Conspiraciones y Racismo
por Marcelo Valko[1]
Son al menos dos cuestiones: a) una exterior, la repentina percepción mundial que acusa a la Argentina de racista; b) y otra interior, si el país efectivamente ningunea y niega la otredad considerándola inferior. Cabe preguntarse: ¿qué pasó entre 2022, cuando la selección de fútbol ganó el campeonato en Qatar sin una campaña antiargentina, y ahora, en 2026, cuando el DT y el equipo son prácticamente los mismos? ¿Qué sucedió en la percepción del mundo para que ahora nos vean como un país racista? Algo cambió. La brevedad de este espacio no me permite desarrollar el tema, pero sí mencionar algunos datos que no son aptos para conspiraciones de terraplanistas. Este cambio probablemente se relacione con las directivas y el protagonismo de Milei a nivel internacional, apoyando no solo cuanta bravuconada se le ocurra a Trump, sino, sobre todo, a Netanyahu, acusado de delitos de lesa humanidad por la Corte Internacional de La Haya tras aplastar Gaza, Cisjordania y el Líbano. No hace tanto, el 22/10/2024, la ONU votó una resolución para proteger y promover los derechos de las comunidades originarias; el único país que votó en contra fue Argentina (La Nación 15/11/2024). En marzo pasado, la ONU aprobó una resolución que califica la trata transatlántica y la esclavitud racializada como “el crimen de lesa humanidad más grave de la historia”. Solo tres países votaron en contra: EE.UU., Israel y Argentina. (Infobae 26/03/2026). Cuestiones como estas no pasan desapercibidas en el mundo y, sin duda, por transitividad, terminan salpicando al país que votó a Milei, que se autopercibe “como el presidente más sionista del mundo” (CNN 10/03/2026).
Ahora bien, esto viene de lejos, si advertimos que nuestros manuales escolares comienzan diciendo “Los querandíes habitaban, cazaban y creían…”, es decir, conjugados en pasado; que la deportación masiva de personas de Patagonia y su reparto posterior, reintroduciendo una esclavitud de hecho, la historia oficial la continúa glorificando como Conquista del Desierto; y que reclamos por mínimos derechos laborales en las reducciones de indios de San Javier 1904, Napalpí 1924, Rincon Bomba 1947, por citar apenas tres, se transformaron en matanzas maquilladas por los respectivos gobiernos como Malones de bárbaros asesinos, mucho no ayudan y dan que pensar. Tal como explico en diversos textos con profusión de detalles, las élites borronearon de nuestra historia a los afros libertos que integraron mayoritariamente nuestros ejércitos revolucionarios, tanto los de Castelli como los de Belgrano y San Martín. Nos encontramos con un problema que nos afecta, como ocurre en países centrales como Francia o Gran Bretaña. No olvidemos que en los ’60 un joven afro podía morir en Vietnam, pero no entrar a un baño en Alabama. Afortunadamente, existen avances que no temen advertir que habitamos un país pluricultural; quizás estos avances comprensivos no suceden con la rapidez deseada, pero son avances al fin. Es lento, pero viene…
[1] Docente, investigador, autor entre otros de El Malón que no fue, Pedagogía de la Desmemoria, Esclavitud y Afrodescendientes y Los indios invisibles del Malón de la Paz.
