Centros Culturales porteños en pandemia

Estrategias para solventarse y reclamo al Gobierno de la Ciudad

Agrupados en el Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos (MECA), exigen a la Legislatura la sanción de una ley de emergencia cultural y al Ejecutivo porteño la asignación de un fondo especial de ayuda. Mientras tanto, los centros culturales dan clases online, hacen funciones a la gorra, ofrecen delivery de bebidas y comidas o recurren a las plataformas de reclutamiento de fondos para aliviar sus necesidades más urgentes, como el mantenimiento del espacio o los sueldos de los técnicos y trabajadores. 

«Sabemos que aunque haya una apertura gradual, vamos a ser los últimos en abrir porque la cultura requiere presencia humana y de grandes cantidades de personas, por eso necesitamos la declaración de emergencia pero además presupuesto. Hay algunos subsidios en marcha pero debería haber reasignación de partidas del presupuesto de este año para paliar las dificultades de la cultura», argumenta Claudio Gorenman, integrante del movimiento y del Centro Cultural Matienzo de Palermo.

Al pedido de reasignación del presupuesto 2020 el MECA suma la creación de una tarifa social para los espacios dedicados a la cultura, renegociación de los alquileres y protocolos para la pospandemia claros y accesibles. En el sector no creen que puedan volver a la actividad antes de octubre o noviembre y mientras tanto, recurren a lo que denominan «parchecitos», estrategias para juntar fondos para el mantenimiento edilicio, los sueldos del personal y alguna ayuda a los artistas.

«En abril en el Matienzo abrimos un proyecto de recaudación de fondos en la plataforma Idéame, más que nada para mantener el vínculo con el público. La preventa de entradas es compleja porque no hay muchas certezas sobre las fechas y las obras de teatro o recitales por streaming dependen de que la gente quiera aportar. Hay bandas que traccionan muchos seguidores que pagan por verlos, y otras no. Además el dinero recaudado en ese caso es para los técnicos y los artistas», resume Gorenman.

Los datos están a la vista: en la plataforma de reclutamiento de fondos el espacio recaudó 560.000 de los 300.000 pesos que se había fijado como meta, gracias a la ayuda de 112 benefactores que recibieron a cambio beneficios a futuro, como entradas para obras teatrales o espectáculos musicales, pintas de cerveza, papas fritas y otras comidas.

Otros espacios del rubro apelan por estos días a diferentes estrategias para afrontar sus gastos, como los hacedores de El Mandril, un centro cultural que funciona en San Cristóbal y decidió aprovechar la cocina del lugar para ofrecer comida vegana en el barrio. Sofía «Diamante» Sclocco que es una de los 17 integrantes cuenta que conforman una cooperativa autogestiva que genera obras teatrales, ferias, ciclos de cine o de música y talleres de diferentes disciplinas, pero que desde que comenzó el aislamiento el espacio se encuentra cerrado.

«Obviamente eso trae diferentes consecuencias económicas y culturales también ya que los centros culturales funcionan de manera social para albergar a les vecines que se acercan. Por suerte no nos agarró tan desprevenidos y en este momento podemos sostener el equipo de trabajo y los sueldos pero tuvimos que reformular las formas de trabajo. Nos vimos obligados a refinanciarnos utilizando la cocina del espacio para realizar viandas congeladas y venderlas con un equipo reducido de compañeros con los que las entregamos en bicicleta».

En el espacio de Humberto Primo y Jujuy también realizaron un ciclo de vivos en Instagram que se llama «Mandril en casa» para recaudar plata para el espacio y también para los artistas que los acompañaron en estos años. Incluso comparten las ganancias con el bachillerato popular travesti-trans Mocha Celis.

En tren de multiplicar las estrategias El Mandril organizó talleres para que los profesores den desde sus casas. «La idea es seguir construyendo en red. La salida es colectiva», dice Sclocco y aclara: «Muchos tuvieron que cerrar no solo por una cuestión monetaria de falta de ingresos sino porque estos espacios necesitan ser habitados, necesitan mantenimiento y hay que sostenerlos físicamente».

Con espacios en Almagro y el Abasto la gente del Polo Cultural El Emergente también recurrió al delivery, al igual que el Centro Cultural Planeta, de Floresta. «Por ahora nuestra propuesta es de delivery de bebidas en el día con entrega a domicilio. Pero generamos un mailing con los compradores para que después de la apertura reciban entradas para shows exclusivos, por poner el hombro», sintetiza Gilda, una de las encargadas.

A pocas cuadras, en el 100 de la calle Mazza, Hasta Trilce decidió aprovechar el club de membresía que había lanzado en enero «Comuna Trilce» que por una cuota de 200, 2560 o 300 pesos propone descuentos en espectáculos y comidas cuando abran el bar y restorán. También sumaron una herramienta común en el sector pyme. Así lo cuenta Andrea Bouhier, encargada de programación: «Por ahora hacemos delivery de bebidas y cervezas artesanales del bar y streaming de espectáculos donde se puede colaborar ‘a la gorra’, pero también trabajamos con la plataforma Compra Futura que se presentó para las pymes, para que nuestros clientes pueden comprar cervezas, bebidas, pizzas, picadas o entradas para espectáculos para ayudarnos a subsistir».

Desde San Telmo en el Centro Cultural Tierra Violeta Paola Raffetta explica: «Estamos con el lugar cerrado pero tenemos proyectos que continúan de modo virtual, como uno de fundamentalismos religiosos y población LGBT+ y otro sobre Feminismo y dictadura», agrega y cuenta que lo que viene son talleres de lectura arancelados sobre «El Segundo Sexo», de Simone de Beauvoir y sobre feminismo y ciencia dictados por dos especialistas de renombre: Diana Maffía y Danila Suárez Tomé.

El Centro Casa Brandon le cuenta a sus habitués que ya están ideando la celebración de sus 15 años, después de la apertura de las actividades culturales. Mientras tanto, les piden a los que quieran colaborar un pequeño aporte que puede ir desde los 100 a los 1500 pesos y por el cual los benefactores reciben recompensas que pueden ser un simple abrazo, o calendarios y remeras serigrafiadas.

«No podemos dejar de activar la alarma sobre los impactos nefastos que esto trae en el sustento económico de los espacios y de sus trabajadorxs. Las consecuencias ya podemos verlas con el cierre de 5 espacios culturales y pone en evidencia la precariedad y vulnerabilidad del sector. Pensemos además que hay mucha población del colectivo LGBTIQ que trabaja en estos espacios que tiene un especial estado de precarización y dificultades para el acceso al trabajo, la salud y la educación», describe Lisa Kerner, integrante de este espacio que también pertenece a MECA.

Otros espacios, ya no pueden pensar en lo que viene. «Sabemos y entendemos que la cultura no es prioridad para quienes pueden auxiliar, también que no somos los únicos ni los primeros, pero ha llegado un momento en que no es posible seguir acumulando pérdidas y nos vemos obligados a cerrar con todo lo que eso conlleva», explica un comunicado que el Centro Cultural Freire de Colegiales publicó en su perfil de Facebook para avisar que cerraba.

Télam

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