoy

Que busco en mi reflejo
Y a dónde voy a llevar
Esta tierrita mía
Pa los caminos
Que quiero andar

Qué busco en mi reflejo
Y a dónde voy a llevar
Esta tierrita mía
Florcita agreste, renacerás

Fragmento de “Reverdecer”

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