Crónicas VAStardas

Volver, o eso dicen

por Gustavo Zanella

Ultima fila de asientos, contra la ventanilla. Campera de Deportivo Laferrere. Gorro de Argentina. Tiene tatuada una garra enorme en la parte izquierda de la cara. Habla una mezcla de guaraní con castellano sin eses. Tendrá unos 40 mal acomodados. Habla con otro que está igual pero sin tatuaje. Tiene barba de varios días y ojeras. Va con un nene, de unos 10 u 11. Parece el hijo porque los dos tienen puesto el mismo equipo de gimnasia de deportiva y solo los padres son tan ridículos como para hacer algo así. El nene mira fijo un celular en el que juega a algo y tiene un par de auriculares con cable. Parece que escucha lo que se dice alrededor, porque cada vez que habla el tatuado mira al cielo como si soportara un calvario. Hablan sobre albañilería, fútbol y las tetas de Florencia Peña en el Bailando. El tatuado dice que hace muchos años la veía en un programa cuando ella era chica y que a pesar de que la tele era en blanco y negro una vez le pasó la lengua al tubo, que ni cuenta lo que hizo cuando vio su video hot. El nene se caga de risa. El tatuado enrojece.

Junto a ellos completan la fila de asientos Cora y Corina. Son iguales a pesar de que una le debe llevar a la otra 20 años. No son madre e hija. Tienen pinta de ser tía y sobrina. Cora debe andar por los treinta y pico de veranos, morocha, campera Michelin y los dedos llenos de anillos. Corina, cincuenta inviernos, rubia oxigenada, tirando a naranja. Viajan juntas por lo general. Van hasta Consti. Corina tiene tono guaraní, como el tatuado, pero más claro. Se nota que hace rato vive por acá. Son morochas. Tienen la piel curtida de sol.

Las dos mujeres hablan de política. La joven le pregunta a la mayor a quién votó. La otra le contesta que a Vidal. Cora la increpa:
-Pero si vivís quejándote que no te alcanza y la votás a esa!
-Es que va a volver Cristina y se va a vengar. Y así no termina más.
-¿Cuántas veces te fuiste a Paraguay con Cristina? ¿Y con éste?
-Es que con ella no podía comprar dólares, nena.
-Ahora tampoco podés, porque no te alcanza, boluda.
-No me digas así, nena. Si igual todos te van a cagar.
-Yo prefiero que me cojan con forro y la panza llena.
– Sos una guaranga. Igual a tu padre.

En el metrobus del 29 el tatuado, el tipo y el nene se paran para bajar. Primero lo hace el tatuado, luego el otro. Antes de bajar, el nene se da vuelta, mira a las dos mujeres y les dice con una sonrisa:
-Viva Perón, doña, volvemos – y les hace la V.
Las mujeres quedan desconcertadas.
Abajo los otros felicitan al pibe, que así se hace, le dicen.

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